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En peligro el templo de Teresitas

Por: Ana Karina Vázquez Bautista

El templo de Teresitas, construido hace más de 200 años, se encuentra en condiciones alarmantes al presentar grietas y murales casi despintados. Sin embargo, se requiere la aprobación y recursos del INAH para labores de mantenimiento.

La historia se desdibuja con el deterioro de los inmuebles patrimonio de la humanidad. Los edificios que lo conforman presentan graves deterioros, como es el caso del tempo de Teresitas, ubicado en la calle de Reforma 46, a pesar de que el Centro Histórico de la ciudad de Querétaro fue declarado patrimonio cultural de la humanidad en 1996 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, (UNESCO, por sus siglas en inglés).

El templo de Teresitas tiene más de  200 años de antigüedad, el inicio de su construcción data de 1807. Tanto los planos como el proyecto de decoración para el templo y convento de Teresitas son de Francisco Tresguerras y Manuel Tolsá, importantes exponentes del estilo neoclásico que se expresa en las columnas del templo.

Benjamín Vega, sacerdote del  templo de Teresitas, apuntó que entre los deterioros más graves, se observa una grieta que parte desde el techo, además de que el coro alto presenta una ondulación atípica:  “se ve  el coro pandeado, yo que lo veo todos los días de frente, siento que poco a poco se dobla cada vez más. Eso para mí es una señal de que algo está difícil, peligroso. Son construcciones muy nobles, pero hay que hacer caso a las señales que nos dan”.

El sacerdote reconoció que el deterioro es normal con el paso del tiempo y además es algo visible en la mayoría de las construcciones del Centro Histórico de la ciudad.

Señaló que debido a las filtraciones y goteras que hay en las paredes y partes altas, se ha visto un deterioro grave en pinturas murales del coro alto, y del salón de los apóstoles. Las obras ahí presentes son originales, sin embargo “son monumentos en los que entran mucho el INAH y el gobierno, nosotros poco podemos hacer. Yo he estado tentado a arreglar las pinturas del salón de los apóstoles, que me da pena verlas, pero siempre necesito avisar, que me den el visto bueno, y, sobre todo, apoyos”. En este momento se está trabajando con la Facultad de Bellas Artes para evaluar y gestionar la restauración de  pinturas murales.

Respecto a la intervención del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y de entes gubernamentales, expresó que “se necesita cariño a las cosas, saber que esto es muy valioso en muchos sentidos”.  Asimismo, indicó que mucho del trabajo de restauración que se ha hecho desde hace cinco años, cuando él llegó al templo, proviene de administraciones federales que en ocasiones han suspendido las obras supuestamente por falta de presupuesto. Se dijo dispuesto a buscar recursos y colaboraciones,  como miembro de la organización religiosa que ocupa el espacio.

 

Hay más edificios afectados

Sergio Rivera, coordinador de la licenciatura en Restauración de Bienes Muebles impartida por la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ),  refirió que a pesar de que en las presentes administraciones municipal y estatal se ha anunciado que se destinarán recursos para éste ámbito “el patrimonio es como ese pastel que se lo come el más glotón, y a veces ese glotón es el gobierno, a veces es un particular, y a veces son las propias asociaciones religiosas que han hecho lo que sea para conservarlas, pero finalmente lo que ha pasado es que lo han segmentado, fragmentado, dañado incluso.”

Advirtió que la situación de deterioro y la “mutilación” de edificios históricos es algo que se puede ver en muchos otros edificios del Centro Histórico: “La Cruz, El Carmen, San Antonio, una parte de su convento es de unos particulares. El ejemplo de Santa Clara, en el que templo es una parte mínima del conjunto conventual que fue, las bóvedas se cayeron, aún queda una completamente derruida, es una pena, no se ha hecho nada.”

Reconoció también que dentro de las facultades que les confiere le ley, las asociaciones religiosas “han hecho una labor muy importante de conservación, porque prácticamente lo hacen con el propio recurso, obviamente, viven de él, tienen que conservarlo, tienen que hacer labores de resguardo, como son bienes nacionales la obligación de conservarlos es de la nación, pero no siempre la nación y sus recursos son suficientes para conservar tanto patrimonio.”

Respecto a los casos en los que las restauraciones hechas por personas no especializadas no han sido lo más pertinente, destacó que debido a esto, actualmente, la diócesis de Querétaro ha formado una comisión de arte sacro. En esta comisión participan el INAH y la propia Facultad de Bellas Artes de la UAQ, quienes ya han intervenido algunas obras.

Los edificios de interés público deben de estar en manos de la autoridad

En el contexto del anuncio de la venta del Teatro de la República por parte de la Junta Josefa Vergara, la cual es propietaria del recinto, Rivera advirtió que “lo deseable es que aquellos edificios que son de interés público estén en manos de la autoridad, pero nunca ha sido así”. Hay que recordar que esto es producto de una situación histórica, la aplicación de las leyes de Reforma en 1857 que “prácticamente fraccionó el patrimonio cultural del país, vemos edificios en donde el templo está ubicado en una parte y que su administración está a cargo de la asociación religiosa y la parte del convento es un lugar donde venden salas, o la parte de la huerta es un estacionamiento que también es privado”.

Esto no sucede en Querétaro solamente, hay que irnos a San Miguel de Allende, el caso del tempo de San Francisco, igual, la parte superior del convento está bajo el resguardo de los frailes, y la parte de abajo es de un particular, la parte de la huerta también es de un particular que lo arrienda para estacionamiento; esas son las cosas disímbolas del país, tenemos un legado histórico que tiene que ver con el despojo de la vocación inicial de los edificios, usted también ve edificios.”

El edificio del teatro “Esperanza Cabrera” y los alrededores está ocupado por la Facultad de Bellas Artes desde hace 60 años, sin embargo, el título de propiedad está a nombre de gobierno del estado. Rivera indicó que en este caso, el hecho de que no esté reconocido como propiedad de la Universidad ha obstaculizado las labores de conservación y restauración, pues les imposibilita la obtención de recursos: “¿qué va a pasar con el inmueble? ¿Quién lo va a restaurar si finalmente no es nuestro? Y si no es nuestro, ¿quién nos va a dar el documento que avale que nosotros estamos pidiendo el apoyo?”

En cuanto al valor de estos edificios, tanto Rivera como Vega coincidieron en que va más allá de las declaraciones oficiales que involucran cuestiones de beneficios económicos como el turismo, y de la estimación religiosa, puesto que en ellos están presentes elementos artísticos e históricos que contribuyen a al reconocimiento y a la identificación de nuestra cultura: “a través de ellos nos podemos leer a nosotros mismos, es como nos podemos recrear en el pasado, son vestigios de eso que fuimos y que ahora somos. No debemos ser soberbios, nada de esto nos pertenece. No nos debemos acabar esto en esta generación, debemos heredarlo con calidad a las futuras.”, enunció Rivera.

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