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Falta de diversidad de árboles perjudica a zona metropolitana

Cambios de uso de suelo no deben ser excusa para eliminar vegetación, consideró Guadalupe Malda Barrera, catedrática de la Facultad de Ciencias Naturales, quien advirtió que “los pulmones de la ciudad no son suficientes”

Por: Estefanía Elizondo

Si la zona metropolitana de Querétaro tuviera una gran diversidad de árboles, se evitaría la propagación de plagas como la que se presentó en la colonia Obrera hace dos años y que detonó la presencia del mosquito del dengue, advirtió Guadalupe Malda Barrera, ex coordinadora de la Licenciatura en Biología y especialista en estudios de aprovechamiento de flora.

 

Entrevistada previo al Día Mundial del Árbol (28 de junio), la catedrática universitaria exhortó a que cuando se hagan cambios de uso de suelo (Tribuna de Querétaro 666 y 668), las autoridades tengan “conciencia” y procuren preservar la vegetación que ya está.

«Los pulmones de la ciudad no son suficientes para abastecer a la mancha urbana», expresó Malda Barrera, también catedrática de la Facultad de Ciencias Naturales, quien enfatizó que la presencia de áreas verdes está limitada y por lo tanto es insuficiente para el crecimiento de la zona metropolitana de Querétaro.

«Lo que se sabe en cuanto al intercambio de gases como el bióxido de carbono, es que las emisiones que emana la ciudad de toda la actividad como tal, superan por mucho la posibilidad de captura de carbono que hace la vegetación», añadió.

La especialista resaltó que la sustitución de la vegetación con cemento, asfalto y construcciones, provoca que se modifiquen las condiciones de cambio energético y se originen altas temperaturas, ocasionando el llamado efecto de islas de calor.

«Dentro de la ciudad hace más calor que en zonas aledañas, limitando mucho la presencia de cierta diversidad de fauna. El efecto de calor es más fuerte en zonas donde la densidad de construcciones es muy alta y prácticamente no hay áreas verdes, se incrementan las plagas como la de la colonia Obrera –de las más pobladas– hace dos años, aproximadamente, con la presencia del mosquito del dengue».

La integrante del cuerpo académico “Biología y aprovechamiento de la flora y microorganismos” consideró que una medida para evitar la propagación de plagas es tener una gran diversidad de árboles, «no es lo mismo tener una ciudad con dos o tres especies, puros eucaliptos, jacarandas, ficus, a que haya el mismo número de árboles pero de diferentes especies».

«Si tenemos el cuidado de mantener una diversidad más amplia, puede ser más eficiente la función de estas especies dentro del ecosistema citadino. Esto también ayuda a que se controlen casi automáticamente los efectos negativos de plagas, enfermedades que disminuyen la función de la arbolada de la ciudad».

Con respecto a los árboles que quitan las autoridades y que sustituyen por otras especies o por las mismas pero más jóvenes, debido a la realización de obra pública dentro de la zona metropolitana, la académica hizo un llamado a “conservar lo que ya está” de vegetación cuando se hacen cambios de uso de suelo.

«No es lo mismo sustituir un árbol con cierto vigor, cierta edad, eficiencia fisiológica que repercutirá en su aporte al ambiente, que un árbol recién propagado de vivero que requiere de mayores cosas para poder alcanzar la talla y condiciones del árbol que estamos sustituyendo. Ahí ya estamos perdiendo”.

«Hay que comenzar a hacer conciencia de que si vamos a comenzar a modificar el uso del suelo para fines de ampliar el área urbana, en lo posible conservar lo que ya está. Es muy fácil decir que se puede solucionar el tema de la reforestación en la ciudad, pero hacerlo realmente está muy complicado porque implica un cambio total de concepción de las cosas”.

“Siempre nos vamos por el camino más fácil, queremos borrar todo y hacerlo a nuestra manera en lugar de adaptarnos».

‘Cerro de las Campanas, Alameda Hidalgo y Huertas La Joya, refugios de aves nativas’

Malda Barrera puntualizó que estudios hechos por estudiantes de la Facultad de Ciencias Naturales dan como resultado que una de las consecuencias de este fenómeno latente en la ciudad, es que en zonas como la de Huertas La Joya, la Alameda Hidalgo, o el Cerro de las Campanas, se vuelven refugios de aves nativas y de algunos otros animales.

«Esto es consecuencia de que sus ambientes naturales circundantes a la misma ciudad se están degradando y es uno de los efectos que apenas estamos identificando», añadió.

Esta degradación debe verse más allá de los árboles grandes, pues las personas olvidan que especies como los huizaches, granjeno, o la planta siempreviva también son árboles y no les toman la importancia debida.

«Si incluimos estos arbustos, tendríamos 30, 40, especies que estamos perdiendo localmente, y esto engloba también la pérdida de formas de vida».

El mismo problema de desconocimiento también se refleja al momento de reforestar. Guadalupe Malda Barrera consideró importante ejecutar una reforestación con conocimientos, planeación y control, necesita de un «cambio en la forma de ver y de construir e incluso de la forma de nuestros hábitos comunes y eso es lo más complicado de modificar».

«Se puede estar reforestando en áreas urbanas pero si no se hace con planeación y conocimientos, son esfuerzos inútiles. Si no se saben cuáles son las mejores especies, cómo hacerlo, en dónde ponerlas, a veces puede resultar sin ningún beneficio».

«No existe la concepción de un área verde urbana que cuente con otras especies que no sólo sean ornamentales o para tener una sombra. Tener un fruto ahí disponible que no es de nadie pero no es de todos, se trata de una conciencia más comunitaria. Más allá de un conocimiento biológico, se incluyen cuestiones antropológicas, sociales, psicológicas, que deben contribuir a resolver este problema», finalizó.

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