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Franeleros: detestados por partida doble

Los comerciantes exigen su regularización; los policías e inspectores los hostigan

Por: Noé Girón

La problemática que gira en torno a los llamados “franeleros” en el Centro Histórico está lejos de terminar: mientras los comerciantes aseguran que a partir de los operativos del Municipio la delincuencia disminuyó hasta un 60% en la zona, dos hombres que se laboran en las calles y “franelean” en la zona denunciaron que las detenciones de los inspectores y policías contra ellos son arbitrarias y van acompañadas de agresiones físicas.

“Nos hemos fijado que ellos (los franeleros) saben todos nuestros movimientos, pueden dar mucha información de nosotros, independientemente del crimen. Si deciden meterse a robar, ellos saben a lo mejor a qué hora sale mi compañero a depositar, como están ahí las 24 horas del día… Muchos viven en la calle, se paran ahí y empiezan a franelear”, advirtió Alfredo Serrano Valdés, dirigente de los comerciantes del Centro Histórico de la capital.

El entrevistado consideró que los “franeleros” presuntamente se habían convertido en “halcones” de la delincuencia, es decir, avisaban a los delincuentes dónde y a quiénes se les podía cometer un delito.

“Hay muchas cosas alrededor de todo eso, hasta ellos están vigilando a qué horas van a llegar. Los “Rompeparabrisas”, eso sí te lo puedo asegurar, tienen un contubernio (con los franeleros) para llegar, romper parabrisas y llevarse todo lo que hay dentro del coche”, refirió.

Las denuncias de comerciantes de la zona, respecto al aumento de la inseguridad y robos con violencia —principalmente en avenida Zaragoza, en donde en menos de un mes hubo más de siete robos a comercio (Tribuna de Querétaro 714)—, provocaron la reunión con autoridades y la exigencia de que éstas implementen acciones al respecto. La primera medida fue retirar a los “franeleros” y “limpiaparabrisas”.

Alfredo Serrano aclaró que si bien ellos apoyan el programa para quitar a los franeleros, no se oponen a que éstos trabajen; lo que ellos buscan es que se les regularice y se sepa “quiénes son los que están trabajando”.

Asimismo, describió cómo la zona que se encuentra entre la calle de Vergara y el mercado Escobedo se había convertido en un sitio “peligroso”.

“Ahí había franeleros, prostitución, venta de drogas y eso. Había ambulantaje y todo lo que era el “teporochito”, el que se andaba peveceando ahí. Vuelvo a lo mismo: Creo que todos necesitamos un trabajo digno, pero siempre regulándolo. Si tú le dejas a la gente que haga lo que quiera, esa calle ya era un caos.

“No faltaba que insultaran a la chava; si ibas con tu novia, no faltaba que le faltaran al respeto; las señoritas que pasaban por ahí, igual. Para la gente que trabaja aquí era muy complicado pasar ahí ya; después de las 9 de la noche, las señoritas tenían que pasar acompañadas de alguien, porque ya era muy complicado.

“Entonces sí ha bajado mucho (la delincuencia), quedó muy limpia en esa calle. Nosotros lo exigimos porque ya habíamos visto que había un desbordamiento muy grande, ya los chavos se iban a pelear ahí, se llegaban a pelear por el lugar. “Éste es mi pedazo, éste es el tuyo”; todo eso, sin querer, generaba mucha violencia ahí y se ponía esa calle muy tensa. Hoy puedes llegar y estacionar tu coche sin ningún problema”, destacó.

El titular de la Dirección de Inspección Municipal, Fernando Goyeneche, dijo que durante el operativo contra los franeleros se ha logrado retirar a alrededor de 70 personas dedicadas a esta actividad.

Franeleros son acosados por policías

En avenida Zaragoza, frente a la Alameda Hidalgo, aún se puede observar a un par de “franeleros” mientras resguardan lugares y esperan a que la gente se estacione, para ofrecer sus servicios. Jorge es uno de ellos. Viene de Amealco de Bonfil y mientras agita su franela relata cómo su hermano fue uno de los detenidos en el operativo

“A mi hermano se lo llevaron al Ministerio Público, me dijo que él estaba trabajando tranquilo y que se lo treparon, y estando allá le dijeron que les diera 300 pesos para que lo soltara, pero él se guardó bien el dinero y les dijo que prefería comer y quedarse ahí que darles su dinero. Después de que lo soltaron, se regresó al rancho y dice que ya no vuelve”.

A Jorge, los policías lo han amenazado en varias ocasiones diciéndole que se lo van a llevar por andar franeleando, por eso ahora es más cuidadoso y cuando ve las patrullas se guarda la franela o se mete a los puestos de la Alameda.

Del otro lado de la calle, Erick guarda su bote al ver que una patrulla se acerca. A él lo detuvieron un mes antes, pero no lo llevaron al M.P., sino que lo trasladaron a un predio en donde presuntamente los policías lo agredieron físicamente. Erick muestra una cicatriz de unos 4 centímetros en la parte central de la frente, suturada con puntadas.

Según Erick, los policías le quitaron 400 pesos y un celular aquella noche.

“Me dirigía a mi casa allá en doctor Lupe, ahí en San Pancho (barrio de San Francisquito). Iba saliendo de trabajar con dirección a mi casa. Lavo carros aquí en la esquina de Vergara y Zaragoza, enfrente del Elektra. Iba saliendo e iba para mi casa a ver a mi señora y en eso se pararon dos patrullas y me subieron ahí, enfrente de la fuente de la Alameda.

“Me llevaron a un terreno que está ahí por Constituyentes, no me acuerdo bien dónde, pero está al final. Me iban pegando. Ahí me dejaron, me patearon la cara, me esposaron y, pues, esposado, me patearon la cara y me rompieron la mandíbula de la patada que me dieron”, señaló.

Erick denunció que todavía sufre molestias al comer y que no puede abrir por completo la boca. Asimismo, insistió en que los policías que lo golpearon ya le habían dicho en varias ocasiones que se no podía “franelear” en esa calle.

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