Hñäñho: Ignacia Pérez, una hablante que se interesa en aprender a escribirlo

Ignacia Pérez Téllez es originaria del Barrio Sexto de Santiago Mexquititlán. El hñäñho es su lengua materna y lo ha usado toda su vida para comunicarse en su lugar de origen, pero desconoce la gramática para escribirlo porque solamente suele aprenderse oralmente.
El Instituto Municipal para Prevenir y Eliminar la Discriminación (Inmupred) ofreció el Primer curso básico de hñäñho para aprender a pronunciar y escribir la lengua, una amiga de Ignacia Pérez le contó de la convocatoria y debido a que ella tenía interés en saber escribir su lengua materna, asistió a todas las clases.
“Lo que pasa es que yo cuando empecé a hablar, obviamente me hablaron en otomí, bueno en la lengua, pero poco a poco fui aprendiendo así, escuchando. Entonces, lo que yo quiero aprender es cómo se escribe”.
Ignacia Pérez trabaja en mantenimiento en las oficinas del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) en Querétaro. Tiene 25 años de radicar en la capital del estado. Últimamente habla poco el hñäñho, porque, aunque no le ha tocado ser discriminada por esa razón, menciona que ha notado que en algunas dependencias “se te quedan viendo o no te entienden lo que tú quieres explicarles” y “se fastidian y ya no te hacen caso”.
3 municipios concentran hablantes
En Querétaro, 31 mil 383 personas mayores de tres años hablan alguna lengua indígena y aproximadamente siete de cada 10 son hablantes del otomí, según el censo de población y vivienda del año 2020, que realizó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
Los tres municipios que tienen mayor número de hablantes de otomí son Amealco de Bonfil con 11 mil 594 personas, Tolimán con 5 mil 415 personas y Querétaro con 2 mil 178 personas. Mientras que los tres con menor número de hablantes son Pinal de Amoles con ocho personas, Landa de Matamoros con cinco personas y Arroyo Seco con sólo dos personas.
El otomí se divide en nueve variantes, pero en la entidad predominan dos en el noroeste: en la zona baja, el hñäñho de Santiago Mexquititlán y el hñöñho de San Ildefonso, Cadereyta y Tolimán, según el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali).
La importancia de hablar en hñäñho
Ignacia no les enseñó a sus dos hijos a hablar en hñäñho por miedo a que sufrieran actos de discriminación, lo que hace que no convivan con su abuela que vive en Santiago Mexquititlán, porque ella no habla ni entiende el español.
“Cuando les hablo trato de decir unas palabras (en hñäñho) pero me dicen ¿Qué es eso? Y les repito en español y no me dicen que quieren aprender. Antes el grande se enojaba cuando hablaba así el otomí y me decía ‘¿qué es eso? háblame bien'».
Al tomar el curso, Ignacia Pérez reafirmó la importancia que tiene la variante del otomí que habla, porque ella se encargaba de pronunciar con precisión las palabras. Eso le llevó a pensar: “bueno si yo sé hablar, ¿por qué no lo quiero hablar? si otras personas que no saben quieren aprender”. Aún tiene en mente aprender más de la escritura, sólo espera que el trabajo y los quehaceres del hogar le dejen tiempo para continuar con la práctica.



