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“Individualismo laboral” daña más al trabajador que el outsourcing

Por Luz Marina Moreno Meza

En el siglo XXI se ha acentuado el “individualismo laboral”, situación que ha conducido a que los trabajadores ya no consideren a sus compañeros como colegas y permitan todo tipo de humillaciones y afectaciones a la dignidad humana, advirtió Danièle Linhart, del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS, por sus siglas en francés) de Francia, al participar en el Coloquio internacional “El trabajo bajo tensión: debates contemporáneos sobre la recomposición del mundo laboral”.

De acuerdo con Linhart, la colectividad laboral se ha ido perdiendo porque se carece de solidaridad entre compañeros al momento de que algún trabajador presenta alguna enfermedad. Así, las redes de ayuda y la transmisión del saber hacer se sustituyeron por una interpretación colectiva de la explotación, de lo injusto y lo inaceptable.

Al intervenir en el panel “Reorganización en el trabajo: subjetividad y resistencias”, llevado a cabo el jueves 10 en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía, la investigadora francesa manifestó que los outsourcings son medidas que conforman “la precarización del trabajador”, debido a que buscan el control “total” de los empleados, con la premisa de que quitándoles su autonomía lograrán mayor eficacia.

 

“La precarización del trabajador” ha traído como consecuencia la tensión laboral que se encierra en un miedo por parte de los trabajadores franceses de no ser suficientes (aptos) para el trabajo.

 

Ante esto Linhart se planteó una pregunta “¿Vale la pena poner a la gente bajo tensión?”, su respuesta fue sí, ya que la gente de esta manera cumple con la productividad asignada, debido a que posee miedo de perder su empleo y de dañar su imagen y dignidad.

“Trabajo para mí y para mi empresa”

Las movilizaciones sindicales que se dedicaban a hacer conciencia política, con el efecto de la dominación capitalista, se han reemplazado por un individualismo y con ello se han suscitado dos interpretaciones que incurren en la personalización de la percepción del sufrimiento.

La primera interpretación consiste en el hecho de: “yo sufro porque no soy apto para mi puesto” (trabajadores que sufren) y la segunda conjuga la idea de que existen colegas que desean el puesto ajeno; sin embargo, estas dos se han olvidado de los intereses políticos y empresariales.

En relación a lo presentado por Danièle Linhart, en Francia existe un aspecto estudiado: el narcisismo empresarial, concepto que expone que las industrias le advierten al trabajador que ellas son las mejores y que son demasiado exigentes, ajeno a esto, insinúan a los empleados que gracias a ellas, éstos podrán alcanzar sus sueños.

 

Esta estrategia se ve sobre todo en los jóvenes y les genera una interiorización laboral, “trabajo para mí y para mi empresa” y por lo tanto ya no consideran a los demás trabajadores como colegas.

 

Además, añadió, la globalización ha fomentado el ejercicio de un trabajo mecánico y masificado, enfatizado en la competitividad y no propiamente en la productividad.

 

La investigadora francesa apuntó que la globalización dentro del campo laboral ha tomado formas distintas, proyectadas en los objetivos personales de los trabajadores, en los salarios y en el desfase de horas laborales (reflejado en la carencia de un horario establecido para comer, o en uno para descansar).

 

“El trabajo ha evolucionado a algo más industrial”, señaló, a un desempeño más exigente que solamente beneficia a las organizaciones.

Para finalizar, dijo que el trabajo se ha enfocado al otorgamiento de servicios (sector terciario) y a laborar de una forma más rentable, por lo que se busca economizar la fuerza de trabajo.

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