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INSECTOS Y RUMORES EXAMINADOS

Por fin —mayo y junio—  se llevan a cabo nuevamente los exámenes de Actuación de la FA-UAQ en el escenario y frente al público, aunque sea el constituido por familiares, amigos y maestros en una significativa proporción. (No cabe excluir espectadores atraídos por el interés y la curiosidad ante incipientes intérpretes que han cuajado en gratas y ascendentes realidades.) De hecho quienes solemos ocupar las plateas todavía flotamos en una especie de limbo sin sabor a ‘normalidad’. Estoy resintiendo ‘la nueva’, continúo siendo un ‘antiguo espectador’ que requiere del programa de mano para un más interesante y agradable seguimiento de intérpretes y personajes, peor aún, preferiblemente impreso…, el código QR permanece en el ámbito de los garlitos de la magia y la brujería.

Empecé por conocer mínimamente a quienes actúan por última vez como estudiantes y a quienes por tal razón les ha correspondido tradicionalmente el teatro Esperanza Cabrera. Los localicé ‘por no dejar’, ‘a ver si ya habían regresado’ como la generalidad de los estudiantes a las aulas. Es decir, nada, por lo menos suficientemente visible, los anunciaba. ¡Ah, sí!, …alcancé media entrevista en un programa vespertino de Radio UAQ… sus medios datos los complementé con la experiencia conocida de octavos semestres anteriores. Se trató de “El juego de los insectos”, de Karel Capek.  El inicio del montaje, presentado en el vestíbulo del Teatro Esperanza Cabrera, muy poco lo pude ligar con en desarrollo en la sala una vez abiertas el par de puertas. De tal comienzo entendí que se materializaría una preocupación científico-ecológica en pro de la vida en armonía con la naturaleza. Me engañé. En el interior sucede una algarabía por parte de una colectividad y despreocupada  —quizá como las mariposas al abrir las primeras flores primaverales—  por cualquier cosa que no sea el gozo de ‘la vida loca’ hasta el agotamiento de su desenfrenada energía, hasta que el sistematizado progreso mete a esta muchedumbre ‘en cintura’, cual piezas anónimas de un continuum desesperanzado y anodino. La falta de idoneidad acústica del recinto bien hace lo suyo y mucho escapa la nitidez de los parlamentos. Para cuando logro escuchar a la pareja de grillos y a los hormigos ya me he resignado a ‘leer’ la gestualidad y así derivar una significación del suceder dramático de trazo muy sencillo. Mucho me ayudó al entretenimiento la simpatía personal de dos actrices  con sus bien cortados y puestos vestidos escarlata; los esfuerzos del escarabajo y la escarabaja transportando su bolota de caca; la grillo frotándose las patas mientras carga, fatigándola, su preñado vientre. La enérgica disciplina sumisa y demanda de aplicación por parte de los hormigos no deja de animar repudio a la abusiva exigencia supervisoria laboral. El ritmo, la energía, la continuidad, sin excluir la platea, hacen llevadera la sordera asumida involuntariamente, incluso para el discurso final más o menos empatable y emparentable con la “Fábula de la hormiga y la cigarra”, de Esopo, “Metropolis”, de Fritz Lang, “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley  y “The Wall”, de Pink Floyd.    

A “La rosa tatuada” como que ‘no le dieron el golpe’ en su montaje los integrantes del 4° Semestre Matutino. Es decir, no pesa este tatuaje ni la rosa con significación alguna, en la trama dirigida por Víctor E. Sasia F. que presencié en El Jacalón de la FA-UAQ  el 24de mayo. La fidelidad conyugal, la viudez inesperada y la posibilidad de la recuperación de la plenitud conyugal constituyen una trama muy poco influida o determinada por tal tatuaje, es más, éste pierde total interés en favor de la superación y compostura individual y social de la viuda, la posibilidad de abandonar tal condición por propia voluntad y no por el hostigamiento morboso que padece. En verdad la trama apuntada deviene más atractiva que conocer la razón y/o justificación del título dado por el dramaturgo Tennessee Williams que bien retrata un costumbrismo castrante e impositivo. ¿Por qué católico, por qué italiano?, queda a las filias, fobias, fijaciones y turbaciones del autor, porque la religión  —su práctica y observancia—también es obsesiva y castrante, por ejemplo, con los dramaturgos Arthur Miller e Ingmar Bergman, sin ser católica ni en contextos latinos. Metido en fijaciones, con la debida efemeridad escénica, apuntaré a Jimena Quijano dándole muy verosímil vida a la joven viuda y costurera apegada a la religiosidad, personaje que en los ámbitos doméstico y comunitario constituye el eje de la trama, sobre todo en cuanto a reponer su vida conyugal sin melodramatismos efectistas e impidiendo o defendiéndose de entrometimientos. También cabe destacar a Daniela Sosa con dos de sus tres personajes enormemente disímbolos: una graciosa niñita de coletas y paleta y una provocativa coqueta caza-maridos.  

Quien se haya encargado de la escenografía de “Rumores”, en El Jacalón, seguro la va a hacer en el Teatro. Para que se vea guapo y con tal arreglo resulte funcional ese espacio se ha de ser muy creativo, además de contar con una capacidad para la realización poco frecuente y muy codiciable. Dadas las características bizarras de ese espacio, la escenografía del  4° Semestre Vespertino predispone positivamente a lo que venga, al escuchar «comenzamos». Las caracterizaciones continúan elevando el ‘crescendo’, sobre todo cuando la primera presencia es la de Brenda Gil como Chris Gorman. En verde y oro, la elegancia de la siguiente invitada, Claire Ganz  contrasta muy bien con la belleza de la invitada que ya se encuentra en la casa de los anfitriones que nunca vemos. La acompaña bien la apariencia cómica de Leonard Ganz con su peinado de raya en medio y puntas enroscadas sobre los extremos de la frente, cual músico antiguo. Pero la presencia cómica que pasa al Cuadro de Honor es la de Ernie y Cookie Cusack y ahí se reafirman a lo largo de su desempeño que incluye privada cariñosidad. Sus incidentes y accidentes, como la esporádica limitación músculo-esquelética de Cookie, similar a la de una cochinilla sobre su lomo, con una exacta exageración son muy disfrutables. Su contenido devaneo amoroso de sugerencia lésbica mete mucho al espectador en la complicidad y entendimiento de pareja. Las entradas al tocador, oculto al espectador, son toda una faena y cadena de discordias. Sin embargo el vuelo en el acierto de sorprender y agradar con las caracterizaciones previas no desciende ni pierde aliento. Una elegante, guapa y primorosamente enjaezada joven esposa, Cassie Cooper, con la sangre más o menos espesa, contrasta con un desatinado marido, Glenn Cooper, que no encuentra votantes, menos la manera de contentar a su voluntariosa pareja, que ‘está de muelas’: quiere lo que no hay, sin importar qué sea; si no lo hay, por eso lo quiere. ¿Alguien recuerda al futbolista ecuatoriano Ítalo Estupiñán?, pues Andrés Esquivel le dice: ‘Quítate que voy yo’. Cierra el concierto de parejas un personaje disparejo… lo es porque en el montaje del 4° Semestre Vespertino la inspectora-policía no tiene pareja, al menos haciendo presencia, cuando el texto original está marcado lo contrario, también en género.  Igual licencia se toman estos estudiantes con Ernie Cusack.

El agravamiento del herido que nunca vemos empeora muy bien la reunión social que muy poco cumple con la celebración del aniversario de boda de los anfitriones. Otros incidentes, como la falta inesperada de servidumbre, un choque automovilístico, dos explosiones una en la cocina que tampoco nunca vemos, hacen de “Rumores”, de Neil Simon, una olla exprés de la que se salva la inspectora, a quien una exposición de hechos investigados le provocan la urgencia del marido para aliviar la calentura suscitada. A no dudar, un buen tramo del entrenamiento de “Rumores” está en la carga imaginativa impuesta al espectador. En escena vemos siete personajes, pero hemos de imaginar un herido, quizá suicida, personal doméstico, a la esposa del herido, un médico; también la recámara donde yace el herido, una cocina con horno, un cuarto de baño y dos automóviles de lujo, uno chocado. Todo esto muy probable en el arsenal de imágenes y situaciones facilita estar intelectualmente ocupado y alerta. A estos “Rumores” le sería muy promisoria una temporada mercantil.

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