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La Sierra no olvida, dos años y contando. (Parte 4)

Reuniones cada 17 de mes, «una tomada de pelo»

Por Víctor Pernalete/Miguel Tierrafría

Así se refiere el padre Mario González a las reuniones que desde que desaparecieron los migrantes queretanos en San Fernando, se realizan cada 17 de mes en la comunidad El Lobo.

Allí, autoridades y familiares de los desaparecidos se reúnen para presentar las novedades del caso. Hace ya muchos meses que lo que menos hay en estas reuniones, son novedades.

“Las primeras reuniones eran muy esperanzadoras porque siempre les decía ‘vamos bien’, llegaba alguien, platicaba con ellas y les decían ‘vamos bien’. Pero cuando pasó un año, el ‘vamos bien’ no resultó claro.

“Al inicio todos los parientes iban, por lo menos uno de cada desaparecido, entonces eran reuniones relativamente masivas, con una cantidad impresionante de gente y estaban los presidentes municipales, animándolas y apoyándolas entre comillas. Pero conforme fue pasando el tiempo, se fue apagando eso”.

Ahora las reuniones son silenciosas; ociosas. Tan infructuosas que ya son pocas las personas que asisten a ellas. Además, no reciben ningún tipo de apoyo más que el gasto de gasolina: cien pesos para cubrir el trayecto. Hay que mencionar que entre comunidad y comunidad, un vehículo tarda por lo menos media hora en trasladarse.

Y es que de acuerdo al sacerdote de Tancoyol, la ayuda hace mucho que dejó de llegar.

“La ayuda psicológica fue la primera que terminó. Se desesperaron. La gente serrana es muy buena, tiene mucha esperanza, pero prefieren tener su esperanza solos, que tener una esperanza acompañados sin casi nada.

“Son gente de mucho corazón, que pueden hablar ya de sus migrantes sin una lágrima, pero eso no significa que no les duela. La mamá tiene que continuar labrando la tierra, cuidando a los animales. No pueden esperarse a llorar”, expresa.

Más que Soluciones, un rescate del abismo

Maldito fuera este mundo si todo lo que se hace estuviera mal. Afortunadamente algunas cuestiones no sólo funcionan, sino que son vitales.

Mario González Melchor lo ve y lo siente, si no fuera por Soluciones, el programa de asistencia social del Gobierno del Estado, muchos serían los habitantes de la Sierra que morirían de hambre.

“En cuanto a la educación, es excelente, porque los muchachos sin los camioncitos de Soluciones sería imposible que fueran a la secundaria o preparatoria, y éstas están por lo menos semiocupadas gracias a eso, sino fuera imposible”, considera.

“La mayoría de las personas mayores recibe el ‘70 y más’, que es parte de soluciones, entonces si ellos no recibieran ese programa, no tendrían como sobrevivir, además alguien de 70 años o más no puede moverse”, agrega el sacerdote de Tancoyol.

No todo es miel sobre hojuelas, y menos en la Sierra queretana. Así como agradece y acepta la importancia del programa social, Mario González señala que peca de paternalista. El gobierno regala el pescado, en vez de enseñar a pescar.

“La sociedad queretana, sobre todo la ciudad de Querétaro y San Juan del Río, sostenemos a la Sierra. En la Sierra pagan de predial 32 pesos, el agua se paga entre 15 y 22 pesos, la luz se paga no más de cien pesos. Los subsidios de dónde llega, estamos sosteniendo a la Sierra, ¿y cuando se canse de sostener o no tenga la posibilidad? O la industria y lo que se trabaja no se pueda”.

“Hablo para generar conciencia”

Mario González es uno de esos sacerdotes difíciles. Lleva un año y cuatro meses en Tancoyol, y ya tiene mucho que decir. Sin embargo, clama que no habla solo por hablar, sino para generar conciencia.

“Busco lograr la conciencia comunitaria. No solamente bajo la trinchera religiosa, sino bajo la trinchera de la sociedad civil, es maravillosa y probablemente la mejor sociedad. Es el mejor brazo para lograr lo que sea, entonces cuando la sociedad civil levanta los ojos, abre el corazón, se transforma absolutamente todo”, afirma.

¿Qué es la Sierra Gorda? Pregunta tan fácil de hacer y tan difícil de responder. La Sierra puede ser la cabecera municipal de Jalpan de Serra y su hermosa arquitectura, o las misiones repartidas por todo el territorio. La Sierra puede ser los bellos paisajes de coníferas en Pinal de Amoles, o por qué no, la Sierra puede ser el castillo de Edward James en Xilitla.

La Sierra son carreteras cerradas, empinadas, llenas de vueltas. Pero, ¿qué hay más allá de eso? La carretera es una cicatriz de la Sierra, una cicatriz que lleva a la herida central: su pueblo. Comunidades alejadas, comunidades separadas.

Porque la Sierra Gorda también es hambre, la Sierra es tierra estéril.

La Sierra es falta de oportunidad, la Sierra es desesperanza. Y hoy en día, la Sierra también es recuerdo, la Sierra es dolor. La Sierra es vacío, la Sierra es ausencia. La Sierra es el hijo de doña Dolores, la Sierra es el esposo de Angélica.

La Sierra es el llanto de doña Elvira. La Sierra es el recuerdo de doña Margarita. La Sierra son los coyotes, la Sierra son dos camiones perdidos. La Sierra es una fosa en San Fernando.

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