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La twitteratura no tiene nada novedoso: Rodrigo Castañeda

La ficción breve se ha practicado desde mediados del siglo pasado, afirmó el catedrático

Por: David Eduardo Martínez Pérez

Ante la jornada Twitteratura en tonos barrocos que organizó el Instituto Queretano para la Cultura y las Artes (IQCA) el 26 y 27 de abril, Rodrigo Castañeda, quien estudió el master en Literatura Digital por el Institut de Formació Contínua de Barcelona, se mostró crítico con el término “twitteratura”.

Como su nombre lo indica, la twitteratura vendría a ser el ejercicio literario aplicado al formato impuesto por Twitter. En ese sentido, el IQCA invitó a los escritores Alberto Chimal, José Luis Zárate y Raquel Castro para presentar algunas obras de minificción y hablar de twitteratura.

Sin embargo, Castañeda consideró que el término es de entrada incorrecto porque los ejercicios que surgen a partir de Twitter no tienen realmente nada novedoso, fuera de que se sirven de una plataforma digital para ver la luz.

El catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) señaló que lo que se conoce como minificción, que es precisamente lo que se obtiene con las restricciones que le impone Twitter a los textos, se ha trabajado desde mediados del siglo pasado por medio de autores como Augusto Monterroso, Max Aub y Julio Torri, quienes escribieron cuentos famosos por su brevedad.

Incluso a Monterroso se le atribuye el texto El Dinosaurio, considerado por muchos especialistas como la ficción más breve que se ha escrito hasta el momento. El texto en cuestión se limita a la siguiente línea: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí”.

Castañeda también utilizó el ejemplo de Efraín Huerta y sus poemínimos, para demostrar que la brevedad en literatura existe desde mucho antes de los tiempos de Twitter, lo mismo sucedería con los haikús japoneses, que son manifestaciones poéticas caracterizadas por su brevedad y que se escriben desde hace varios siglos.

“Mira, lo de la brevedad no es nada novedoso, te digo. Si alguna ventaja hay que reconocerle a Twitter es que te obliga, no te da posibilidades de divagar pero eso ya se ha visto anteriormente en otros autores.

“Es verdad que algunos autores como José Luis Zárate han publicado libros a partir de sus tweets, pero el ejercicio de la minificción ya existía. Nosotros no tendríamos por qué hablar de twitteratura, porque Twitter es solamente una herramienta”, explicó Rodrigo Castañeda.

Tweets que se lleva el viento

El especialista en Literatura Digital también criticó el hecho de que las publicaciones de Twitter entrarían en conflicto con la definición misma de literatura, debido a que son efímeras y difícilmente perduran, cuando una característica de la literatura convencional es su tendencia a perdurar y perpetuarse.

“La principal evidencia en contra del concepto de twitteratura viene de ver qué sucede con quienes la practican. En la memoria de Twitter sólo queda registrado un número determinado de tweets, así que si quieres que tu ejercicio perdure, tienes que hacer exactamente lo que hizo Zárate, es decir, tienes que recopilar tus mejores tweets y publicarlos en un libro convencional.”

También criticó el hecho de que las características de Twitter hacen que textos muy bien logrados coexistan con materiales no tan buenos, haciendo que el público tenga acceso a los errores del autor.

“Nadie escribe puras cosas buenas, si tú vas al sótano de Vargas Llosa, de seguro encuentras cosas que se avergüenza de haber escrito. En Twitter ya no te puedes apenar.”

Por otra parte manifestó que aunque se han realizado ejercicios literarios muy valiosos a partir de las redes sociales, aún es difícil saber si estos continúan dentro de la literatura o adquieren más bien características de un performance.

“En una ocasión, Alberto Chimal hizo una convocatoria para que entre varios twitteros armaran una historia hecha de puros tweets. Fue un éxito y el resultado muy valioso, porque se armaba a base de contestar tweets de otras personas. El problema con este tipo de ejercicios está en que tienen sentido sólo por tiempo limitado que es el tiempo que funcione la plataforma. “Hay una novela hipertextual que de hecho así funcionaba, se llamaba Bubble bath y era un ejercicio realmente bueno. El problema es que dependía de la plataforma electrónica y cuando cambiaron el formato de Internet Explorer, se volvió ilegible, aunque queda el antecedente”, concluyó.

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