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La visión de un hombre gris

“El hombre de acero”, como también se le conoce, lleva dos años en Querétaro, aunque para él sean 82

Por: Mariana Díaz Ramírez

Fuera de casas y escuelas, de oficinas y tiendas… fuera de los carros, están las calles: el hogar de seres extraños, hechos a imagen y semejanza de los humanos.

Brilla entre todos ellos: el Payasito Lagrimitas, conocido también como “El hombre de acero”, aquél de piel plateada y ropa de metal, que trabaja, vive y se desvive en el crucero de Universidad y Corregidora.

Aquél que es todo y nada al hablar de política, deportes y arte; el hombre de memoria oxidada y sonrisa gris, a quien pocos han podido conocer y que a más de uno ha intrigado con su semblante ligero y mirada sin rumbo.

Las palabras salen intentando cobrar sentido pero no siempre lo logran.

“Es lo que me pide el público, de que sea una persona limpia, aseada”.

Se despierta como a las 11 ó 12 del día, prepara algo de comer, y tal como el público desea, él se baña y se lava los dientes, porque son sus espectadores quienes lo motivan.

“Me he ganado su cariño porque me han abierto los corazones el público, ora sí, que me dice ‘órale payasitopayasito El hombre de acero’ y todo eso… pus más me han puesto en la mente las manos”.

Pero este cariño no es gratuito, el tiempo que lleva trabajando en este crucero es indeterminado.

Cuenta que llegó a Querétaro en los ochenta “ando hablando de 1982: hace 82 años que vine aquí a Querétaro a refundir, reconocer, la cultura de Querétaro”.

Sus ojos brillan, pero no como su piel, este es un destello vidrioso, quebradizo, quizá como su memoria, y a pesar de lo que cuenta, es difícil distinguir si su mirada es hacia un recuerdo o hacia el vacío, tal vez hacia un pasado muy remoto, o hacia un espacio imaginario, y es que, si hablar del tiempo es relativo, hablar con Lagrimitas sobre el tiempo, es aún más relativo; su andar y su sonrisa reflejan juventud, pero al parecer ha sido más en su existencia etérea que en el tiempo que registran sus cumpleaños: “He trabajado 11 mil años en estos partes de las urnas”… 11 mil años.

Sin embargo, no todo ha sido presentaciones en la calle, antes de ser lanzafuegos trabajó en un circo: “En el Circo del Chino de Pekín… he trabajado como 11 mil payasos… (Después de eso) me he dedicado a armar cadenas de lanzallamas… y todo eso… me ha manifestado desde muy chamaquillo.”

 

“Desde chamaquito me ha gustado todo esto”

Cuando platica sobre los primeros años, cuando comenzó en el oficio, sus gestos se vuelven más vivaces y su alegría demuestra que definitivamente ésta es su vocación.

“Desde chamaquito me ha gustado todo esto, lo que es la cultura del payaso, porque mis padres fueron cirqueros y pues todo eso, lo que tengo adentro, es un poder que me lleva al fondo del más allá”… Y en una especie de recuerdo onírico, Lagrimitas platica sobre su participación en programas de televisión local y sobre sus viajes a Morelia, Celaya y San Luis Potosí.

En este vaivén de temas y ocurrencias, su voz de pronto lenta y de pronto acelerada, suelta emocionada algunos chispazos de lucidez confusa, una verdadera muestra de escritura automática como postulaba el surrealismo.

“Estoy trabajando en el canal 4 de aquí de Querétaro y lo económicamente que he confirmado en los hechos de toda la televisora de aquí de Querétaro y en todo Michoacán, que sean todos los protagonistas de los deportes de lo que es la cultura de estos malabarismos de todo lo que es el lanzafuego y todo eso, y pus he trabajado en la económicas de todo esto, en las urnas de aquí de Querétaro”.

Lagrimitas es un hombre de múltiples intereses, y algo de lo que habla con vehemencia es sobre la política.

“Cuando estaba el del PAN, nunca dejaba trabajar a todos, se dedicaban a ‘moniar’ mucha gente, se ponían bien ‘chemos’. Mucha gente no quería al PAN, querían al PRI, a Pepe Calzada.

“Mientras estaba el ese Calderón, se dedicaba a robar lo de una vinatería, que ha robado miles de espectadores… cuando entró el PRI, me ha echado la mano más al balance de mi carrera y por eso me ha dado dinero en las campañas”.

–Además de ser payasito, ¿entonces también eres simpatizante del PRI?

–¡Claro! –Lagrimitas responde con orgullo– me han manifestado que el PRI ha ayudado a muchos de los pobres, ha ayudado a los indígenas de Michoacán.

Pero el interés tiene pies, y si lo que cuenta es cierto, ¿qué tuvo que hacer Lagrimitas a cambio de eso?… aparentemente nada, “en cambio me ha manifestado sus buenas leyes que él ha puesto, los impuestos de la economía del gobierno, porque Pepe Calzada entre unas de las frases (sostuvo): que el PRI nunca había robado, sin embargo, el ese “Del Valle” sí se había robado los cuatro millones de pesos que le habían prestado aquí en Querétaro, y ¿dónde están esos cuatro millones de pesos que se ha robado?

¡Los llevó a Suiza!, en Suiza tiene todo con Salinas de Gortari, como el narcotraficante de drogas”.

 

“Vivo con mi representante porque ella es la única que me ha echado la mano”

Así es Lagrimitas, intenso cuando reclama injusticias y firme cuando de hacerse respetar se trata, “yo nunca me voy a dejar, yo me defiendo con mis poderes y la política, tengo una diferencia: armadura por dentro, y tengo más: ¡800 armaduras que con sus palabras y con sus gritos no me pueden!”…

Con “sus palabras y sus gritos”, se refiere a los maltratos que de vez en cuando forman parte de sus propinas… gajes del oficio.

Curiosamente, aunque al principio de la conversación dijo haber llegado a Querétaro en 1982, pasaron los minutos y sin miedo a contradecirse, mencionó que lleva dos años viviendo aquí.

“Vivo con mi representante porque ella es la única me ha echado la mano en mi carrera, ella es una grandota así” y cuando explica esto estira su brazo hacia arriba para mostrar la altura de ella; “es una persona grande y es una chamaquilla que ora sí, pus me lleva a todas las manifestaciones o a un lado, hace que me cambie de lugar”, según platica, ella es priista también.

El signo de interrogación sobre la vida de Lagrimitas, aún no puede cerrarse, pero poco a poco, en estas líneas el personaje popular ha quedado rebasado por la dimensión humana de sus experiencias y disparates.

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