Información

Los aguaceros de la desmemoria

Por: Efraín Mendoza Zaragoza

Hemos vivido un agosto de relámpagos y aguaceros. Pasadas las tormentas, es preciso que la calma ayude a ver las cosas sin la prisa propia de las emergencias. Y es que hace unos días escuché al alcalde de la capital haciendo esfuerzos por defenderse del enojo de muchos ciudadanos por el desbordamiento de los drenes en la ciudad. Seguro le disgustó que el faraónico anuncio del tren del progreso quedara enlodado con las lluvias de estos días, que a mucha gente hizo clamar y reclamar: ¡queremos drenes, no trenes!

En tono molesto, el alcalde Roberto Loyola Vera explicó que no es que los drenes se hubieran encogido, sino que “algunos gobiernos” del pasado dejaron de hacer las obras hidráulicas que estaban obligados a ejecutar. Más allá de la acrobacia declarativa (casi surrealista, ¡de veras, me imaginé a los drenes encogiéndose!, ni a Dalí se le habría ocurrido pintar drenes encogiéndose), el gobernante formuló una acusación severa, que -en mi opinión- está obligado a formalizar ante las instancias investigadoras para que impongan castigos correspondientes, pues habló de omisiones en el servicio público. (Vale la pena recordar que el Código Penal prevé que si alguien conoce de algún acto presuntamente constitutivo de delito y no lo pone en conocimiento de la autoridad competente, incurre en el delito de encubrimiento). Por supuesto que el alcalde trataba de sacudirse las avispas y también sacudirse responsabilidades y, de paso, aprovechar el viaje para desviar la atención, con fines electorales.

Dos cuestiones.

Primera, no ha faltado quién se está preguntando si en su categoría de “algunos gobiernos” a los que acusa de omisión, el alcalde incluye a la administración que encabezó el ingeniero Ignacio Loyola Vera, su hermano, que gobernó el estado de Querétaro entre 1997 y 2003, postulado por el PAN, principal adversario del partido en el que milita el alcalde. Y lo digo porque, al poner como ejemplo al anillo periférico Junípero Serra, tal vez no era su intención darle un raspón. No hay que olvidar que, de acuerdo con la Ley Orgánica de la Administración Pública, el Poder Ejecutivo tiene responsabilidades en esta materia. Sólo para los curiosos, habría que ponerle ojo a los artículos 24 y 25 de esa ley, que obliga al Ejecutivo, por conducto de las secretarías de Desarrollo Urbano y Obras Públicas y de Desarrollo Sustentable, a “participar de manera coordinada con la Comisión Estatal de Aguas, en la formulación y operación de programas, proyectos y acciones específicas para el abastecimiento y tratamiento de aguas, y la prestación de los servicios de agua potable, drenaje, alcantarillado y pluvial”.

Y si sostiene el alcalde que “toda la ciudad requiere de inversión (pues) la capital no cuenta con un drenaje profundo en materia pluvial”, es que alguien incumplió en el pasado, y sigue incumpliendo en el presente, su responsabilidad. Más aún, si eso ha provocado pérdidas patrimoniales al Estado y a los ciudadanos, habría que empezar por iniciar los procedimientos administrativos o penales que correspondan. Es hora de que las acusaciones no queden en mera pirotecnia y escapes escénicos. Porque, además, tengo la impresión de que los tribunales no están de adorno.

Una segunda cuestión.

Si el alcalde no estaba pensando en el partido de enfrente, entonces estaría pensando en su propio partido, cosa aún más interesante. Pongamos la atención en 1985, que fue un año de lluvias impresionantes y que recuerdo con claridad porque por esos días yo cumplía tareas como corresponsal de un diario nacional. Bueno, pues un informe oficial de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) sobre desastres, incluye un registro de las fenomenales inundaciones con “repercusiones de magnitud catastrófica”, y ahí aparecen las ocurridas en Querétaro y San Juan del Río, los días 3 de junio y 25 de julio de 1985. De las 64 inundaciones vividas ese año en el país, una de ellas causó terror en las mismas zonas de la ciudad donde hoy miles de queretanos trinan de enojo.

Dice el informe de la Cepal que, aparte de las pérdidas millonarias en viviendas, infraestructura rural, carretera, de industria y comercio, en torres de electricidad y telefonía, cosechas y ganado, esas inundaciones dejaron en el país un saldo de 43 muertos, 47 heridos y 73 mil 241 damnificados. Recuerdo que entonces el Colegio de Ingenieros Civiles de Querétaro hizo severos señalamientos que nadie atendió. Lo mismo que don Alfonso Adame Negrete, un ecologista queretano que narraba con enfado cómo en los últimos 40 años se había quedado hablando solo porque nadie atendió sus advertencias. Como la obra hidráulica no da votos, nadie quiso entrarle, decía.

¿A esas omisiones se refería también el alcalde de la capital? ¿Y qué le cuesta al gobierno municipal asumir sus propias omisiones e iniciar, ya, las obras pluviales impostergables? Para la inversión millonaria que se requiere, podría comenzar la vaquita cancelando el gasto de propaganda, como anunció que lo haría con motivo de su segundo informe de gobierno. Y, por último, pensar en serio en los servidores públicos que dejaron de hacer lo que estaban obligados a hacer y llamarlos a cuentas. Por cierto, ¿por qué el gobierno del estado ha sido indemne del enojo ciudadano? Si consideramos con seriedad los artículos 24 y 25 de la Ley Orgánica de la Administración Pública, veremos que, siguiendo las palabras del propio alcalde, entre los omisos tendría que ser incluido el actual titular del Poder Ejecutivo, en lugar de aparecer como salvador de la emergencia.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba