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Los jueves santos del Tour

Por Rubén Cantor Pérez

Todo comienza con una idea que capitalizó ese afán juvenil por no quedarse en casa los jueves, por no quemar ese cartucho de posibilidades que representa una noche. No importa que no tengas plan para ese día (“Tú tranquilo, hay plan para el jueves”, es su lema), hay alguien que se “preocupa” por tu “sano” esparcimiento; ahí tenemos a un grupo de personas que crearon El Tour, un proyecto que a base de asegurar una asistencia mínima a determinado número de bares del Centro Histórico, se lleva una buena cantidad de dinero… aceptémoslo, nadie es hermana de la caridad.

Y a los bares les ha ido muy bien, los últimos dos jueves se logró llevar aproximadamente a 300 personas, un número para nada despreciable de consumidores de alcohol si se toma en cuenta que los días fuertes para los negocios de este tipo son los viernes y sábados.

Esta comunidad, como se hace llamar en su sitio de Facebook, tiene como misión “Fomentar la unidad y productividad social a través de la convivencia, el desarrollo cultural, el trabajo en equipo y la ejecución de proyectos”, de eso sólo han conseguido fomentar la unidad y convivencia, esto gracias al alcohol, lubricante social que nos cambia el semblante, pasando de un rictus serio a una sonrisa de oreja a oreja.

Para tan digna misión –aquella cruzada social y cultural– tienen como armas una serie de promociones. En María y su bici, la primera parada del Tour (9:15 pm), se vende el mezcal al dos por uno, llevándote dos vasitos de mezcal del sabor de tu preferencia por sólo 35 pesos. Ya como aperitivo esta oferta vuelve locos a los asistentes, quienes llegan contentos con el despachador de mezcal, haciéndole bromas y dirigiéndose a él como si fueran amigos de toda la vida. En este punto sí cumple El Tour su misión, estrecha lazos y permite la sana convivencia. Los clientes, ya con sus cuatro vasitos de mezcal, se dirigen hacia sus acompañantes, tirando el líquido embriagante al pasar por la multitud, algunos ven esto como una minucia y apenas se inmutan, mientras que otros disgustados anteponen el codo para abrirse paso entre tantas personas.

En esa primera parada del Tour ya se observan a las y los jóvenes que se toman el mezcal como agua, pasando luego a convertirse en imanes de las miradas, con comportamientos alterados y efusivos, como el caso de un grupo de muchachas –todas ellas aparentemente rozando los 18 años– que se dedicaban a tortear a cualquier tipo que se cruzara por su camino.

De María y su bici uno se cruza la calle y llega a Backstage (10:30 pm), lugar cuyo atractivo es el bajo precio de la cerveza. Aquí, a diferencia de la primera parada, sí exigen la pulsera del Tour, la cual se reparte de manera gratuita a las personas que llegan temprano al punto de partida, pues hay un máximo de 300 unidades. De esa forma sólo los afortunados que posean la pulsera pueden pasar a Backstage. Como los mexicanos no nos caracterizamos por la puntualidad, mucha gente al verse privada de la siguiente fase del Tour, regresan cabizbajos, con actitud derrotada, a María y su bici, ahogando esa pena en mezcales al dos por uno.

Para los afortunados que lograron entrar a la segunda etapa y que aún tienen ganas de continuar fiesteando, se abre la tercera puerta: Sierra Morena (11:50 pm). Así, ya mermado, el escuadrón del Tour remata la noche y celebra esa noble y desinteresada empresa, dejando para otro día la parte de su misión que habla del “desarrollo cultural, el trabajo en equipo y la ejecución de proyectos”. La única “ejecución de proyectos” que les interesa es volver con bien a sus camas.

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