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Los migrantes desaparecidos de Arroyo Seco

En Arroyo Seco existen 26 casos de personas desaparecidas; tres casos más pertenecen a Lagunillas, San Luis Potosí y dos a Xichú, Guanajuato

Por: Agustín Escobar Ledesma

En 1998 los hermanos Tomás y Martín Medellín Paz viajaban a bordo de un autobús, de San Antonio, Texas, a Florida, cuando el vehículo fue detenido por la Border Patrol para inspección.

Tomás, para evitar que detuvieran a ambos, salió corriendo del asiento en el que iba con los agentes tras de él. Lo atraparon y se olvidaron de buscar más gente indocumentada.

Martín pudo seguir el viaje en el autobús, sin embargo, desde aquel momento, se encuentra desaparecido.

Seguramente los hermanos Medellín Paz conocían el peligro al que se enfrentaban y lo asumieron, antes que quedarse a vivir en la miseria de su comunidad.

De acuerdo con el “Informe de pobreza y evaluación en el estado de Querétaro 2012”, del Consejo Nacional de Evaluación (Coneval), el municipio de Arroyo Seco cuenta con ocho mil 761 personas en pobreza extrema, cantidad que representa el 19 por ciento de su población.

El organismo define la pobreza extrema en las personas cuando “tiene tres o más carencias, de seis posibles, dentro del Índice de Privación Social y que, además, se encuentra por debajo de la línea de bienestar mínimo. Quien se encuentra en esta situación dispone de un ingreso tan bajo que, aun si lo dedicara por completo a la adquisición de alimentos, no podría adquirir los nutrientes necesarios para tener una vida sana.”

De acuerdo a la investigación periodística realizada durante marzo de 2013, en las comunidades y delegaciones de Arroyo Seco, en aquel municipio ubicado al norte del estado de Querétaro existen 26 casos de personas desaparecidas; tres casos más pertenecen a Lagunillas, San Luis Potosí y dos a Xichú, Guanajuato. Ambos municipios colindantes con Arroyo Seco.

En total son 31 personas desaparecidas.

De los 31 casos, 25 son adultos y seis son menores de edad; por sexo, 29 son varones y dos mujeres.

En cuanto al lugar en el que desaparecieron, 10 casos ocurrieron en Estados Unidos; seis en Tamaulipas; tres en San Luis Potosí; tres en la ciudad de México; tres en el propio municipio de Arroyo Seco; y un caso en cada uno de los siguientes estados: Tabasco, Veracruz, Michoacán, Baja California, Sonora y Sinaloa.

Entre los 31 desaparecidos figuran dos casos de abandono de hogar; así como dos casos de personas que fueron “levantadas” (eufemismo para designar a quienes son secuestrados); un caso de un migrante desaparecido y después encontrado en las fosas clandestinas de San Fernando, Tamaulipas, y el caso de un migrante que iba en el autobús que desapareció el 17 de marzo de 2010 con 17 migrantes del municipio de Landa de Matamoros.

De los 31 casos, 21 de ellos no fueron denunciados ante las autoridades correspondientes en tanto que 10 sí, razón por la cual, los primeros son considerados como casos extraoficiales y los segundos oficiales.

En cuanto a la ubicación temporal de los 31 casos, dos ocurrieron entre 1951 y 1956; dos entre 1967 y 1968; seis entre 1973 y 1976; tres entre 1980 y 1985; nueve entre 1992 y 1999 y nueve casos entre 2010 y 2012.

¡Qué pase el desgraciado!

Las condiciones de vida de los familiares de la mayoría de los 31 casos están ubicadas en condiciones de pobreza extrema, dándose situaciones de analfabetismo, sobre todo cuando los familiares rebasan los 60 años de edad.

Además, los arroyosequenses creen que la autora de la frase “¡Qué pase el desgraciado!” les ayudará a encontrar a los desaparecidos, tarea que, por ley, corresponde a las autoridades judiciales, tanto a la Procuraduría General de Justicia, así como a la Procuraduría General de la República.

Los jóvenes de Arroyo Seco, a pesar de saber que desde el 2010 apareció la frontera del crimen organizado, aún emigran a Estados Unidos, en busca de mejorar sus condiciones de vida, sabiendo de antemano a los peligros que se enfrentan, como en 1998, cuando Filemón Balderas dio su vida por una sandía.

Él y otros muchachos iban cruzando las tranquilas aguas del río Bravo en una cámara. La verde sandía que llevaba resbaló de sus manos y, al intentar recuperarla, cayó al agua y se ahogó. No sabía nadar.

Como sus deudos no tenían dinero para trasladar los restos mortales, le dieron cristiana sepultura en la frontera. La gente de El Jardín recuerda y relata el suceso como si lo hubiese visto.

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