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Mineros de Cadereyta “levantados” en Durango

Por: Agustín Escobar Ledesma*

“¡Bájense hijos de puta porque orita les va a ir mal!”, fue la orden que un grupo armado dio a Lázaro Robles Trejo y Félix Robles Trejo, mineros oriundos de El Torno, comunidad perteneciente a la delegación de Maconí del municipio de Cadereyta de Montes, cuando éstos se dirigían en una camioneta a la ciudad de Durango, la tarde del 22 de marzo de 2010, en El Salto, municipio de Pueblo Nuevo, Durango, de acuerdo al testimonio de Rufina Robles Trejo, hermana del primero y tía del segundo, quien ese día los acompañaba.

El contratista

De acuerdo a la información proporcionada por Rufina Robles Trejo, en enero de aquel año, Manuel González Ramos, contratista minero del municipio de Ezequiel Montes, llevó a trabajar a los ahora desaparecidos, Félix Robles Trejo y Lázaro Robles Trejo, así como a ella misma y a su hija de 10 años de edad, a una mina ubicada en Huachimetas, municipio de San Diego, situado en la Sierra Madre Occidental del estado de Durango colindante con Sinaloa, es decir en la zona conocida como Triángulo Dorado del cultivo de drogas en el país que también abarca el estado de Chihuahua.

Señalética de la muerte

La comunidad de El Torno está en las montañas de la Sierra Gorda de Cadereyta y para arribar al lugar hay que seguir las 18 cruces sembradas en el trayecto de 28 kilómetros que son la representación visual del peligroso camino de curvas y barrancos. La señalización de la muerte por desbarrancamiento indica que 10 están en el tramo del entronque de la carretera de San Joaquín a Maconí y otras 8, en el riesgoso y angosto camino cuesta arriba, de terracería de Maconí al Puerto La Blanca, última comunidad hasta la que se puede llegar en vehículo automotor porque de ahí a El Torno, hay que proseguir a pie durante casi una hora.

La Esperanza

Rufina Robles Trejo se gana la vida en trabajos temporales desyerbando la orilla del camino en Rancho de Guadalupe, comunidad situada en las montañas de la delegación de La Esperanza, Cadereyta, apacible y hermoso lugar en el que las huertas de manzana ofrecen jugosos y rojos frutos que se regodean con el olfato, el tacto y el gusto.

Con el dolor a cuestas por la desaparición de sus seres queridos, mientras aparta piedras y yerbas del camino de terracería, Rufina narra el traumático momento en el que se asomó al infierno.

De Huachimetas a Durango

Aquel 22 de marzo de 2010, Rufina recibió una llamada telefónica informándole que su madre se encontraba grave de salud. Fue de esta manera en la que ella, su hija, su hermano y su sobrino abordaron una camioneta (en la que también iban otros seis mineros y una mujer de Durango) para dirigirse de Huachimetas a la ciudad de Durango, con la finalidad de acudir con el patrón de la mina para que les pagara su sueldo para después tomar un autobús a San Juan del Río, Querétaro, en donde se encontraba hospitalizada su mamá.

Cuando el vehículo cruzaba la ciudad de El Salto, cabecera municipal de Pueblo Nuevo, Durango, a eso de las cuatro de la tarde, una patrulla policíaca les marcó el alto para extorsionarlos con ochocientos pesos, la “cuota” para que pudieran proseguir su camino. Sin embargo, como ninguno de los viajeros traía dinero, un policía les ordenó: “espérense pa’ que el patrón nos diga si los soltamos o qué les hacemos”.

Los policías de la patrulla hablaron por celular y al cabo de un rato llegó una camioneta con gente uniformada y armada que les gritó “¡Bájense hijos de puta porque orita les va a ir mal!”, enseguida subieron a los ocho mineros al vehículo y se los llevaron con rumbo desconocido, en tanto que a las dos mujeres y a la niña, las dejaron abandonadas y aterrorizadas a la orilla de la carretera. Una vez solas, pidieron auxilio a los lugareños quienes se limitaron a indicarles que pidieran auxilio a la policía en el 066.

Rufina Robles Trejo y su hija se quedaron en la ciudad de Durango durante una semana para denunciar el “levantón” ante las autoridades correspondientes y después, cuando por fin la mujer pudo llegar a El Torno, Maconí, su mamá ya había sido sepultada.

Nosotros los pobres…

Ataviada y rodeada de pobreza extrema Juliana Trejo Robles, madre de Félix Robles Trejo, sobrevive en El Torno, comunidad asentada en la montaña en la que se encuentra Mina La Negra SA de CV, minera entre cuyos propietarios se encuentra Aurcana Corporation, de capital canadiense y que, de acuerdo a información contenida en el portal de internet Mexico Infomine (http://mexico.infomine.com/properties/listings/38908/la_negra.html) las estimaciones de producción de plata, plomo, cinc y cobre anuales son de 8 a 10 mil toneladas.

Juliana es analfabeta y viuda debido a que hace quince años su esposo se accidentó en un vehículo que se desbarrancó en el siempre peligroso camino al Puerto La Blanca por el que transitan pesados y potentes camiones cargados de piedra de la mina que extrae una inmensa riqueza del subsuelo que beneficia a los habitantes del primer mundo.

Juliana está envuelta en la pobreza, un inmenso dolor y en un raído y decolorado rebozo; para ganarse la vida trabaja en labores domésticas en las casas de los mineros, quienes obtienen en promedio trescientos pesos diarios y cuentan con prestaciones laborales que ella nunca ha conocido ni de cerca.

La mujer, con lágrimas contenidas por un cierto pudor, menciona que cuando supo de la desaparición de los dos jóvenes mineros fue a la agencia del Ministerio Público de Cadereyta, lugar en el que, al parecer le tomaron muestras de ADN. Desde entonces ninguna autoridad le ha proporcionado ninguna información de su hijo, Félix quien dejó a su esposa con tres hijos y tampoco se sabe nada de Lázaro a quien lo espera su esposa y sus cinco hijos.

*Con información del proyecto “La memoria de nuestros nombres. Migrantes queretanos desparecidos”, de la Unidad de Investigación Periodística de la Universidad Autónoma de Querétaro, UIP—UAQ.

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