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Narco se volvió modelo de éxito para los medios: Anabel Hernández

Periodista y escritora mexicana, Premio Nacional de Periodismo en 2001 por la investigación del ‘Toallagate’, galardonada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) gracias a sus investigaciones sobre niñas esclavizadas en la frontera entre México y Estados Unidos. Anabel Hernández posee uno de los currículums más extensos en el ambiente del periodismo de investigación en México.

En los años recientes, la periodista volvió a los planos principales gracias a sus publicaciones como ‘Los Señores del Narco’, ‘México en Llamas: el legado de Calderón’ y más recientemente por ‘La verdadera noche de Iguala: La historia que el gobierno trató de ocultar’, en éste último desmiente la llamada verdad histórica que dio a conocer el gobierno federal ante la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero.

Su capacidad la ha llevado a colaborar con medios como ‘Milenio’, ‘El Universal’ y actualmente, con el periódico ‘Reforma’. La revista ‘Proceso’ publica sus propios libros de investigación periodística. Debido a su extenso trabajo ha recibido constantes amenazas de muerte, en una de ellas en el año 2011, cuando denunció al entonces secretario de Seguridad Pública, Genaro Luna García, de contratar sicarios para asesinarla.

 

-¿Cuáles pueden ser los intereses que comparten el crimen organizado y el gobierno federal para que éste le permita operar sin alguna restricción?

Yo he podido documentar que las relaciones oficiales y extraoficiales del gobierno con el crimen organizado datan desde, al menos, la década de los setenta, cuando era el Estado quien intentaba coordinar y controlar el negocio del narcotráfico, en específico de marihuana y heroína para traficarlas a Estados Unidos.

En ésta relación entre el gobierno, el Poder Ejecutivo y el crimen organizado, el vínculo siempre ha sido el ejército o la policía judicial llámese como se llame… una vez fue la Dirección Federal de Seguridad, después se llamó policía Judicial Federal, después se llamó la AFI, pero siempre es esta parte quienes son el vínculo que ponen en contacto al gobierno con el crimen organizado.

Hablamos de una corrupción muy penetrada donde los carteles de la droga financian campañas políticas, hacen regalos a gobernadores, se sientan a negociar con familiares de presidentes de la República, ya sean Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y ahora Peña Nieto.

-¿Consideras que va en parte a esos intereses el hecho de que los medios de comunicación promuevan lo que es la cultura del narcotráfico y la violencia en México?

Yo creo que estamos ante dos cosas: pienso que sin duda, con o sin medios de comunicación nacionales o internacionales que hagan sus series de narcos o sus corridos, la problemática ahí está y no se puede negar.

Cuando uno va al triángulo dorado y ve a estos niños de 6 años que trabajan en los campos de marihuana y amapola, no es que escuchen la radio o tengan Netflix en sus casas para ver las series de narcos. Ya es un fenómeno social, los niños ven que sus padres lo hacen desde hace décadas y se mantiene la problemática, pero pasa que los medios de comunicación con la cultura pro-narco hacen que esta problemática se extrapole; el narco se volvió un modelo de éxito que están vendiendo los medios en México y en el extranjero con las series y canciones.

-¿Por qué el caso Ayotzinapa tuvo un impacto mediático tan grande en comparación a otros donde también hubo violaciones a derechos humanos?

Lo que yo comprendo es que son tres ingredientes. Uno: eran jóvenes, no había manera que alguien los quisiera acusar, aunque el gobierno lo intentó, de crimen organizado; eran jóvenes y representaban a este sector de la población del país.

Dos: eran pobres, pobres entre los pobres. Tres: los padres de familia. En muchas conferencias me preguntan por qué los 43 son importantes si hay más de 32 mil desaparecidos, pero por desgracia muchos de los padres de estos 32 mil se quedaron callados, ya sea por temor, dudas o porque no tuvieron el valor o el apoyo para poder organizarse y reclamar.

Pero para mí estos padres de los 43 son un ejemplo de dignidad y de fuerza porque desde un principio se han mantenido en pie reclamando la aparición, vivos o muertos, de sus hijos y me parece que esta lucha también hace que el caso sea tan distinto.

-Después de tantos años ejerciendo el periodismo de investigación en nuestro país, ¿cuáles son las principales medidas de seguridad que debe tomar un periodista para cubrir casos como los tuyos?

Yo llevo 18 años ejerciendo esta profesión, me he enfocado a cubrir los casos de corrupción y crimen organizado. Lo he hecho cuando todavía no existían estos sistemas de encriptar tus correos electrónicos, o el mecanismo de seguridad del gobierno que se supone te pone escoltas para protegerte.

Mi generación aprendió inventando sus propios esquemas de seguridad, siendo el principal esquema no poner en riesgo la vida de tu fuente de información… yo prefiero poner en riesgo mi vida antes que la de mi fuente, su vida y su integridad física es sagrada, incluso si la fuente es un miembro del crimen organizado.

Esto me obliga a ser muy cautelosa, por ejemplo comprando y desechando teléfonos celulares, estar creando y cerrando correos, haciendo citas en un lugar y llegar a otro, todo para asegurar que mi fuente estará segura y éstas medidas, a la larga, te terminan protegiendo a ti.

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