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No es una nueva Guerra Fría: es una disputa por recursos y poder

En diálogo con Tribuna de Querétaro, la Maestra en Estudios Coreanos por la Universidad de Corea, Cintli Ayesa Cárdenas Barajas, profundizó sobre la reconfiguración del orden geopolítico que sigue priorizando el control de los recursos, el acaparamiento de los mercados y la producción de los mismos, ante una creciente economía por parte de la República Popular China, y dónde a su vez, las naciones potencialmente desarrolladas claudican su política exterior ante los amagos de injerencia a la soberanía latinoamericana, por parte de los Estados Unidos de América.

¿Dónde queda el régimen ruso en este escenario global, no invisibilizando, pero aislando en este caso la guerra que mantiene con Ucrania? Es decir, ¿se considera que se acabó la Guerra Fría entre Rusia-Estados Unidos? y ahora, ¿se entra a otra con China?

Bueno, es que todo tiene que ver con términos. Ahorita es lo que estamos atestiguando; el ascenso de China a partir del siglo XXI, se puede decir. El ascenso de China comienza oficialmente en 2015; a uno le gusta poner fechas, pero en realidad son procesos y entonces es muy complicado; pero en 2015 se dice que inicia oficialmente, cuando se propone el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura, y varios aliados tradicionales de Estados Unidos entran a ese banco, como Reino Unido, Italia, Corea del Sur, Japón, entre otros, en diferentes hemisferios del globo. Entonces el ascenso de China se da en un marco de un orden internacional basado en reglas, que es liderado por Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial, ya cuando también sale triunfador de la Guerra Fría en la década de los 90, a principios. Entonces China asciende en ese marco global; entran las instituciones, le abren las puertas desde la década de los 70, y ahora, representa una amenaza. Y una amenaza muy clara. Es más, desde la Administración 45 de Estados Unidos que fue con Trump, ya se le tomó como una amenaza, o sea no como un reto, no. Como una rivalidad. Es una amenaza. Un rival estratégico.

Entonces, si se puede recordar en la administración pasada de Trump, la número 45, empezó esta guerra comercial con China. Y, esta guerra fue con el objetivo; o está porque todavía sigue, o sea, con Biden continuó y continúa con Trump; el objetivo es aislar a China o también relegarla del control de las cadenas globales de valor; que eso se evidenció con el COVID en el 2020, cuando se cerraron las cosas, y se vio que el mundo dependía altamente de China, de la producción de China. Estamos atestiguando muchas cosas, es muy complejo explicarlo, pero en términos muy simples hay una rivalidad y hay una transición de poder global entre Estados Unidos siendo la potencia establecida; que varios indican que están en decadencia y por eso está actuando como está actuando; y China.

China, ahorita es la segunda economía más fuerte del mundo y pues la verdad es que no ha actuado como la potencia que es, pero sí es una superpotencia.

Lo otro viene en los términos. La Guerra Fría es un término que se utilizó para hablar de esta pugna de poder entre Estados Unidos, entre la propuesta de Estados Unidos; capitalismo, neoliberalismo. Y la de Rusia, que era más hacia la izquierda; socialismo, otro sistema económico. Entonces, ahora se habla de Guerra fría con China, pero desde mi perspectiva y desde la perspectiva de varios internacionalistas es que, en realidad no es una guerra fría. Porque en la guerra fría estábamos hablando de dos propuestas diferentes. Y China en realidad no le está contendiendo nada a Estados Unidos en cuestiones ideológicas. Externamente no, o sea, externamente China es muy abierta, muy capitalista, muy neoliberal, tiene sus áreas donde tienen sus industrias, el libre mercado, etcétera. A nivel interno sí defienden otro régimen, pero ellos no lo están exportando. Como tal no es una guerra fría porque no está proponiendo nada. Entonces, eso me parece, como internacionalista y para marcos de análisis, peligroso decir que es una guerra fría porque no lo es.

En términos puros, no es una contraposición de ideologías. China no está luchando porque ni México, ni Venezuela, ni sus aliados sean comunistas. Les presta; China quiere recursos, quiere seguir su industrialización, quiere seguir controlando las cadenas globales y le presta a cambio de que le paguen con recursos. Eso pasaba con Venezuela. Y lo que sucedió, es que el petróleo de Venezuela estaba siendo vendido, o digamos pagado. Siendo como una moneda de pago hacia China, Rusia e Irán, hacia otros lugares que Estados Unidos no necesariamente quiere o no, necesariamente son los amigos.

En el caso de Rusia, vemos que es complejo porque ya tiene varios años también relegado. Desde 2014 la toma de Crimea, a Ucrania; Rusia está siendo relegada poco a poco de las instituciones internacionales que ya lo habían arropado. Ahorita lo que vemos de Rusia es que está reafirmando su esfera de influencia con Ucrania.

Y lo que no quiere, digamos focalmente, es que Ucrania esté ni en la Unión Europea, ni en la OTAN. Por cuestiones estratégicas pues… todo tiene su lógica de parte de Rusia; ahora está con Estados Unidos para que le permita dar salida al conflicto en Ucrania, y están ahí, políticamente relegando a Europa. Tanto Rusia como Estados Unidos.

Es decir, aquí vemos una especie de que sí hay comunicación. Y entonces ahorita, la narrativa de Estados Unidos no está en contra de Rusia. Ahorita está, desde principios de diciembre con esta nueva doctrina Monroe; este Corolario Trump, a la doctrina Monroe, que quiere defender o reafirmar su hegemonía en el hemisferio occidental, o sea, en toda América Latina. Y con eso, está cambiando su política exterior para otra vez volver a ser extractivista, otra vez meterse explícitamente, así como lo hizo en Venezuela y todo por intereses económicos, ni siquiera habla de democracia. Y vemos en Venezuela, ahorita sigue el régimen. La cúpula de poder no se ha ido y no se va a ir, está respaldada por Trump”.

Viendo estas acciones; estos días han sido muy complicados y también ha habido una numerosidad de declaraciones por parte de diferentes actores internacionales; las más recientes pues del propio Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, quien ha dejado ver que la política trumpista no apela por las sugerencias de organismos internacionales, como es la propia organización de las Naciones Unidas. El propio Donald Trump, también ha manifestado que no necesita el derecho internacional y que son sus propios límites morales a los que se atiene él. Entonces, ¿en qué escenario se coloca el argot de los internacionalistas latinoamericanos y qué mecanismos deben de impulsarse y o materializarse?

Lo más lógico y lo más, digamos práctico, sería la unidad latinoamericana, lo cual es un reto muy grande porque históricamente, pues no hemos sido tan unidos. Además, ahorita no hay unidad tampoco en ideologías políticas, en regímenes. Vemos este ascenso de las derechas en Argentina, en Chile, en Bolivia, en países clave en América Latina, y vemos que la retórica estadounidense está abiertamente… Como de que, -pues ya pasó en Venezuela, ahora vamos por ti, Colombia; ahora vamos por ti, Cuba; y ahora vamos por ti, incluso México. Lo ideal sería una unión, una unidad y que se vea este bloque de la región y decir, -sabes que Estados Unidos, no vamos a permitir que vuelvas a injerir, así como lo hiciste en Venezuela. Pero tampoco es que esté pasando entre los internacionalistas. Entonces, lo que reina pues nada más es analizar qué está pasando, ver las reconfiguraciones porque también lo que pasa, es que Estados Unidos con este corolario, quiere echar mano también de las alianzas que tiene en América Latina. Y sí que las tiene, o sea, sí las tiene con México. Aunque digan lo que digan, sí somos aliados estratégicos; la tiene ya Argentina explícitamente y con Chile, con varios. Entonces estamos a la expectativa porque no se están configurando las cosas tan rápido. Uno lo que busca, es que rápido existan algunas soluciones, pero en el caso latinoamericano es muy complejo y más porque el interés de los países muchas veces está más abocado a lo interno que a lo externo. A su estabilidad, a garantizar, que su gente igual no se salga, a garantizar esta seguridad, su estabilidad económica. Están más enfocados en sus pugnas de poder que actuar a nivel externo porque también eso requiere de liderazgos y recursos que, pues en América Latina, ya se sabe que son limitados. Voluntad hay, dinero no tanto.

Ante las adversidades que azotan este panorama de la soberanía aquí en México, el propio México, ¿cómo puede defenderse la presidenta desde el derecho internacional? Y si es viable el solicitar apoyo de otras naciones, ¿Qué naciones se creería, podrían poner resistencia a una injerencia norteamericana?

Cuando el derecho internacional está amenazado, las opciones son la negociación y en la búsqueda de la resolución pacífica de controversias. Afortunadamente, México sí tiene vínculos fuertes con Estados Unidos y entonces sí tiene maneras de negociar. Afortunadamente, en México no existe esta situación; no somos Venezuela por más que digan que vamos a serlo o que ya estamos en camino, no lo somos. Son países diferentes, realidades diferentes, ubicaciones diferentes, es diferente. Entonces, en México a nivel externo, sí reina el estado de derecho. Digámoslo, el país si está bien representado, si tiene personal capaz de negociar con Estados Unidos y pues más bien, se apelaría a que México sí pueda negociar con Estados Unidos. Por los mecanismos que ya existen bilaterales de diálogo y negociación. Podría echar mano de la Secretaría de Relaciones Exteriores y sus órganos, descentralizados incluso, como la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo, puede ser. O también el IMPI, ahí están, también ellos. Ahorita están revisando el TMEC. Entonces sí hay mucha negociación. A Estados Unidos le interesa explícitamente lo económico. A él no le importa lo democrático, lo político. Entonces, mientras en México sí se negocie este aspecto que sí se está revisando ya, en cuestiones comerciales, se esperaría, que Estados Unidos no tuviera esa injerencia como la tuvo en Venezuela. Lo que sí ha sido muy explícito, es que sí se quiere meter para el tema de los cárteles. Igual no tanto para quitar un régimen político como sí lo hizo en Venezuela; y entre comillas solamente quitó al líder, porque el régimen sigue, ahí siguen trabajando con ellos; pero sí, lo que sí Estados Unidos ha dicho es que sí quiere entrar en el tema del narcotráfico. Entonces, ahí sí es preocupante.

En cuestión de que puedan apoyar a México… México está en una red multilateral importante y se esperaría que los que forman parte de esas redes, estén con México. Está, por ejemplo, un grupo de potencias medias que se llama MIKTA, en el que está México, está Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia, entonces puede llegar a comunicarse para que lo apoyen.

También está en la Alianza del Pacífico con Colombia, con Chile y con Perú, nada más que ahorita pues Colombia es de izquierda, Perú y Chile son de derecha, entonces… como que no están tan unidos ahí en la Alianza del Pacífico, pero sí tiene un entramado de alianzas también multilaterales, muy funcionales, en otras que no se dedican a la alta política, pero funcionan. Hay cooperación científica, tecnológica, entre otras. Lo que yo esperaría es que no entrara Estados Unidos, pero eso es lo que se esperaría, no sabemos.

Eduardo Coeto

Comunicación Estratégica y Periodismo de Investigación. Reportero de Tribuna de Querétaro. Soy demasiado queretano para algunos y demasiado chilango para otros. Un breve paso por la Facultad de Ingeniería me hizo amar la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ. Me gusta la arquitectura, la música, la política, el fotoperiodismo y platicar con mis amigos. Escribo para la historia del futuro. Mi pluma siempre es crítica.

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