Información

“Nos levantaremos en defensa de la sociedad”: Normalista

“No fue sólo una demanda del sector estudiantil, sino como sociedad”, justificó el estudiante michoacano Gerardo Herrera

Por: Ricardo Lugo

Intrigado, asolado, pero con firme convicción, Gerardo Herrera, estudiante de la Normal Superior de Michoacán y miembro de las Organizaciones Normales de ese estado, aseguró que si el gobierno entrante de Enrique Peña Nieto viene a dañar a la sociedad y a las escuelas normales, “nos levantaremos en defensa de la sociedad”.

Entrevistado en el auditorio Adolfo Chacón Gallardo de la Facultad de Psicología, donde se realizó un foro y diálogo con estudiantes de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) y el público que asistió al evento, Gerardo compartió con este medio los momentos en que vivió de cerca la represión del Estado.

Transcurrían apenas tres horas del lunes 15 de octubre. En esa madrugada policías estatales y federales ‘peinaban’ las normales de Tiripetío, Cherán y Arteaga. La noticia llegó rápidamente y al amanecer. En palabras de Gerardo: “Estuvimos apoyando a los compañeros desde el exterior de Tiripetío ya que toda la región estuvo cercada.”

En las tres normales “más de mil 500 elementos federales, estatales y municipales entraron a las escuelas y aprehendieron a padres de familia, maestros y estudiantes. Quebrantaron los derechos que se tenían.

“Nosotros estuvimos protestando estos abusos durante el día en una de las principales salidas de Tiripetío, paramos las clases en las normales con plantones en los principales cuadros de la ciudad, tomando las casetas y haciendo marchas masivas. No fue sólo una demanda del sector estudiantil, sino como sociedad.”

Gerardo Herrera denunció que habría que resistir los embates que vienen desde el gobierno, sobre todo de “las mismas fuerzas opresoras”, para “estar siempre a la defensa de lo que realmente es correcto o justo para la sociedad.”

“Algo que hace el sistema es decir ‘las masas no tienen conciencia’”.

Para el normalista, quien experimentó la represión, “estamos por la liberación de los procesos penales a compañeros y en defensa de ellos. Sabemos que lo que ocurrió realmente es un golpe fuerte pero que sirvió como catalizador para la sociedad proliferante y para defender a los estudiantes, que son muchos.”

Una insistencia era perpetua en la charla que sostuvo ante sus “compañeros” –como él les decía– de la Facultad de Psicología de la UAQ: Los medios manejaron una versión difamadora a los actos ocurrido el 15 de octubre.

“Los medios a nivel nacional y estatal son manejados por los patrocinadores que son las empresas, por el mismo gobierno y lo único que tenemos para expresarnos en contra de las autoridades son las calles.

“Es importante reconocer que hay una subjetividad en todo esto que se plasma en el concepto mediático, así como señalar que no es cómo lo cuentan. Sólo mediante el acercamiento con la personas es posible conseguir realmente una información y no dejarse llevar por esos medios.”

 

Policías y militares cercaron el plantel, “como Tlatelolco”

Dos días antes al 15 de octubre continuaba el seguimiento a las problemáticas que trajo consigo el inicio de nuevos programas y planes para las escuelas normales rurales a nivel nacional, auspiciados por el Gobierno Federal.

Las mesas de diálogo eran inútiles, narró Jean Pérez, también normalista, quien contó su experiencia con la fuerza de las autoridades.

Al vislumbrar el opaco camino en los diálogos y saber que no se acordó nada, los normalistas procedieron a secuestrar camiones, según Jean.

La Normal de Tiripetío se tomó como trinchera. Se formaron comisiones entre las normales para que los medios de comunicación no interpretaran el asunto de manera aislada, sino como un movimiento organizado.

“Se mandaron comisiones de guardia de compañeros a las normales”. Entonces en la madrugada del lunes se envió a la fuerza pública para “desalojar a los compañeros y recuperar las unidades secuestradas.”

Llegaron a Tiripetío, los normalistas se defendieron con piedras, palos y bombas molotov. Pero la policía rompió dos bardas de la Normal para entrar. Jean aseguró que “golpearon a compañeros, a mi hermano le quitaron todo lo que traía: su laptop, su celular, su mochila. No hubo diálogo.”

“Mi hermano traía un golpe en la ceja. Además al momento de escapar se agarró de un alambre de púas, entonces cuando lo sometieron los policías, al jalarlo le desgarraron las manos.”

Jean describió que después de todos estos acontecimientos llegaron 50 unidades policiacas a Tiripetío. El pueblo estaba cercado. Había policías en cualquier lugar, helicópteros rodeando la zona “como un Tlatelolco”.

“Al entrar la policía a la Normal, muchos de los normalistas se fueron a refugiar a las casas y otros de plano se fueron para el cerro. Se rumoraba que había órdenes de cateo para todos los hogares y así permitir la entrada cuando ellos quisieran y revisar todo lugar para ver si había estudiantes. Hubo 169 detenidos en Tiripetío.”

“Mucha gente se quejó de la prepotencia de los policías. Las madres de familia que preguntaban por sus hijos encontraban respuestas como: ‘vayan a buscarlos al Semefo (Servicio Médico Forense)’.

“Los compañeros que salieron de Tiripetío se dirigieron a la capital para armar un marcha y expresar el repudio a la represión que se hizo. Todo se supo y por la mañana antes de clase se reunieron los compañeros normalistas para analizar todo lo sucedido en los tres puntos. Había muchos desaparecidos y no se sabía nada de los compañeros.

“Nos contactamos con las diferentes normales para poner en plan de acción la movilización que se realizaría. Lo primero que hicimos fueron bloqueos en las casetas. La salida a Pátzcuaro fue tomada y se impidió el tránsito.

“A las seis de la tarde comenzaron a llegar los policías. Fue un golpe estratégico porque de otro lado salieron los militares. Como no es función de los militares detener marchas nos restregamos de ese lado, pero los federales nos empezaron a arrojar gas lacrimógeno.”

Jean sintió los estragos del gas, la multitud se esparció: “los ojos te arden, no puedes ni ver, ni respirar, el gas te ahoga; toses mucho y te hace mucho daño.

“(Aunque) nosotros (estábamos) aventando piedras, los policías avanzaron más. Lo primero que hicimos fue proteger a las compañeras, entonces comenzaron a disparar balas de goma. No había mayoría para enfrentar al contingente, corrimos. Al igual que nosotros, la policía también se esparció para someter a compañeros.”

 

“No lo golpees aquí porque hay mucha gente”

Así, 44 años después, en un estado gobernado por el mismo partido político del 68; en apreciación de Jean, esa imagen parecía otro Tlatelolco.

“Buscaban estudiantes, había órdenes de desalojo en las casas para sacar estudiantes, agarraban a cualquiera que parecía estudiante; lo que pasó en Tlatelolco que asesinaron a personas que no tenían nada que ver con esto: niños, padres, jóvenes.”

La trinchera fue otra, era el sindicato de la Normal de aquella sección. Una camioneta llegó de Michoacán para apoyar a normalistas pero Jean, junto con otros estudiantes, fueron alcanzados por policías. Ellos intentaron correr pero sin éxito.

“Yo no pude correr bien, iba con un compañero y de repente volteé hacia atrás y ya lo habían agarrado muchos policías. Me vi rodeado de ellos y mi única salida era correr hacia atrás. Entonces me salió un policía con un perro, amagó con soltarlo. Yo pensé que el perro me alcanzaría y me mordería, eso sería más feo. Me mordería y los policías no me lo quitarían rápido.

“Otro policía a la vez me dijo: ‘no corras, hijo de tu puta madre’. Entonces alcé las manos como rendición. Rápido se acercaron todos, me dijeron que me echara al suelo. Cuando me subieron otros policías ya estaban en el sindicato golpeando y desalojando a los compañeros.

“Me levantaron, me iban jalando y pateando. Entre ellos se cuidan, recuerdo un comentario que decía: ‘no lo golpees aquí porque hay mucha gente, mejor ya que lleguemos allá le damos su calentada’, te quedas pensando qué sucederá allá.

“Nos metieron a la camioneta, era cerrada como en la que trasladan a los reos. No cabíamos en la camioneta, estábamos apretados, además lo que hicieron antes es echarle un gas a la camioneta y cerrarla; imagínate todo encerrado cómo se sentía.

“No sabíamos dónde estábamos. Nos trasladaron y no podías ver nada porque te traen con la cabeza agachada. Nos pusieron en posición como si fuéramos delincuentes: hincados y con los pies cruzados.

“Pasó un policía, dijo que nos pedirían los nombres y el que mintiera sería golpeado. Si levantábamos la cabeza nos pegaban en la nuca. Me robaron todo lo que traía: celular, cartera, una gorra; es ahí cuando te pones a pensar quién es más delincuente.

“Además ahí nos dimos cuenta que el secretario de Gobierno era quien daba las orden, porque a las 11 de la noche, tras cinco horas detenido no dejaron ir, con la amenaza de que ‘tenían nuestras cosas y la policía ya sabía quiénes éramos’”.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba