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Paros en universidades: Protesta, una respuesta a incapacidad de atender demandas

En últimos años se aprecia una mayor periodicidad de las movilizaciones estudiantiles dentro de las universidades, lo cual es un indicador de que “la institucionalidad que prevalece no es capaz de regular muchas de las relaciones sociales y lo que tenemos son condiciones críticas”, remarcó Octavio Cabrera Serrano, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) de la Universidad Autónoma de Querétaro.

El especialista en movimientos sociales remarcó que en las universidades se observa un reflejo de la realidad social, con la llegada de personas jóvenes de distintos sectores económicos y culturales a un espacio donde están expuestos a ideas y corrientes políticas de distinta índole.

“Es un espacio en el que también se reflejan las otras condiciones de la sociedad: la pobreza, los procesos de marginación, de discriminación que de manera común aparecen o que se viven de manera cotidiana en la sociedad… entras en contacto con otras perspectivas del pensamiento, con diversas filosofías políticas”, remarcó el coordinador de la licenciatura en Desarrollo Local. 

Señaló que, sin ideas políticas, en las universidades privadas es más difícil ver movilizaciones. En la historia reciente se encuentra el caso del movimiento #YoSoy132, gestado a partir del rechazo que hubo en la Universidad Iberoamericana contra el entonces candidato presidencial, Enrique Peña Nieto, en 2012.

El académico explicó que en las universidades privadas hay presencia mayoritaria de estratos sociales altos y que las movilizaciones que ocurren casi siempre están enfocadas a temas de religión (o guiadas por religiosos) o tendencias políticas específicas.

Octavio Cabrera señaló, por otro lado, que algunas de las manifestaciones estudiantiles, ocurren de manera fugaz, pues su naturaleza es reformista y no revolucionaria: “no se mueve de fondo la estructura, más bien se pretende mover ciertas condiciones de convivencia, de que se pidan más protocolos, más efectividad de actuación en los mismos”.

Esto, añadió hace que los movimientos se introduzcan en un ciclo: “entra como el proceso de la mediación —negociación en algunos casos— y pues rápidamente pueden aceptar las demandas de los movimientos sociales y tener un cierto avance; y de repente quedarte en un momento en donde ya no pasa […] continúa la dinámica social y se vuelve a generar otra situación crítica y va generándose esa dinámica de confrontaciones, movilizaciones, interpelación, negociación y un equilibrio momentáneo”.

Finalmente, el coordinador de la licenciatura de Desarrollo Local remarcó que uno de los obstáculos que impidieron que el paro de la UAQ se expandiera a otras universidades fue la falta de solidaridad y una dinámica de desarrollo y producción en la que la sociedad está inmersa y que no le permite parar.

 “No ha logrado escalar, yo creo que es necesario que escale, que se busquen estrategias, que se imaginen formas populares, comunitarias; para que lleguen a los hogares de las y los estudiantes, a sus barrios, a sus colonias, a sus comunidades; donde también están otros compañeros y compañeras que son estudiantes, probablemente de escuelas con un carácter técnico o de ciencias exactas. Ese es el reto”, concluyó.

Durante el mes que duró el paro en la UAQ, el Instituto Tecnológico de Querétaro (ITQ) se movilizó también para levantar la voz contra malos manejos al interior. El movimiento fue más breve que el de la máxima casa de estudios, pero logró la destitución de su director.

Marián Ángeles

Estudiante de Comunicación y Periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Reportera de Tribuna de Querétaro desde 2021

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