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‘Querogallo’ no tendría futuro sin mí, dijo su fundador en 2016

El proyecto se mantuvo a flote “debido al acercamiento con distintas organizaciones e ideologías”, aunque fiel a la corriente del Gallo Colorado.

Desde la corriente del Gallo Colorado, J. Cruz Rivera Pérez inició hace 40 años la revista Querogallo, bajo el lema de “saber para servir mejor”, mismo que repartía personalmente y que rápido dejó de ser un órgano de difusión del Partido Democrático Nacional (PDM) para volverse la publicación de la corriente del Gallo Colorado.

En 2016, tres años antes de su fallecimiento el pasado 12 de marzo, J. Cruz Rivera se expresó así de la revista: “si yo no estoy, no tendría futuro”. La revista nació e1 24 de enero de 1981; luego de que su fundador abandonara el PDM. El proyecto se mantuvo a flote “debido al acercamiento con distintas organizaciones e ideologías”, aunque fiel a la corriente del Gallo Colorado. Nunca la vendió, pues aseguraba que debía “ser libre”, se encargó de imprimirla y distribuirla con sus propias manos.

Sobre esto, la académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Oliva Solís Hernández, recuerda que J. Cruz editaba el Querogallo en el centro de cómputo de la FCPS y que, aunque no fuera un hombre nacido en el apogeo de las tecnologías de la información, en ocasiones pedía ayuda para utilizar los programas y buscar artículos en la web: “no tenía recursos para imprimirla, pero siempre fue un hombre activo y muy comprometido. Ese es su legado: el compromiso”.

Explicó en 2017, con motivo del 36 aniversario de la revista, J. Cruz señaló que este material de difusión “forma parte de un proyecto con tres principios: donde los ciudadanos aprendan a despertar su conciencia, liberar de sus ataduras mentales y preservar la lucha”.

Ahora, luego de casi 40 años de lucha y perseverancia, aquel editor de la revista Querogallo se fue para siempre, el pasado 12 de marzo en circunstancias que permanecen en absoluta discreción. J. Cruz Rivera no fue silenciado por la carencia, tampoco por la soledad ni la adversidad, fue por la vida misma que lo enfrentó al ocaso y la que le hizo rendir su lucha al final del camino. Una vida entregada a su ideal de la democracia, un alma que pese a las dificultades siempre estuvo alimentada de principios e ideales.

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