Información

RedQ: Un calvario con ruedas

Retrasos, empujones, malos olores, frenadas intempestivas, discusiones, inseguridad: los suplicios de un día a bordo de RedQ

Por: Juan José Rojas

Entre tumultos y empujones traté de salir una vez finalizado un partido de los Gallos Blancos en el Estadio Corregidora. No entendía por qué muchas personas se detenían en el punto de salida de la zona VIP.

“Seguro se debe a alguien importante, un futbolista o alguien así”, pensé. Sin embargo, se trataba del presidente municipal, Roberto Loyola Vera; servidor público… al servicio de la ciudadanía, como tal, tenía que saludar y dirigir unas palabras al pueblo que lo había elegido.

Él se encontraba en lo alto del palco de gobierno, y mandaba abrazos y saludos a la voz de “¡Buen triunfo!”. De entre el tumulto se escuchaban los gritos de “¡Presi, presi!”.

En ese instante yo no podía olvidar el calvario de mi primera semana vivida en el sistema de transporte RedQ; alguien debía hacer algo, porque las mañanas en la ciudad eran, o mejor dicho, son un colapso.

Atentamente le expliqué las molestias que RedQ me ha causado y que, si no llevo auto, todas las noches tengo que regresar a casa caminando.

Inmediatamente me pidió que le enviara un correo con mis sugerencias y que “actuarían de inmediato”. Escribí mis demandas. Redacté mi carta y la única respuesta que recibí fue “Atenderemos tus peticiones”.

No hubo más palabras; y hoy, a casi un año de lo ocurrido, no ha existido solución para una ciudad que se ve entorpecida todas las mañanas.

Colonias de la periferia son las más afectadas

Así, la depresión de domingo aumenta para todos aquellos usuarios que despiertan en lunes con la fatigosa necesidad de usar un servicio de transporte que se ha convertido en ineficiente, precario y con retrasos.

Los habitantes de las colonias Desarrollo San Pablo, Movimiento Obrero y Las Américas se han visto afectados por el cambio de ruta de la “B” que durante años fue el camión de referencia para esa zona.

Molestos e indignados, han tenido que acostumbrarse a tener que regresar caminando a su domicilio por las noches… si es que no salieron antes de las nueve de la noche.

Said es técnico operador en una empresa de televisión de paga, cuya planta está ubicada en 5 de febrero.

Todos los días entra a las ocho de la mañana en punto y tiene que estar en la parada de Las Américas, sobre Bernardo Quintana, una hora y media antes para llegar a tiempo a su empleo. Said es un joven de 23 años de edad, padre de familia y victima del caos que en su inicio causó RedQ.

Fue despedido de su antiguo trabajo en Axtel porque en la primera semana de implementado el sistema, llegó tarde debido a la falta de autobuses y a que los pocos existentes iban llenos al tope, por lo que no hacían paradas.

La gente que vive en las colonias Cerrito Colorado, La Loma, Satélite, Garambullo, Puertas del Sol también se ven afectados todos los días, pues viven una travesía para llegar a sus hogares: en la ruta “X”, subir ya es un logro… una vez arriba, te sostienes de donde puedas y viajas soportando todo tipo de empujones y hasta “arrimones”.

La ruta “76” recorre toda la avenida 5 de febrero, por lo que traslada a un número importante de trabajadores y estudiantes. Me toca viajar en ese camión.

De la parada ubicada en La Obrera, frente al campo de San Pablo, subimos a la ruta unas ocho personas… una vez arriba, los olores empiezan a emerger y el respeto es una dulce utopía.

El último afortunado en subir tiene que viajar tomado de donde pueda, puesto vamos con la puerta abierta. Los rostros de estrés de la gente reflejan el pesado tramo que arde en calor y sudor. 60 desconocidos que van sumergidos en un calvario con ruedas.

En el entronque de avenida Revolución con 5 de febrero, subió una señora con la seguridad de llegar a su destino; sin embargo, su tarjeta no pasaba, así se encendió una calurosa discusión entre chofer y usuario que, a la postre, incomodó a todos los presentes. Pese a que alguien tomó la determinación de pagar el pasaje de la señora, ella no aceptó y bajó del autobús indignada y molesta.

Los choferes no se detienen

Diana es usuaria de la ruta 62. Acude a una parada en el Centro Histórico para abordarla con rumbo a Jardines de la Hacienda. Sin embargo, padece complicaciones para poder subir al camión porque los conductores no se detienen.

“Es una odisea usar el transporte público. Sólo me muevo del Centro a Jardines de la Hacienda y hago casi una hora porque los camiones no tienen sentido del tiempo, y hoy tuve que corretearlo para que me subiera, aunque estaba en la parada, suerte que se puso el alto y lo alcancé”, manifestó Diana.

Como parte del suplicio que pasa, tiene que aguantar cuando el camión va lleno de pasajeros, los conductores manejan rápido y frenan intempestivamente, más las melodías de aquellos cantantes improvisados con sus guitarras y las problemáticas que surgen en un recorrido diario de la ruta.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba