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Renuncia obligada, la norma del outsourcing

Por: Carlo Daniel Aguilar González

Tiene 20 años y puede presumir haber ganado una demanda laboral contra una empresa que se dedica al rubro de las tecnologías de la información con presencia alrededor del mundo.

La compañía, asentada en la colonia Jardines de la Hacienda, requirió de sus servicios vía outsourcing.

Cuando terminó el proyecto para el cual fue ‘contratada’, los directivos de la empresa optaron por prescindir del apoyo que brindó la joven, pero no contaban con la tenacidad y la lucha que caracterizó a la hoy estudiante universitaria.

Judith trabajó durante seis meses en un proyecto de soporte técnico que estaba dirigido al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Antes de iniciar sus labores, la obligaron a firmar “una hoja en blanco”, con el pretexto de que iban a tramitarle su alta al Seguro Social.

Su contrato fue por tres meses, el cual renovó al concluir el periodo. Al comienzo el panorama era halagador… hasta que vio sus primeros recibos con los cuales le pagaron.

“Tenía un horario accesible: de 7 de la mañana a 2:30 de la tarde. Era asistente de soporte técnico para un proyecto del IMSS.

“Me iba bien. Siempre me depositaban puntual. Algunas veces no tanto, en fechas como festivas o así (…) era como algo extraño porque los recibos que nos daban de los pagos estaban (…) aparecía el nombre de otra empresa que no era en la que yo estaba. Uno me lo dieron por Contacto, que era el outsourcing, y el otro era Technological System, algo así.”

Judith recuerda que era “la más chica” del equipo conformado por 40 personas. En ese entonces tenía 18 años.

“Estábamos divididos en células. Era el mismo proyecto para el IMSS, como administración de vacunas, altas patronales, hasta correos personales de los doctores, contraseñas para entrar al sistema, todo eso.

“Estuve en las tres células que había. La dinámica era muy aburrida. Pero ese trabajo, para percibir el sueldo que era en ese entonces, era muy bueno porque me estaba pagando la escuela”, manifiesta con una sonrisa en el rostro.

Sin embargo, la tranquilidad con la que desempeñaba su labor se vio interrumpida de manera abrupta, refiere la estudiante.

“Duré ahí seis meses y después fue el término del proyecto. Nos avisaron de un día para otro que el proyecto ya se había terminado, que se iba a pasar a la ciudad de México. Éramos alrededor de 40 personas en la mañana, unas 30 en el turno de la tarde. Cuando nos dijeron eso, pues todo mundo se puso súper loco”, relata.

La empresa, que en su página web presume “liderazgo”, “experiencia” y saber aprovechar las oportunidades que le brindan sus clientes, trató de borrar las evidencias de que ella había trabajado en sus instalaciones.

“El día que nos despidieron nos solicitaron nuestras tarjetas de acceso personalizadas. Nos las pidieron todas como para no tener pruebas o algo así. Todo mundo fue a la Junta de Conciliación y Arbitraje a reclamar.

“Hicimos una demanda, pero como a la semana y media de que terminó el proyecto el abogado de la Junta de Conciliación fue a buscar a la gente de Contacto, pero la oficina ya no estaba”, advierte en la entrevista.

El panorama parecía que se ensombrecía, pero eso no impidió que continuara con su lucha.

 

“Me sentí satisfecha… hice lo correcto”

Judith contrató a un abogado particular para continuar con la demanda. Aunque del otro lado buscaban argumentar que ella “no era su empleada directa”, año y medio después el abogado le notificó que habían ganado. El aviso le llegó a finales de 2012.

El recurso que recuperó duplicaba lo que le ofrecían en la “pseudoliquidación”, rememora la estudiante de licenciatura.

“La verdad me sentí satisfecha porque sentí que hice lo correcto, no tuve por qué haberme conformado. No me importó haberme esperado.

“Sé que quizá eso ahora representa una ‘mancha’ en mi expediente para pedir trabajo, porque ya me ha pasado que he ido a diversos lados y me dicen ‘¿ya has demandado?’. ‘Sí, en una ocasión’. Digo, hay que ser sinceros. Me han rechazado varias veces por eso (…)

“Soy muy buena empleada, pero por ese detalle como que no se quieren arriesgar ni nada, supongo que porque ahora ya están llevando a cabo las administraciones de los recursos humanos de manera diferente”, considera.

En el transcurso de la demanda se enteró que la “hoja en blanco” que había firmado era su renuncia. Recuerda que aunque no fue la única en interponer demanda vía abogado particular, sí fue de las pocas personas que se atrevieron a hacerlo.

“En el proceso se fue quedando mucha gente. Ellos seguían en contacto con la empresa Contacto (la del outsourcing). Entonces una vez que alguno de nosotros se daba por vencido, que veía que pasaba uno, dos, tres meses, se ponían en contacto con ellos y les decían ‘saben qué, voy a retirar la demanda pero necesito que me paguen’. Mucha gente se conformó así, fueron desistiendo de la demanda”.

De acuerdo con Judith, trabajar bajo el esquema de outsourcing implica vivir en la incertidumbre.

“Es mucha incertidumbre cuando trabajas bajo un outsourcing, porque estás sujeto a que un día te digan ‘¿sabes qué? Bye’, y que no te den lo que por ley te corresponde.

“En este caso ellos se defendieron diciendo que nosotros habíamos firmado nuestra renuncia (papel en blanco que yo firmé al principio). Pero en ese momento necesitaba el trabajo y creo que es lo que mucha gente hace: se arriesga porque realmente lo necesita. Esa misma situación hace que la gente siga así, pero ¿qué se puede hacer?”, concluye.

 

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