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“Santísima muerte”, en vez de “Padre nuestro»

Foto: Guadalupe Jiménez

Por: Heira Flores Cortés

A la entrada hay un grafiti con la leyenda “Santuario de la Santísima Muerte”. Ubicado en el municipio de Pedro Escobedo, el lugar ostenta una imagen, también realizada en grafiti, de aproximadamente tres metros de altura con esta figura sentada en una silla, sosteniendo una guadaña en la mano derecha.

En frente se encuentra un puesto rudimentario donde se pueden adquirir diversos artículos relacionados con la Santa Muerte, como velas de colores, inciensos, rosarios, figuras (también hay de Malverde, “el santo de los narcos”), estampas, y un estante completo de libros que hablan sobre cómo realizar invocaciones de magia blanca y negra, remedios con herbolaria tradicional, los ángeles, los demonios, entre otros temas de superstición y creencias esotéricas.


El interior huele a incienso y velas aromáticas, las paredes están decoradas con cientos de cuadros con imágenes de la Santa Muerte, en diferentes versiones.

Existe desde la más clásica imagen colonial de la muerte, como una osamenta con la típica oz o guadaña en la mano, la catrina de Guadalupe Posadas, hasta nuevas representaciones, donde se le dibuja como una mujer muy hermosa de cabellera plateada, con labios rojos; se pueden apreciar muertes vestidas de enfermeras, de novias, de monjas; algunas figuras talladas en madera, papel maché, moldeadas de cartón, de fibra de vidrio, de porcelana, etcétera.


Entre las imágenes, hay bolsas con la consigna “deposite su limosna aquí”, así como algunos mensajes rudimentariamente escritos con plumón, lapicero o crayola.

Las faltas de ortografía inundan el ambiente, así como palabras tipo “haiga”, “dijistes”, etcétera. Los mensajes van desde un sincero agradecimiento, hasta peticiones como “Santísima niña blanca, haz por favor que me pague lo que me debe, si no persíguelo hasta que lo haga.”


Una figura de dos metros de altura, representada con una túnica negra y los brazos en señal de plegaria, está colocada junto al segundo pilar del pasillo del lado izquierdo.


Al pasar frente a ella, los devotos se persignan, se hincan, le “tallan” la túnica, y depositan dinero en una bolsa, hecha de fieltro amarillo, para pedirle sus “favores”. Otros pocos se toman fotografías con sus teléfonos celulares o cámaras fotográficas alegremente. De fondo podemos escuchar diversas canciones hechas en honor a esta imagen religiosa.


El lugar es espacioso y con poca iluminación natural, descrito como “macabro”, por algunos miembros del equipo que me acompaña; justo en la entrada, un enorme cartel dice: “Se lee el tarot” con letras rojas, debajo una anotación extensa de plantas medicinales, en una lona que cubre casi todo lo alto de la pared.

Más adelante hay bancas desiguales dispuestas a lo largo del santuario, otorgadas por distintas familias. De ahí su diversidad de estilos y tamaños, pues en el respaldo hay escritos letreros con leyendas como “donado por la familia Martínez”.


Las misas que son oficiadas tienen una estructura idéntica a las del catolicismo, simplemente son cambiadas algunas oraciones, y por ejemplo, en lugar de decir “Padre nuestro”, se dice “Santísima muerte”.


El sermón está centrado en la misma temática de la figura y su adoración, se dan consejos de cómo ser un buen devoto, qué es lo que se debe hacer y qué no. Incluso se comulga, se confiesa, y se prende incienso. Diversas costumbres de la herbolaria mexicana, y creencias como “la brujería”, se mezclan con las católicas dentro del lugar.

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