Información

Si hay fraude electoral, puede haber levantamientos armados: Mireles

El médico señaló que “de ninguna manera el ser autodefensa es el camino ideal”, ya que las instituciones están para defender a los ciudadanos, pero “cuando no hay un gobierno que haga su trabajo, los civiles deben defenderse”.

Es un hombre de rancho, así se define. Viste camisa blanca y sombrero de color negro. Habla, con voz aún más recia, cuando se le pregunta sobre la carrera presidencial. ¿Acaso hay algún candidato que pueda generar un cambio social? Señala que sólo hay uno. ¿Quién es? Se le inquiere. Toma un poco de agua, voltea y sonríe: “ya sabes quién”.

José Manuel Mireles Valverde, líder e iniciador de las autodefensas en Michoacán, camina con paso decidido por la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), mientras es seguido por una veintena de seguidores de su movimiento. Conocedor del tema, advierte que el descontento es nacional y en caso de haber un fraude electoral, pueden generarse levantamientos armados en el país.

“Si gobernaron bien, qué bueno, si gobernador mal, que se vayan en paz y que nos dejen tomar la decisión a nosotros, los mexicanos”, señala Mireles Valverde, quien añade con optimismo, como si nunca hubiera vivido los crueles asesinatos de varias personas de su comunidad: “Sí se puede, llegó el momento en que los mexicanos despertarán, para no vender su voluntad”, sentenció.

La mejor arma, para el médico michoacano, es la educación. Cuenta con dos maestrías y un doctorado, por eso asegura que en la universidad es en donde se abren las conciencias. Es la mejor trinchera para cambiar las cosas. Es en las aulas donde se encuentran el razonamiento y la paz social.

Fue hace más de cinco años, que junto con otros vecinos de Tepalcatepec, Mireles Malverde tomó un arma y se rebeló contra los criminales y las autoridades, a los que considera parte de lo mismo. Sin embargo, ahora habla con mesura y pide que el gobierno se aparte y deje al pueblo decidir, no habrá represalias, promete y añade: “nosotros nos levantamos, porque ellos nos obligaron. No nos gusta, los mexicanos no estamos listos para una revolución”.

A Mireles lo han comparado muchas veces con los revolucionarios más famosos del país, entre ellos, con Emiliano Zapata, quien inició un siglo atrás un movimiento armado.

Sin embargo, para Mireles Valverde la revolución que sacudió al país, a inicios del siglo XX, así como todas las guerras que vivió México, no fueron del todo efectivas, ya que en todos los movimientos murieron los más valientes y los que sobrevivieron se mataron entre ellos, para al final, institucionalizar la Revolución.

Mireles sentencia con tono severo e implacable: “Nadie gana en una guerra”, lo repite en varias ocasiones, la vía armada no es lo conveniente: “No estoy de acuerdo con el movimiento que hicimos, pero es que no nos dejaron otra opción”, se justifica. Insiste en que la guerra no deja beneficios: “todos perdemos, no necesitamos un movimiento armado, necesitamos movimientos democráticos con respeto”.

¿Hay guerra civil? Se le pregunta al doctor Mireles. Vuelve a tomar agua, reflexiona, mientras muestra sus dientes fuertes, algunos con amalgamas color plata: “Desde el momento en que hay disidencia, hay guerra civil, responde. Después enlista a los servidores públicos y candidatos asesinados en Michoacán: “si no le llamamos guerra civil, ¿cómo le llamamos?”, reviró.

Por ahora, José Manuel Mireles cree que la mejor opción para que no haya problemas en el país, es que no haya fraude. Hay que votar más allá de los patrocinadores, de la torta y el refresco, advierte. El miedo nunca se nos quitará, tampoco nos abandonará el coraje, pero ¿qué hacer cuando matan a tu madre, cuándo invaden un hogar, violan a las mujeres y a los hombres los obligan a ver?

Su voz atrae al público, algunos estudiantes escuchan cautivos a Mireles. Por momentos parece que lanza gritos de guerra, pero reitera, es el último de los caminos a seguirnadie gana una guerra. “He sufrido siete emboscadas y un avionazo, tengo dos balazos en el lado izquierdo y uno en el derecho, tengo 48 tornillos y placas en la cabeza”.

¿Dónde está el cambio?

El médico michoacano relató que un día, en una escuela cercana a su comunidad, pidió a los niños que se disfrazaran de su héroe favorito de la independencia. Curiosamente los infantes llegaron vestidos con camisa blanca y sombrero negro, con el uniforme de las autodefensas: “en ese momento supe que nuestra lucha social valió la pena, la semilla estaba sembrada”, recuerda Mireles.

Ahora, frente a los universitarios queretanos, Mireles Valverde les recuerda que no solamente son el futuro de su estado, sino el de México. Añadió que el cambio no está en los políticos, mucho menos en los partidos: “Tenemos un sistema de gobierno tan corrupto, tan puerco, los políticos actúan como si fueran nuestros verdugos”.

El líder de las autodefensas de Michoacán reiteró que el miedo nunca abandonó a la guerrilla, sin embargo, resaltó que el día en que se levantaron, descubrieron que eran invencibles. Fue a partir de ese momento, que el dolor y el odio, se hicieron irrelevantes.

El médico narró como inició el movimiento armado en Tepalcatepec, cuando los habitantes sufrían al ver cómo los delincuentes levantaban a sus hijas: “hubo un momento en que llegaban esos desgraciados y decían ‘tú, tú y tú, a la camioneta’. Ellas se subían sin decir nada. No se sabía que pasaría, pero era seguro que iban a buscarlas y estaban tiradas en el monte, con o sin vida, enteras o descuartizadas.

Esto no inició en 2013. Ese día nos levantamos en armas, pero esto venía de muy atrás. Era el ‘Grupo de los 9’, aunque en realidad nunca fueron nueve. El nombre se debía a que los vecinos se reunían para comentar todo lo que sucedía en la comunidad, a las 9 de la noche.

Fueron dos años de planeación y en esos dos años de conspiración, los delitos continuaban en Tepaltepec, mientras los habitantes discutían, sin llegar a nada. “Un día les dije ‘qué tal si dejamos de ser ‘problemólogos’ y nos convertimos en ‘solucionólogos’”.

La batalla iba a empezar un 21 de marzo, justo cuando se conmemoraba al Natalicio de Benito Juárez, sin embargo, fue “un gran señor”, el líder moral, quien les comunicó, el 23 de febrero, que el levantamiento armado iniciaría al día siguiente, lanzando la frase: “no aguanto, esto no es vida”.

El padre de Juan Manuel Mireles Valverde no quería que se levantara en armas y nunca se dio cuenta que el organizador era su propio hijo. Poco antes, el padre de Mireles había perdido el ganado, le mataron a su esposa y ya no quería perder a un hijo. Un día Juan Manuel solamente le dijo: “Padre dame la bendición… tengo mucho coraje”.

Para elevar el ánimo de sus compañeros y que comprendieran que una revolución armada es rápida de organizar, Mireles les contó una anécdota de su abuelo, quien peleaba contra los cristeros: “él no sabía leer, así que ordenó a sus hombres que le tiraran a todo aquel que tuviera una insignia” (de esta forma identificaban a sus enemigos).

Los compañeros de su abuelo, al estar en la misma situación, preguntaban: “¿qué es una insignia?”. La fórmula para resolver el dilema era: “Si trae una cruz chiquita en el sombrero, es mando bajito; la cruz más grande, es mando medio… ¡ah!, pero aquel cabrón que tenga una cruz y un rosario, ¡chínguenselo!, ese es general”.

Juan Manuel Mireles narró cómo en su primer levantamiento, como autodefensas, lograron detener a 27 sicarios, a quienes los desarmaron y se los entregan al Ejército. Sin embargo, los mismos militares los entregaron al Ministerio Público, siguiendo el protocolo y al día siguiente, a las ocho de la mañana, los criminales estaban ametrallando las casas de los participantes en el movimiento, con las mismas armas que les habían quitado un día anterior.

A partir de ahí, las autodefensas no volvieron a detener a nadie, ya que supieron que el sistema estaba con los delincuentes. No obstante, después del primer paso, no hubo marcha atrás: “ya éramos seis mil hombres, mujeres y niños armados. “Nunca perdimos una batalla y la guerra la ganamos”, sentenció Mireles.

¿Y el gobierno?

De la misma forma que al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) fue atacado por la milicia en 1994, las autodefensas de Michoacán fueron combatidas por el Ejército mexicano, en un intento para desarmar a los rebeldes. Mireles denunció ante los medios nacionales que la intención del Estado era desarmar a las autodefensas y no al crimen organizado.

“Nosotros éramos los criminales, que según el pendejo de Chucho Reyna (Jesús Reyna García, gobernador interino priista), creía que queríamos quedarnos con la plaza de los cárteles”, señala Mireles. Al final, el Estado comete más injusticias que los mismos criminales, ellos tienen e monopolio de la violencia y cada vez hay leyes más estúpidas”.

El 28 de mayo de 2014, se dio a conocer el Frente Nacional de Autodefensas. Para el 27 de junio, del mismo año, Mireles fue apresado. “La única arma que traía en la mano, aquel día, era una pierna de pollo, en la mano derecha, pero el informe dice que yo traía armas”.

Nunca llevo armas en el combate, afirma Mireles, “soy médico cirujano; estudié 23 años para salvar vidas, no para quitarlas”. Asegura que ha recibido amenazas del Estado mexicano, de la misma forma que su pueblo, el cual es agredido por fuerzas militares: “nunca en la vida nos han defendido, ¿por qué ahora que nos defendemos, nos quieren fregar?”, cuestiona.

El médico señaló que “de ninguna manera el ser autodefensa es el camino ideal”, ya que las instituciones están para defender a los ciudadanos, pero “cuando no hay un gobierno que haga su trabajo, los civiles deben defenderse”.

 

“De niño con mis amigos jugaba a los vaqueros e indios. Vi a mis hijos jugar a policías y ladrones, ganaban los buenos, los buenos policías. Ahora veo a mis nietos, juegan a sicarios y autodefensas y siguen ganando los buenos”, concluye Mireles.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba