San Juan del Río

María Marcelina: el caminar por el sustento

La historia de María Marcelina González inicia muy temprano y termina después de que cae el sol; ella se esfuerza día a día por ganarse el sustento con la venta de verduras en el Centro Histórico de San Juan del Río y aunque paga por el derecho a caminar y vender por las calles, eso no garantiza las ganancias suficientes en un día común.

María Marcelina González de 51 años, es originaria de Aculco, Estado de México y se dedica a la venta de hongos, tunas, sopa de verduras, nopales, brócoli y champiñones en un puesto ubicado en la avenida Guerrero del Centro Histórico del municipio de San Juan del Río.

El trabajo como comerciante ambulante y el pago de derecho a piso en el Centro Histórico de San Juan del Río, no garantiza ingresos económicos suficientes para la inversión de los productos ni una ganancia adicional fija para subsistir.

Su rutina inicia a las 5 de la mañana para adquirir los productos de su venta, para luego trasladarse desde Aculco, Estado de México a Querétaro, San Juan del Río, para luego instalar su puesto de comercio desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde y finalmente aseguró que, de no tener las suficientes ventas para invertir, camina durante el Centro Histórico para seguir ofreciendo sus verduras, labor que ha realizado durante 4 años.

María relató que para trasladarse diariamente gasta alrededor de 150 pesos en taxi para llegar a San Juan del Río, y 50 pesos más para su regreso al Estado de México, esto sin contar las comidas diarias así como el pago mensual de 496 pesos por derecho de piso requerido por la presidencia municipal.

“Yo tengo que sacar para pagar el permiso, se vende muy poco y por eso caminamos para seguir vendiendo y sacar la venta del día, a veces decimos que sólo pagamos para dejar aquí y no llevar nada’’ afirmó.

Asimismo, describió que su trabajo como comerciante no suele ser sencillo cuando se trata de temporadas de lluvia y de frío, pues cuando son lluvias, las calles del Centro Histórico se ven inundadas y difíciles para su tránsito, es entonces cuando levantan su mercancía y se retiran sin la suficiente venta del día, perdiendo una inversión en verduras de mil 200 a mil 500 pesos.

Marcelina González inició como comerciante ambulante en casas, tocando puerta por puerta ofreciendo sus verduras, hasta que llegó a un punto donde laborar y caminar se tornó difícil por lo pesado de sus productos, por lo que decidió instalar su puesto en el centro histórico.

La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) ha señalado que las personas que comercializan productos en los barrios generan vínculos con sus clientes y que “muchos de ellos a pesar de que ven que su actividad en estos días no es rentable y que trabajan en condiciones difíciles, continúan haciéndolo. Por ello, consumir de manera local es una acción de solidaridad que ayuda a seguir construyendo comunidad”.

La dependencia federal también ha señalado que la compra a pequeños comerciantes favorece que se mantengan y generen nuevos empleos, además de que se evitan aglomeraciones y se favorece el consumo de productos frescos y de temporada.

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