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…Sólo quedamos ocho

“Es como si alguien hubiera callado a los jóvenes queretanos. Como si se les hubiera exigido no salir de sus casas o de sus escuelas, como si se les hubiera convencido, por fin, de que hoy es un día soleado”

Por: David Eduardo Martínez Pérez

Son las cuatro y media y apenas somos ocho, frente al Auditorio Fernando Díaz Ramírez. En el aire se escuchan todavía las balas de Tlataya, también los gemidos que lanzan los normalistas ejecutados de Ayotzinapa. Sin embargo, aquí somos ocho. Circuló un cartel en redes sociales para convocar a los estudiantes. Pocos han respondido.

A estas alturas, el año pasado, ya había varios contingentes gritando consignas frente al auditorio. No había sucesos tan graves como ahora. Los problemas en el Poli, en las normales de Guerrero. Es como si alguien hubiera callado a los jóvenes queretanos. Como si se les hubiera exigido no salir de sus casas o de sus escuelas, como si se les hubiera convencido, por fin, de que hoy es un día soleado.

La esperanza de los compañeros resurge cuando aparece el contingente de Filosofía. Van gritando consignas. No que no, sí que sí, ya volvimos a salir. Por lo menos un centenar y medio de filósofos, antropólogos e historiadores que vienen a darle vida al contingente.

Los acompañan alumnos de las prepas, la insurgencia empieza desde temprano. Un par agita una pancarta con el logo del Politécnico. Por otro lado, una chica de trenzas muestra un cartel en solidaridad con Ayotzinapa.

Frente a Rectoría, el contingente espera más muchachos inconformes. No llegan muchos. Algunos movimientos hacen acto de presencia. Sobre el suelo se ven pancartas de #YoSoy132. De otras agrupaciones que tradicionalmente han participado en la marcha, no se ve nada. No hay rastro del MRJ, por ejemplo.

Entre todos los participantes, se decide que la marcha pase por el ITQ, con la esperanza de reclutar elementos entre ‘los carnalitos del Poli’. Salimos todos hacia Tecnológico. Vamos por las facultades de Psicología y Derecho. En la primera se unen varios alumnos con sus pancartas. En la segunda, los estudiantes miran desde el segundo piso.

Parece una escena sacada de alguna película sobre ‘la Pasión de Cristo’. Las muchachas entaconadas y los jóvenes en traje miran con tristeza, algunos con burla o hasta desdén, a ese montón de estudiantes que agita pancartas y grita consignas contra Peña Nieto.

En Enfermería, profesores y estudiantes dan muestras de apoyo con las manos pero no se atreven a dejar sus clases. Alguien grita ‘profesor que está marchando, también está enseñando’. La marcha sigue.

En Tecnológico damos vuelta hacia la izquierda. Al llegar a Escobedo, algunos se confunden y siguen por esa calle. Deben reincorporarse a la marcha y se quedan levemente rezagados. Algunos manifestantes coordinan el tránsito y evitan que los autos golpeen a sus compañeros.

Frente al ITQ, las consignas se multiplican. ‘Ingeniero consciente, se une al contingente’ ‘Ustedes son carnalitos del Poli, vengan y sálganse a marchar’.

La respuesta de algunos estudiantes de esta institución no se hace esperar: ‘Ya mejor pónganse a trabajar, pinches chairos’.

No somos uno, no somos cien; prensa vendida, cuéntanos bien

La marcha sigue su camino por avenida Universidad. Un automovilista con placas de Guanajuato casi atropella a un joven que porta una pancarta en solidaridad con Mireles. En cuanto se ve rodeado por inconformes y policías municipales, explica que tenía prisa e intentó meterse por el carril ocupado por los manifestantes. Es obligado a seguir el espacio dejado para los carros.

Los demás siguen su ruta hacia Ezequiel Montes. La aparición de una camioneta de Televisa hace que suene el conocido ‘esos son, esos son…’. Los camarógrafos tratan de captar el mayor número de rostros y entonces el estribillo cambia. ‘No somos uno, no somos cien; prensa vendida, cuéntanos bien’.

En el centro, la ruta es hacia Plaza de Armas. En el camino se lanzan algunos exhortos a los comerciantes. Se les invita a seguir a la manifestación.

Ya en la plaza, todos colocan sus pancartas frente a una Casa de la Corregidora que ha cerrado sus puertas. Arriba las ventanas están iluminadas, pero la puerta principal permanece cerrada de manera firme.

De vez en cuando, los guardias la emparejan para ver si ha disminuido el contingente. En cuanto se sienten observados por los marchantes, inmediatamente la vuelven a cerrar.

Un compañero lee algunos fragmentos para exhortarnos a la lucha social y después cada quien sale rumbo a su casa.

Hemos conmemorado el derramamiento de sangre en Plaza de las Tres Culturas, un derramamiento que sigue vigente en las sierras de Guerrero. Para cuando cae la lluvia y se lleva para siempre al día soleado, en Plaza de Armas sólo quedamos ocho.

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