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Tacón Vaquero: El emprendimiento de un joven que homenajea sus raíces

José Alfredo Flores Zaldívar, originario del pueblo “Juando”, (municipio de Acambay de Ruiz Castañeda) del Estado de México y con tan sólo 19 años, inauguró, su primer emprendimiento; “El tacón vaquero”, una taquería tradicional mexicana ubicada en el municipio de San Juan del Río, Querétaro, la cual busca, ser un sustento para su hogar, pero también, un constante recordatorio de que las raíces son el motor de cualquier negocio familiar que se erige más allá de donde nacieron sus dueños y trabajadores.

Una historia con sabor auténtico

“Somos originarios de un rancho del estado de México, hace unos años, mis hermanas se vinieron a la ciudad (SJR) en busca de mejores oportunidades, a estudiar, y hace un año que yo me vine.

Nuestra familia siempre se ha dedicado a la ganadería y nuestro padre nos ha inculcado el cuidar y engordar al ganado, siempre pensando en que nosotros mismos somos quienes nos vamos a alimentar de ello.

Por eso, en las engordas nunca se han usado químicos como clembuterol ni nada por el estilo, entonces cuando coincidimos con gente de la ciudad y empezamos de pronto a compartir algo de nuestras comidas siempre nos hacían ver eso, de que las carnes tenían un sabor muy diferente y de ahí justamente nace la idea, de poder traer a nuestros amigos y conocidos ese sabor de la carne del rancho y sobre todo lo saludable que es, a través de un producto que es muy rico”, relata José.

Desde su infancia con un vasto conocimiento en la ganadería y proceso de la carne más natural que existe, una vez instalado en la ciudad de San Juan del Río para dar comienzo a sus estudios en Contador Público, José, viendo que la demanda económica era mayor, funda Tacón Vaquero, donde además de proveer sustento, ha podido a emplear a un amigo suyo.

“Desde muy chiquito yo siempre acompañé a mi padre, y pues ahí empiezas a aprender muchas cosas y yo he visto con mis hermanas que, aunque ya terminaron su carrera, la verdad es que luego es bien difícil encontrar un buen trabajo o uno en el que te paguen bien. Así que, vi en un emprendimiento la idea de que, aunque es muy importante estudiar, porque te abre muchas posibilidades, también está bien tener un plan B por cualquier cosa.

Creo que eso es lo que me motivó, la idea de poder a la par de mis estudios ir poco a poco consolidando un negocio que me ayude a en un futuro solventar de mejor manera los gastos que se presentan. Eso y obviamente la idea de poder ayudar a mis papás con mis gastos universitarios, ya que, si bien es cierto, yo estoy muy agradecido con ellos porque siempre me apoyan, también la verdad, sé que es difícil mandarnos como hijos de un rancho donde vivíamos todos juntos, y compartíamos gastos y comida, a la ciudad, donde hay que pagar extra”, declara José.

Estudiar y emprender: el plan B que se volvió pasión

Con el nombre del “Tacón Vaquero”, José tiene la intención de homenajear sus orígenes familiares, demostrando el orgullo de venir del campo a formarse profesionalmente en una ciudad, sin la necesidad de desprenderse de estas raíces o reinventarse al cien por ciento de manera forzada.

“Quería trasmitir lo que yo soy, muchas veces es difícil llegar del rancho a la ciudad, porque, aunque no debería existe ese estigma de la gente de rancho, y yo pese a ello siempre me sentí muy orgulloso de ser de ranchero y pues esa es la idea del nombre, el orgullo que siento de ser de un ranchito y de que antes de venirme a estudiar, ese ambiente vaquero y de rancho es lo que me define”, sentencia José.

Emprender con el corazón: familia, esfuerzo y solidaridad

A pesar de los beneficios y el aprendizaje, José reconoce que el emprendimiento no ha sido tarea sencilla y en las malas rachas de ventas, recalcando su edad, ya ha tenido que afrontar los problemas de cualquier empresa, crisis, empleabilidad, o perdidas.

“He avanzado con el apoyo de mi familia, y de José Juan que es mi amigo que nos ayuda, porque mis hermanas y mamá me ayudan mucho y a veces incluso sin un sueldo como tal y eso hace que podamos afrontar los días que hemos tenido con ventas altas, y que cuando vendemos poco, pues, yo afortunadamente no tengo como ese peso de pagar a trabajadores que, si se necesitan porque no es solo vender y ya, hay una preparación detrás que conlleva mucho tiempo.

Y pues la verdad cuando hemos tenido ventas bajas yo le agradezco mucho a mi amigo porque se ha portado empático y solidario y a veces, aunque yo siempre trato de pagarle su sueldo, aunque yo quede sin ganancia, él luego cuando ve que no vendemos o así, ni siquiera quiere cobrarme, o me dice que cuando vendamos bien le pago lo de ese día, y eso ha hecho, pues, que yo me sienta apoyado en todo momento”, concluye José.

Angel Avila Zapata

Periodista/escritor. Me gusta escribir sobre lo que sé y leer sobre lo que ignoro.

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