Turismo, ¿catalizador de paz y desarrollo?

El 27 de septiembre se celebra el Día Mundial del Turismo, y este año está dedicado a su relación con la paz, entendida no solo como la ausencia de conflicto, sino como el resultado de las relaciones humanas. Aunque el turismo no es la panacea para resolver los problemas globales, sí puede llegar a ser un impulsor de soluciones y un motor de cambio.
El turismo tiene el potencial de ser un catalizador para la paz y el desarrollo, siempre y cuando se aborde desde una perspectiva integral y regenerativa. Esto implica trabajar más allá de la sostenibilidad, también es importante incorporar acciones que permitan a la sociedad reflexionar sobre cómo nos relacionamos con nosotros mismos, con los demás y con la naturaleza. Estas relaciones son fundamentales para entender el papel del turismo en la consolidación de la paz.
Aunado a lo anterior, el turismo, considerado como un fenómeno social, debe abordarse desde un enfoque holístico. Esto significa integrar acciones que no solo promuevan la sostenibilidad, sino que también fomenten pausas reflexivas en diversos ámbitos de la sociedad acerca de nuestras conexiones con los demás y con la naturaleza.
En Querétaro existen diferentes proyectos turísticos con esta mirada, algunos liderados por personas de la cultura hñahñu como Hoky (taller artesanal de muñecas lele y dontxu), Dyx´a´i (medicina tradicional) y Ra Xöza (cocina tradicional). Otros proyectos son: Ix Artte (taller artesanal que trabaja el ixtle), Sierra Gorda Ecotours (empresa integradora), Suelo Vivo (emprendimiento) y ejido Tejamanil (realizan actividades de terapia forestal), Los Sauces (campamento ecoturístico), por mencionar algunos.
Entonces, el turismo puede desempeñar un papel central en las iniciativas de reconciliación, aprovechando su capacidad para generar desarrollo e inclusión social, además puede ser un puente para construir entendimiento y respeto mutuo entre turistas y comunidades locales. Esto es fundamental para la reconstrucción de sociedades afectadas por conflictos. Sin embargo, la relevancia del turismo no se limita a contextos de guerra; las dinámicas cotidianas de interacción también son significativas.
Es fundamental reconocer que el turismo, aunque puede acelerar procesos de desarrollo positivo, también puede tener impactos negativos como la sobreexplotación de recursos, la gentrificación y la mercantilización de la cultura. Por ello, es vital incluir a los diferentes actores que conforman la actividad turística, así como brindar oportunidades y visibilizar las voces de quienes participan en la gestión comunitaria para asegurar que los beneficios del turismo se distribuyan equitativamente.
El turismo puede ser un motor de desarrollo y paz, pero solo si se aborda con una visión integral y regenerativa. Fortalecer las acciones que permitan desarrollar políticas de turismo con esta mirada es fundamental, ya que no solo se trata de generar destinos visitables, sino también de construir y fortalecer destinos habitables. Al hacerlo, el turismo puede contribuir a la paz y al desarrollo, reflejando los impactos locales en un contexto global.
En suma, el turismo tiene el potencial de ser un catalizador para la paz y el desarrollo, siempre y cuando se aborde desde una perspectiva que incluya a todos los actores y considere tanto los beneficios como los riesgos. Solo así se podrá construir un turismo verdaderamente inclusivo y regenerativo.



