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“Ya vamos llegando, el diario está temblando”

Por Miguel Tierrafría

Aquel día fui ciudadano universitario y no reportero.

Me pareció prudente y hasta justo irme a manifestar, porque ante todo soy estudiante y tenía ganas de cargar con una cartulina en protesta contra el sistema, los medios de comunicación, los partidos políticos, todo lo que implicó la marcha #YoSoy132.

Algunos compañeros me preguntaron que a qué hora sacaba la cámara, que si me había tocado cubrir, etcétera. No.

Esta vez fui en mi derecho de manifestarme, ese día no me manifesté a través de la palabra escrita, sino que ahora lo hice con mentadas de madre, con gritos.

Llegué a la fuente de Rectoría de la UAQ con uno de mis mejores amigos, directo a lo que íbamos, aunque eso sí, no traíamos cartulina, ni los libros para intercambiar.

Vi que poco a poco llegaban mis compañeros estudiantes, me sentí emocionado, porque, he de confesarlo, era mi primera marcha y a la primera que asistía sin tener que tomar nota de lo sucedido, ahora me limitaría a formar parte de la nota, hacer y escribir la historia, creo que eso está mejor, ¿no lo creen?

Enseguida los chavos que organizaban la marcha #YoSoy132 comenzaron a juntar a los contingentes, a la banda, para así hacer el intercambio de los libros; creo que no resultó mucho el ejercicio, muy pocos sabíamos que teníamos que compartir un libro, pero en fin, el hecho era que muchos veníamos en pro de hacer uso de nuestra libertad de expresión.

Finalmente salimos después de mucho esperar en el sol que pegaba con madres. Yo iba en bermudas y con una playera ligera, listo para lo que se viniera, o para lo que se caminara. Comenzamos a andar a través de las avenidas internas de la UAQ, recorriendo Contaduría y Administración, Psicología, hasta salir por la entrada-salida de la Facultad de Derecho. Y tomamos rumbo hacia la calle de Hidalgo.

“La gente consciente, se une al contingente”

No niego el hecho de que todos íbamos con un fin particular, pero no había unidad en los cantos. “Hace falta que alguien organice este pedo, que grite y que todos lo sigamos”, decía un compañero que ni conocía pero que igual el hecho de ir en la marcha nos unía.

Sí, tenía razón porque los de adelante llevaban su fiesta particular, los de en medio, medio gritaban y los de atrás medio los queríamos seguir, hasta que comenzamos poco a poco a alzar la voz.

Televisa, Tv Azteca, te idiotiza, te apendeja”, “La gente consciente, se une al contingente”, “Prensa vendida, cuéntenos bien”, gritando hasta quedar un poco afónico. Y luego yo que tengo una vocecita pues ya se imaginarán.

La gente como entre ¿qué está pasando?, éstos que manifiestan pocos aplausos, y alguna que otra persona llorando. Sí, llorando y levantando el pulgar hacia los que íbamos, una sensación rara, gratificante de lo que muchos estábamos haciendo y los que no también.

Recuerdo cuando doblamos la calle de Hidalgo y nos dirigimos a Ezequiel Montes, ya se veía a lo lejos entre los carros, los semáforos y la gente expectante, las instalaciones del diario Noticias. Fue increíble cómo empezamos a gritar “prensa vendida, cuéntenos bien”, “ésos son, ésos son, los que chingan la nación”, “no vine por mi torta, yo vine por mis huevos”, en otros puntos del contingente gritaban otras consignas, que no había ni cuál gritar.

Mi amigo y yo decidimos gritar lo primero que se nos viniera en gana. De pronto se me ocurrió la idea de hacer lo que los aficionados en los estadios hacen a los porteros cuando despegan un saque de meta: “ehhhhh puuuutoooo”.

Entonces levanté mis manos y las comencé agitar como si quisiera volar y volteé hacia atrás para que me siguieran. Lástima, nadie me hizo caso, todos seguían mentando madres. Pos sigamos mentando madres.

Abandonamos a Noticias para seguir siendo noticia entre las calles de la ciudad. Continuamos caminando, gritando y toda la cosa por Ezequiel Montes, doblamos Zaragoza y ahí comenzó lo bueno.

Algunos automovilistas, aún varados en el tránsito debido a nuestro despertar, daban ánimos a los que aquí íbamos, emitiendo sonidos con el claxon, sacando su mano y levantando el pulgar, como legitimando la expresión, apoyándonos.

De pronto a alguien se le ocurrió empezar a gritar “Claxon, claxon” y los demás lo comenzamos a seguir, agitando nuestras manos, o las que teníamos disponibles. Así nos la llevamos, aunque era mucho el cansancio de ir caminando bajo los rayos del sol, que de verdad era intenso.

 

Camioneta Silverado con estampado de Peña Nieto, otra víctima de la manifestación

Doblamos a la calle de Pasteur y que ahí nos topamos a los acarreadillos Loyolas. Lástima por esos chavos que son carne de cañón para los políticos, y aparte los exponen a situaciones bochornosas que afortunadamente no sucedieron en el momento, ya que sólo les gritamos “ésos son, ésos son, los que chingan la nación”, “no vine por mi torta, yo vine por mis huevos”, etc.

Algunos quisieron encender los ánimos, cuando corrieron a plantarles las pancartas en la cara de los chavitos, me parece que casi ni había quienes los protegieran, y afortunadamente algunos compañeros hicieron valla para que no ocurrieran percances.

Seguimos por Constituyentes y que en el tránsito que ya habíamos parado, nos topamos con una camioneta tipo Silverado con estampados totales de Peña Nieto, el PRI. Igual.

Fuimos corriendo a plantarle las pancartas, a mentarles la madre, hacer las britneyseñales, las garritas de gato, el unísono “Buuu”, “ésos son, ésos son, los que chingan la nación”.

Continuamos gritando, inventando nuevas consignas, siguiendo a los que empezaban las mentadas de madre, ya llegando a Diario de Querétaro. “Ya vamos llegando, el diario está temblando”, cantaban algunos hasta hacerse una sola voz.

Cuando por fin llegamos al Diario, que nos aperramos ante el edificio. Igual, la tónica de toda la marcha “Ésos son, ésos son los que chingan la nación”, “Prensa vendida, cuéntenos bien”, etcétera.

Hasta que el silencio trataba de hacerse presente para que quienes convocaron a la marcha siguieran su protocolo de discursos. Las mentadas de madre no dejaban de cesar. Finalmente el silencio se hizo entre quienes íbamos.

Convocaron a cantar el himno nacional e izaron la bandera. Yo esperaba terminar de cantar, para ver las expresiones de quienes tenía a mi lado y escuchar los aplausos.

Sin embargo una imagen me invadió durante el canto del himno y me perturbó: algunos chavos levantando su mano al estilo Mussolini o Hitler. No es contradictorio tener esos símbolos fascistas en un movimiento que busca la democratización. Fue algo que no entendí.

Entre el chayote, el minuto de silencio por la muerte del periodismo objetivo, la continuación de las mentadas de madre, el mariachi que en La Cantinita empezó a tocar, los que cantaban el Cielito lindo, los que quemábamos (literal) un Diario de Querétaro, así se dio esta marcha #YoSoy132.

Al menos ésta es mi versión de universitario, bueno aunque pareciera ser que el reportero fue quien escribió esto. Pero que quede claro, fui de manifestante, no de reportero.

 

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