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Yo fui a la mañanera: La búsqueda de la gracia del dedito presidencial

Cada silencio, cada pausa era la oportunidad. “¿Acaso seré yo el elegido?”, era la pregunta que rondaba mi cabeza. Las manos se levantaban cada que se podía, pero conforme el dueño del podio hilaba un discurso más largo, volvían a bajarse en espera de la oportunidad de cuestionar al presidente.

Los más felices eran también los propios miembros del gobierno estatal, pues la sonrisa de la jefa de prensa de Kuri iba de oreja a oreja, un contraste con Luis Bernardo Nava, presidente municipal de la capital, quien se mantuvo serio en la primera fila del acto. Dichosos los invitados a la mañanera de López Obrador.

El llamado fue a las 5 de la mañana. Sólo los acreditados pasarían la puerta 4 del campo militar, claro, luego de una verificación triple: notificar que llegaste, el pase de lista de un militar y la presentación con credencial del medio ya en la entrada. En la plaza principal, se observa a lo lejos la carpa blanca, la cual contiene sillas, trípodes, cámaras, el podio presidencial, una pantalla y la leyenda “CONFERENCIA DE PRENSA QUERÉTARO 22 DE ENERO DE 2024”.

Dicen quienes ya han ido a estos actos, que lo mejor era ir desayunados, pues Palacio Nacional no ofrecía ni un agüita. Pero como maná del cielo, unas mesas estaban listas para alimentar a quienes salieron de sus casas antes que el sol. Pan, yogurt, jugo, té, cuernitos, fruta y un café que se presumía colombiano abrigaron los corazones esa mañana.

Antes de pasar a la carpa, era conveniente repasar los mandamientos de la conferencia matutina, los cuales se hicieron llegar una noche antes. Palabras más, palabras menos decían:

No preguntarás más de dos cosas (mandamiento roto)

Estarás debidamente identificado con una credencial del medio y pase de prensa

Te conducirás con respeto

Mantendrás libres los pasillos

No harás llamadas dentro de la conferencia

No harás gestiones ni peticiones personales (mandamiento roto)

A las 6:50 comienza el acceso. Dos filas: a la izquierda la prensa nacional y a la derecha la prensa local. Como en las calles del Centro, el paso sería uno a uno. Por cierto, Lord Molécula no atendió la invitación a Querétaro, entre la fila de reporteros nacionales no se observaba al icónico personaje de las ruedas de prensa diarias.

En cuanto se abre el acceso, los medios nacionales corren para tomar (por no decir agandallar) el mejor asiento. Esas carreras sólo se ven al acabar un Super Bowl, cuando la prensa corre para entrevistar a los ganadores de ese juego. El tema es que en la mañanera no importa tanto el lugar, sino el dedito.

Poco después, aparecen Ginette Amieva, titular de la Unidad de Comunicación Social, Luis Alberto Vega Ricoy, vocal ejecutivo de la Comisión Estatal de Aguas (CEA) y Luis Bernardo Nava, alcalde capitalino. La vocera aprovecha y saluda a algunas personas, se pasea antes de comenzar la conferencia.

Las cámaras hacen sus últimas pruebas. A la izquierda, todo el equipo técnico está listo para llevar a cabo la transmisión desde Querétaro. El evento estaba a nada de comenzar.

En la espera, más de una persona quería su selfie o fotografía en ese espacio. Era como acudir a un foro de televisión. Más adelante, se sentiría como una versión de En Familia con Chabelo cuando se diera el cambio de secciones, pues pasábamos de hablar de agua a seguridad, de regreso al agua y luego del precio de las gasolinas.

Ánimo…

A las 7:10 se escucha una voz que dice “Buenos días. Ánimo”. Comienza el desfile del presidente y de funcionarios. Entre ellos, claro, el gobernador Mauricio Kuri, quien se dispone a tomar asiento luego de preguntar con las manos cuál era su silla. Comienza la liturgia mañanera con las palabras de López Obrador y luego, Mauricio Kuri.

Más tarde ese día, alguien me diría que, aunque el gobernador es muy alto, ese día se vio chiquito. Que sus más de 1.80 no eran nada contra los 1.73 metros del presidente de México y la tribuna con el emblema “Estados Unidos Mexicanos”. El nerviosismo del gobernador era discreto pero visible. La figura presidencial pesa.

En un momento, el presidente señala que “Mauricio” sí verá la conclusión del sistema Batán Agua para Todos, porque “[el titular de la CEA] ya se comprometió”, dijo al tiempo que señaló a Luis Alberto Vega. Desde su lugar, el funcionario estatal levanta los dos pulgares en señal de que así será.

A lo largo de las casi dos horas de la conferencia, era increíble la capacidad de la línea de honor para ser piedras casi inmóviles. El suelo del campo militar debía tener algo, porque el gobernador y la secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde, perdían su mirada en el mismo por varios minutos.

Pero otros tienen un papel más dinámico, como Jesús Ramírez Cuevas, vocero de la presidencia, quien mira por un instante su teléfono y luego al presidente y luego al centro que opera la transmisión. Las cámaras también pasean por sobre quienes estamos en las filas. Interesante que cuando toman la palabra, hay una cámara que se coloca frente a la línea de honor, obstruyendo la visión de funcionarios, pero captando al interlocutor.

Llegó el momento de las preguntas. Ginette Amieva sonríe cuando ve que la primera es para alguien de Querétaro. Luis Nava por su parte, se mantiene serio desde la primera fila donde lo sentaron. En ningún momento intervino ni se hizo alusión a su persona en la conferencia matutina del presidente.

El dedito no favorece

“Lo que diga mi dedito”, es la frase recurrente de López Obrador para cuando quiere dejar clara una postura. Ese dedo presidencial, era también la oportunidad de cuestionar al primer mandatario. Entre pausas y silencios, todas las manos se levantaban, pero caían conforme el discurso del presidente se alargaba.

Y es que podía pasar de halagar a Kuri a la deuda pública o de desear estar en el infierno a hablar de corrupción. Cualquier momento era oportuno para preguntar. Pero el dedito tomó otras decisiones que le cuestionaban temas importantes como el tren México-Querétaro, pero que también rompían los mandamientos de la mañanera por presentar problemas personales.

Por un momento, un rayo de sol que cae sobre uno, a través de un agujero de la lona, hace pensar que el presidente dirá “este es el que me hará la pregunta, escúchenlo”. Pero fue una falsa alarma. La posibilidad se esfumó en cuanto el presidente decidió cortar su conferencia porque era momento de desayunar.

El protocolo se rompe y las preguntas empiezan a llover. Brevemente se habla de una reunión con congresistas estadounidenses y ahora sí procede el desayuno. “Ahora sí vámonos al café. El café y el pan”, concluye López Obrador. Se toma la foto oficial con Kuri y salen para seguir su agenda. Podemos ir en paz, la mañanera ha terminado.

Epílogo

Ginette Amieva y Luis Alberto Vega aprovechan para tomarse unas fotos con la pantalla al fondo. Todavía proyectaba la leyenda “2024, año de Felipe Carrillo Puerto”. Deja al funcionario y tiene lugar una entrevista para profundizar en el proyecto hídrico recién presentado.

Al concluir, los curiosos que todavía están sobre la escenografía son dispersados para comenzar a guardar el equipo. Al final, también quedó la duda de si el fondo utilizado en la conferencia era de lona o cartón, ya no hubo tiempo de tocarlo para sacarse de dudas.

La salida es de nuevo por la puerta 4. Con el presidente a poco más de 8 de dejar el cargo, ésta fue tal vez su última visita a Querétaro y segunda y última conferencia matutina. Después de estar dos horas sentado y despierto desde las 4 de la mañana, todavía queda el ánimo de decir “Yo fui a la mañanera”.

David A. Jiménez

Jefe de Información de Tribuna de Querétaro y reportero investigador del semanario desde 2014; me especializo en temas de política local y asuntos municipales. Maestro en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

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