Caminar en Querétaro: un acto de resistencia en una ciudad diseñada para el automóvil

En una ciudad que crece a ritmo acelerado, caminar debería ser un derecho, no un riesgo. Sin embargo, en Querétaro, el acto más elemental de movilidad —caminar— se ha convertido en una práctica llena de obstáculos, desigualdades y omisiones históricas en la planeación urbana.
La evolución urbana de Querétaro revela un patrón de crecimiento que ha ido fracturando su traza original. Desde su fundación en el siglo XVI con una retícula regular que facilitaba el control del territorio, la ciudad mantuvo dimensiones humanas durante casi cuatro siglos. Sin embargo, a partir de la década de 1960, con el auge del capital inmobiliario y la entrada del modelo neoliberal, la mancha urbana se expandió de forma descontrolada. De acuerdo con la investigación doctoral desarrollada por un servidor en la Universidad Autónoma de Querétaro, mientras en 1900 la ciudad ocupaba apenas 230 hectáreas, para 2020 alcanzó las 24,500 hectáreas, creciendo cinco veces durante los primeros 80 años del automóvil y ocho veces más en el período neoliberal. Este crecimiento radial y disperso rompió la retícula fundacional, generando discontinuidades en la traza urbana y haciendo de la caminabilidad una tarea cada vez más difícil.
Más del 60% de la población de la zona metropolitana se mueve de manera sostenible: a pie, en bicicleta o en transporte público. Sin embargo, esta mayoría —compuesta principalmente por personas de niveles socioeconómicos bajos y medios— recibe solo una fracción mínima del presupuesto destinado a movilidad. Mientras el automóvil particular acapara más del 70% de la inversión en infraestructura vial, las banquetas, el arbolado y el mobiliario urbano brillan por su ausencia en gran parte de la ciudad.
El estudio, que analizó la accesibilidad peatonal mediante un modelo espacial con inteligencia artificial, revela que la red vial de Querétaro ha sido históricamente diseñada bajo un “paradigma coche-céntrico”, heredado de normativas obsoletas como el Manual de Proyecto Geométrico para Carreteras, que data de los años 70 y prioriza el flujo vehicular sobre la vida peatonal.
En este contexto, la reciente Ley General de Movilidad y Seguridad Vial (2022) representa un avance al reconocer conceptos como progresividad, espacio público y movilidad sostenible. Sin embargo, su implementación en Querétaro ha sido controversial. Las autoridades estatales y municipales han mostrado lentitud y resistencia en homologar sus marcos legales locales con la nueva normativa federal, particularmente en aspectos clave como el diseño vial orientado al peatón y la redistribución del presupuesto hacia modos sostenibles. Esta falta de voluntad política mantiene vigente un modelo vial que sigue privilegiando al automóvil, mientras que la inseguridad continua para peatones y ciclistas quienes son las principales víctimas, especialmente en zonas con alta demanda de transporte público y nula infraestructura protectora.
Pero no se trata solo de falta de banquetas o de semáforos. La “caminabilidad” en Querétaro está directamente ligada a la lucha de clases en el espacio público. Quienes más caminan son quienes menos recursos tienen, y sin embargo, son los más excluidos del diseño urbano. Mientras, las clases medias y altas —que representan la minoría en los modos de desplazamiento— gozan de mayor infraestructura y seguridad vial.
A manera conclusiva, caminar en Querétaro hoy es más que un modo de transporte: es un acto de resistencia frente a un modelo urbano que privilegia al automóvil y margina a la mayoría. Recuperar la calle como espacio público y humano no es solo una cuestión de movilidad, sino de justicia social.




Ojalá ésta nota llegue con todo a las autoridades.
Y les de vergüenza, porque se dice un gobierno inclusivo.
Yo soy peatón 🚷 y si cuesta trabajo atravesarse.
Los paraderos, obscuros.
Querétaro siempre elitista y clasista.
Pierde su objetividad al ligar el problema a una política neoliberal y de lucha de clases. En principio, el urbanismo es una materia que en todas las ciudades del pais, no sólo en Querétaro, ha sido aplicada de forma deficiente y con preferencia al automovilista. Su artículo se centra en su visión del problema pero no en plantear soluciones. Problema en el cual usted no percibe la falta de puentes peatonales, sino al neoliberalismo que dice se aplicó desde 1960. Pero no habló del crecimiento del transporte público, que sigue siendo insuficiente, pero en el cual si ha habido una importante inversión.
La zona del centro histórico debería estar libre de autos, pero también de motocicletas y debería haber reglas para el uso de scooters.
Pero debe también haber una inversión en puentes peatonales en los libramientos norte y surponiente, zona urbana de Juriquilla, municipios de Corregidora, Huimilpan.