EDITORIAL

Diciembre de 1993, última noche del año, aparece en las plazas de diferentes cabeceras municipales chiapanecas el número 1 de “El Despertador Mexicano”, publicación cuyo nombre rememora aquel “Despertador Americano”, primer medio impreso de difusión de los insurgentes durante la guerra de Independencia en 1810. Era el órgano informativo del EZLN y no llegaba sólo, era empuñado en manos también armadas de milicianos y bases de apoyo de lo que desde entonces conoceríamos como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y que se convertiría en un referente mundial de la lucha anticapitalista. Llevaba en sus palabras escritas la declaración de guerra en contra del ejército y gobierno mexicanos y llamaba a la población a la insurrección en una guerra de los pobres y explotados que consideraron necesaria. Argumentaron:
“Llevamos caminando cientos de años pidiendo y creyendo en promesas que nunca se cumplieron, siempre nos dijeron que fuéramos pacientes y que supiéramos esperar tiempos mejores. Nos recomendaron prudencia, nos prometieron que el futuro sería distinto. Y ya vimos que no, todo sigue igual o peor que como lo vivieron nuestros abuelos y nuestros padres…”
“El Despertador Mexicano” incluía también 10 leyes revolucionarias en materias como la tierra, la educación, la seguridad social, la industria y el comercio, el trabajo, la justicia social y una entonces muy novedosa “Ley Revolucionaria de las Mujeres”.
A 30 años de ese amanecer histórico, parece aún insuficiente la comprensión que tenemos de las implicaciones y relevancia de ese levantamiento mayoritariamente indígena, tanto para ese momento coyuntural, como también para los años que vendrían y para entender al México actual. No pocas voces minimizaron entonces el acontecimiento y lo siguen haciendo hoy mediante la invisibilización o menosprecio por los actores y procesos políticos y sociales que se han detonado a causa suya.
De ese primer llamado y de las leyes mencionadas, mucho se ha transformado en la lucha y en la estrategia política el neozapatismo; el contexto, el proceso histórico y la propia autocrítica se los ha requerido. De la lucha armada y las demandas planteadas de manera muy general en sus primeros escritos públicos, se ha transitado manteniendo congruencia en lo fundamental, por procesos como los diálogos de la Catedral de San Cristóbal, la Convención Nacional Democrática, los Acuerdos de San Andrés y su traición por parte del gobierno, la construcción de la Autonomía en sus territorios, las marchas por el país, la fundación del Frente Zapatista de Liberación Nacional y el impulso al Congreso Nacional Indígena, por mencionar algunos.
Los zapatistas reconocen cambios y logros en su lucha: respecto de la alimentación con el aprovechamiento de las tierras expropiadas, en la salud y educación con la solidaridad externa y con su propia preparación y conocimientos, en el trabajo, el autogobierno y la convivencia pacífica con sus vecinos no zapatistas, a través de la organización y del diálogo. También han conocido tropiezos y desaciertos, además de desencuentros.
Hoy, con la veintena de comunicados emitidos a finales del 2023, el zapatismo, replantea caminos y aparece nuevamente como una necesaria alternativa anticapitalista. Desde su tiempo y su lugar, sin pretender ser modelo para otras experiencias, sino praxis que se comparte, traza la reconstrucción de sus formas de organización: para la producción desde “lo común” y la “no propiedad” y para el gobierno de los pueblos desde un nuevo modelo autonómico.
Plantean en adelante, como base material y forma de producción, un modelo que combine el trabajo individual-familiar, con el trabajo colectivo de los pueblos y con el trabajo común en las tierras recuperadas y con medios de producción comunes, lo que llaman la “no propiedad” (distinguiéndola así también de lo colectivo). Para compartir esa tierra y ese trabajo comunes, invitan a sus vecinos “partidistas”, es decir a los no zapatistas, y además a personas de “otras geografías”.
De esta forma los indígenas rebeldes del sur, como hace 30 años, continúan experimentando a contracorriente con transformar y mejorar su realidad e invitándonos a los demás a hacer lo propio, dado que, según sus palabras “…sigue el viaje por la vida. Por la lucha, pues”.
Tribuna de Querétaro presenta hoy un ejercicio de reflexión en el 30 aniversario del levantamiento zapatista, contando con la participación de diversos invitados e invitadas que comparten su palabra; haciendo memoria o crítica, provocando o compartiendo, desde enfoques y temas diversos; algunas son miradas desde la experiencia vivida en Querétaro como resonancia del movimiento armado en el sur. Todo esto con el objetivo de que este número sea no sólo de interés para sus lectores, sino sea herramienta de su propia reflexión, individual o colectiva, desde sus contextos y geografías particulares.
Antonio Flores González Director invitado



