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Homofobia

Todavía no se resuelve el caso del cobarde homicidio de Marco Antonio Hernández Galván, el Kikín queretano, cuando en el escenario del Querétaro sangriento aparece un crimen de odio. El pasado 21 de junio fue asesinado el psicólogo Octavio Acuña, activo luchador en favor de los derechos de las minorías sexuales, perteneciente a la Asociación Queretana de Educación para la Sexualidad (Aquesex) y propietario de la condonería “De Colores”.

Caldo de cultivo

En las farmacias Guadalajara no venden condones; la Iglesia Católica reacciona irracionalmente ante la posibilidad de los matrimonios homosexuales; en el Vip’s de Madero prohíben la entrada a quienes se visten diferente y tienen preferencias sexuales distintas; la diputada panista Raquel Jiménez sólo destaca en el ámbito estatal por su intolerancia a los derechos reproductivos de la mujer; los jerarcas de la Iglesia Católica (one more time) consideran a la homosexualidad como una enfermedad, pero guardan un silencio cómplice en el caso del pedófilo dirigente de Los Legionarios de Cristo, el sacerdote Marcial Maciel: la Guardia Municipal pisotea los derechos ciudadanos de la población homosexual, al no permitirles se reúnan en espacios públicos, como el Jardín Guerrero y, en el colmo de los colmos, Pablo Enrique Vargas, Presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Querétaro, está más preocupado por conmemorar el bicentenario del nacimiento de Hans Christian Andersen, creador del “Patito feo”, que en atender las denuncias de agresión a la comunidad lésbico gay.

Crimen y castigo

Este crimen de odio ha sido condenado por diversas organizaciones no gubernamentales, organismos internacionales, activistas de derechos humanos, partidos políticos y ha merecido la atención de revistas y periódicos de circulación nacional. Los denunciantes exigen al gobierno del estado el esclarecimiento del asesinato y castigo a los culpables.

Indiferencia

Querétaro, duele decirlo, es un riesgoso lugar para vivir. En lo que va del sexenio de Francisco Garrido Patrón se han acumulado una serie de agravios a la sociedad civil que van desde la impunidad en el asesinato del Kikín queretano, pasando por los líderes sociales de Antorcha Campesina y El Batán encarcelados y la virtual ley mordaza impuesta a la mayoría de los mass media, vía el soborno y la censura. Eso sin contar el narcomenudeo y el crimen organizado y desorganizado que asola la ciudad.

Es necesario exigir a las autoridades que garanticen no sólo la seguridad de los poderosos, también la de los ciudadanos de a pie. La sociedad civil no está exenta de responsabilidad, nos hace falta desterrar la cómoda apatía del hombre por el hombre:

Primero se llevaron a los negros pero
a mí no me importó
porque yo no lo era.
Enseguida se llevaron a los indios,
pero a mí no me importó
porque yo no lo era.
Después detuvieron a los pobres, pero
como yo no soy menesteroso
tampoco me importó
Luego apresaron a los homosexuales,
pero como yo no soy homosexual
tampoco me importó.
Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde”.
(Paráfrasis del poema de Martin Niemóller).

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