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Intersección entre la educación menstrual, la salud menstrual y la cultura de paz

Hablar de la menstruación en espacios como este es algo que recién se ha ganado para muchas de nosotras, quienes menstruamos y deseamos abordarlo como tema y como experiencia, en lo público y lo privado, porque sí, aquí se menstrua. La ciencia médica ha tenido las mejores licencias para descubrir, describir, diagnosticar, solucionar y proponer sobre muchos aspectos de lo que representa la salud y la vida del ser humano. Hoy, gracias a las activistas menstruales, las académicas y todas las mujeres que siguen rompiendo las barreras del tabú de uno de los temas más velados también en la educación, es que se puede identificar que la salud menstrual es un asunto de lo público y que la educación menstrual debiera reconocerse más y mejor al interior del enfoque integral de educación sexual, y no solo eso, del sistema educativo en general.

Las necesidades y las urgencias son palpables, esto nos exige también, ir paso a paso, identificando y proponiendo, siendo conscientes de los procesos de cambios, que para nada son fáciles cuando de alguna manera se va un poco en contra de cierto orden establecido. Pero, ¿Por qué hablar de cultura de paz en relación a la salud y la educación menstrual? En relación a la construcción de la respuesta a esta pregunta he de replicar lo que hace algunos días escuché en voz de una compañera: “la paz comienza con una misma, en el propio cuerpo”. Entonces, hablar del derecho a saber lo que pasa en el propio cuerpo, incluidos los procesos menstruales, se convierte en el motor de la búsqueda, el cómo hacerlo efectivo para niñas y mujeres en una serie de metas a alcanzar y la realidad se convierte en ese camino que se va construyendo. Y ahí están contenidas la educación menstrual y la salud menstrual.

Según la Red de Educación Menstrual (2022), la educación menstrual involucra metodologías, herramientas, estrategias y procesos pedagógicas que permitan la generación de conocimientos, concienciación de saberes y facilitación de un diálogo mutuo para resignificar la vivencia del cuerpo u el ciclo menstrual. Respecto a la salud menstrual se reconoce que incluye la claridad en las estrategias de atención y prevención a aspectos no solo patológicos sino cotidianos en los procesos de salud y enfermedad, por parte del sistema de salud respecto a la salud sexual, la salud reproductiva y ahora también de la salud menstrual, así como la distribución de los insumos para la gestión de los ciclos menstruales. Como vemos, develar estas intersecciones con la Cultura de Paz es algo complejo, porque no podemos dejar de lado el contexto en el que se pretenda situar el esclarecimiento de esos encuentros y desencuentros entre los temas, las perspectivas y las experiencias. Porque no será lo mismo abordarlo con niñas, con adolescentes o con mujeres adultas, o con aquellas que están viviendo la plenitud de la tercera edad. Esto sin considerar que no solo las mujeres menstruamos, pero que por ahora y para fines de este breve espacio de expresión no será tema de abordaje.

Si la Cultura de Paz incluye nuestras creencias, comportamientos y garantía de cumplimento de los derechos humanos, entonces el derecho a la salud, así como el derecho a la educación y el derecho al acceso a la información son algunos puntos de encuentro de las categorías que se convocan en este texto. Pero no es sencillo. Su complejidad es evidente y se hace necesario re-definir lo que se entiende e incluye en cada uno de los derechos mencionados, cuestionarnos sobre los mecanismos de acceso y garantía a la plena vivencia de los mismos, las estrategias de socialización de dicha información con la población en general, y antes de eso, la política pública (hasta ahora inexistente) que permita el reconocimiento de lo menstrual en tema de derechos.

Debieran pues, accionarse mecanismos para incluir la salud y la educación menstrual en las políticas públicas, y que se contemplen y garanticen el pleno ejercicio de los derechos involucrados sin distinción de clase, género, etnia o cualquier otra, de esta manera podríamos acercarnos a la vivencia desde entornos de paz que nos garanticen, además, la no discriminación por la condición menstruante, así como por la creencia o estilo de vivencia que de ésta se tenga.

La iniciativa Menstruación digna como las colectivas que la integran saben de esta necesidad y compromiso que a la vez implica. Hoy, México es un referente en el continente, pero el camino apenas comienza, sostenerlo nos implica a todas, todos, todes. En Querétaro como en muchos otros estados del país, los activismos menstruales se hacen más fuertes, se abren los temas, se promueven las pautas que nos acercan a la realidad que sabemos nos merecemos, hablar libremente de una condición biológica que, rica en significados sociales y culturales, no puede quedarse fuera de las aulas, los espacios laborales y de formación de las universidades.Entonces, la sensibilización e información sobre el tema se hace urgente, el reconocimiento de la experiencia personal cobra importancia, la transformación del discurso para muchas, se vive desde lo real, en el proceso encarnado y los cuestionamientos seguirán haciéndose públicos apostándole a una transformación emancipadora de las niñas, mujeres y personas que menstrúan, aquí podríamos preguntarnos amablemente ¿Cómo hacerlo de forma empática? No tengo la respuesta definitiva pero sí creo que con una visión de paz podríamos alumbrar ese transitar. Porque, así como la paz, la libertad es el camino, nos merecemos menstruar en libertad.

María Magdalena Arana Guzmán

Responsable del Área de Vinculación Estratégica para la Cultura de Paz Universitaria, UAQ

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