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Jesucristo Redentor

El Síndrome de Ciudad Maltratada se tendría que extender no sólo a los habitantes de la ciudad de Querétaro, sino también “a la ciudadanía de paso” que lo padece por poco más de dos horas parados en la carretera y en aras del “desarrollo”.

Me parece que, a su manera, la televisión aporta una línea peculiar de literatura popular y no tan popular. Los guiones de televisión hacen pensar que hay gente, en ocasiones especializada y comprometida, que se esmera en hacer “algo” que valga la pena, considerando como fuente de su inspiración la “vox populi”.

En mi entender, la sabiduría popular es la matriz de las obras maestras de la literatura universal. Hay programas televisivos que ni siquiera por disciplina crítica valen la pena verlos, aunque; por otro lado, es indispensable observar esas “joyitas” de inutilidad para advertir al público el tipo de cultura nefanda que se genera y absorbe; hay otros que están para pasar el rato, distractores ocasionales, siendo escasos aquellos que uno busca no sólo para verlos, sino observarlos y reflexionarlos, es más, hasta para recomendarlos.

En medio de un proceso de duelo, a mitad de semana, se nos hizo fácil tomar la decisión de ir a comer al pueblo mágico de Bernal, supusimos que siendo martes sería, efectivamente, más pueblo que antro y sin más ni más, hacia allá nos dirigimos. Se llega a ese lugar en unos 40-45 minutos, pero en esta ocasión, pasando la Cuesta China y El Colorado, el tráfico empezó a detenerse llegando el punto a estar detenidos en todos los carriles de la carretera. A paso lento, muy lento, los vehículos se iban moviendo, no sin percibir la desesperación y actitudes temerarias de las personas al volante para alcanzar un metro más, un lugar delante de quien sea.

Pasan cinco, diez, quince minutos y no se ve ni siquiera a lo lejos la desviación al aeropuerto/Bernal/Sierra Gorda. ¿Qué habrá pasado? De repente nos encontramos en el acotamiento de la carretera 57 un vendedor ambulante, más adelante otro, otro más y ahora un par de sujetos en medio de la carretera vendiendo garrotes, verificadores de la presión de las llantas para los traileros.

Reflexión: Esto no es de ahorita, para que estén estas personas vendiendo comida y varios es porque tiene tiempo, mucho tiempo. Por fin aparece un anuncio anaranjado y advierte: “Un sólo carril a 2 km de distancia”. De hecho, se llevan 2 kilómetros de automóviles, más otros dos hasta llegar al carril en construcción, o sea 4 o 5 kilómetros de autos, camiones, tráileres, motocicletas, bicicletas y de a pie. Después de 40 minutos subimos por el puente a y en otros 20 entramos al pueblo mágico.

Sin gente, tranquilo, caminable y disfrutable, comimos en un lugar que al parecer se lentifica en el servicio cuando hay poca, por no decir dos parroquianos, en el restaurante: menú rico, bien presentado, afortunadamente sin televisión y en su lugar música agradable que permite conversar.

El regreso, el regreso hizo considerar la posibilidad de hacerlo por La Cañada en vez de la carretera, sin embargo, la costumbre es más fuerte que los cambios y tomamos la decisión de regresar por la carretera 57. Entonces sí nos acordamos de ‘María de Todos los Ángeles’, su archienemiga Doña Lucha y sus célebres frases, una en particular: “Jesucristo Redentor, detén tu ira y tu rigor…” el tráfico ahora está detenido 3 kilómetros antes de llegar al entronque con la 57. Cientos de automóviles, más cientos de camiones tratando de ‘desesposarse’ del tráfico ahora de este lado de la carretera. Bueno, así se veía que el caos estaba del lado de la gente que queríamos regresar a Querétaro, en su defecto México. Digo México porque cualquier otro parroquiano de Ezequiel Montes, Pedro Escobedo, San Juan del Río tomaría la carretera interior en vez de apostarle a esta ruta que se ha hecho un viacrucis apocalíptico, enloquecedor y aterrador. El caos vial afecta la carretera 57 de ida y venida a la Ciudad de México; afecta la carretera que va y viene al aeropuerto y Sierra Gorda. Miles y miles de personas al borde de un ataque de nervios, y que están al volante de sus automóviles, se transforman en personajes de alto riesgo para la seguridad integral de sí mismas y de quienes les rodean.

Si en otro escenario hablé del Síndrome de una Ciudad Maltratada, generado por las implicaciones que tiene la compulsión a hacer un sin número de obras diseminadas por toda la ciudad, ahora este Síndrome se tendría que extender no sólo a los habitantes de la ciudad de Querétaro, sino que ya se extendió “a la ciudadanía de paso” que lo padece por poco más de dos horas parados en la carretera y en aras del “desarrollo”.

Se construyen puentes y se amplía la carretera, sin embargo, el problema no se ve resulto, si es que consideramos los puentes, uno el de Bernardo Quintana en la colonia Álamos, por mencionar, el puente en avenida Universidad y también Bernardo Quintana, y por mencionar el otro que viene y va del Seguro Social y se integra a la 5 de Febrero, viniendo y yendo al Pueblito…

Salve oh Inmaculada casta patrona de Querétaro, ya detén tu ira y tu furor por la construcción”.

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