La Pasarela como Espacio de Libertad, resistencia y subversión: La experiencia autoetnográfica en la escena Ballroom

La primera vez que asistí a un Ball fue después de la marcha Trans/NB, se llamó el Michi-Ball y se llevó a cabo en un espacio ubicado en la calle Primavera cerca del Centro Histórico de Querétaro, la primer persona que me invitó a ir fue Rafacxnino, realmente no sabía a lo que iba pero este primer contacto con la escena fue impresionante; la energía que se vivió en el Michi-Ball era algo que nunca había experimentado, las luces, el sonido, la moda, la pasarela, la sensualidad desbordada y la apropiación del cuerpo, parecía estar en el punto cúspide, mi mente se expandió de una forma que jamás lo pensé, para mí, la vida se divide entre A.d.B y D.d.B (Antes del Ball, y Después del Ball), tuve varias sensaciones recorriendo mi cuerpo y varias emociones, pero sobre todo, sentí curiosidad y aceptación.
Por primera vez, estaba en un espacio donde el cuerpo, la apropiación del erotismo y la sensualidad, pero también la disidencia en general como en la expresión de género eran celebrados de una forma liberadora, y eso me empezó a hacer sentir en casa, seguir yendo a los Balls, hizo que no sólo descubriera partes de mí que eran abrazadas por una comunidad y no criticada, porque toda mi vida me sentí fuera de lugar o rechazada, pero al entrar al ball y conocer a les vogueres, me dio un sentido de pertenencia.
El ballroom me ofreció un refugio, un espacio seguro donde podía explorar mi identidad sin miedo a las expectativas de género que siento fuera de este entorno. Cada vez que subo a la pista, siento que las etiquetas y limitaciones de género desaparecen. En el ballroom, no tengo que justificar mi forma de vestir ni mis gestos; puedo dejarme llevar y simplemente ser.
Siempre en cada evento, me adecuaba al tema, en vestimenta y maquillaje, pero no tenía el valor de participar en las categorías por miedo a las críticas y a las expectativas estructurales que aún tenía introyectadas, pero fue hasta el Trans-silvania Ball que hubo un intermedio de pasar libremente, que pude caminar por primera vez, aunque mis chiques me sugerían que caminara, yo no tenía el valor.
Mis categorías favoritas son Runway europeo y best dress, el best dress me dio el valor de experimentar mi creatividad al vestir y al maquillarme, sin sentir como que la exploración de mi ultrafeminidad desbordada estuviera mal vista, o que esto implicara que mi inteligencia se pusiera en duda, porque inclusive, dentro del movimiento feminista al que me suelo suscribir desde el activismo, esta ultrafeminidad es rechazada, sin embargo, en el ball, no lo es; así el Best Dress se convierte en un ritual de autoconocimiento. Mi vestuario no es solo moda; es una armadura que llevo con orgullo, reflejando una versión de mí mismo que rara vez puedo mostrar en otros espacios. En cada elección de atuendo, de accesorios y de estilo, encuentro una forma de desafiar las expectativas de género y clase, y reafirmar mi identidad única.
En la categoría de runway europeo, cada paso es una afirmación de mi identidad y una subversión de las normas. El movimiento de mis caderas es intencional, un balance entre fuerza y gracia que desafía la rigidez de las expectativas masculinas. En cada desfile, siento que juego con la feminidad y la masculinidad, permitiéndome cuestionar esas dicotomías en un espacio que celebra la fluidez y la transformación.
Cada paso en la pasarela del ballroom es una oportunidad de desafiar las normas de género que enfrentamos todos los días. En best dress, llevo el estilo, el maquillaje, los accesorios, y el “servir” mi outfit como una forma de resistencia. En runway europeo, el manejo de mi cuerpo desafía lo que tradicionalmente se considera “masculino” o “femenino”. Estos movimientos y elecciones estilísticas no son solo una actuación; son una declaración, una celebración de una identidad libre de las etiquetas impuestas por la sociedad; el ya contar con GP en ambas categorías me recuerda que mi forma de ser no es errática, ni superficial que puede ser celebrada y apreciada.
Aún recuerdo la primera vez que me llamaron a un LSS, sentí muchas cosas, una sensación entre nervios y emoción, pero sobretodo, aceptación, había encontrado un lugar en el mundo. Mis amigues vogueres, sin importar la casa a la que pertenecen, diariamente me enseñan cosas sobre la ternura radical, la resistencia, la familia elegida, la subversión, el arte, la corporalidad, el erotismo y la reivindicación de la identidad frente a un contexto ultraviolento, definitivamente mi vida cambió para bien desde que les conocí, y ahora no concibo mi vida sin elles, porque va más allá de los eventos sino es el recordar que están ahi.
Incluso, cada “chomp” es una oportunidad de aprender, de reinventarme y de reconocer que está bien fallar, en un mundo neoliberal, capitalista voraz, farmacopornográfico y destructor, tener un espacio en el que te permitas intentarlo, fallar y volver a intentarlo, es maravilloso y perarador.
El ball es un lugar donde, finalmente, podía mostrarme como soy. Cuando caminé en runway europeo, cada paso y cada giro eran un juego con las expectativas de género; el movimiento de mis caderas y mi postura me permitían explorar y desafiar la rigidez de las normas masculinas y femeninas. En best dress, cada prenda que elegí fue una extensión de mi identidad, una declaración de quién quiero ser en un mundo que rara vez permite esa libertad.
La comunidad que me rodea me dio el valor para explorar nuevas formas de expresarme y me hizo sentir en casa. Gracias al ballroom, descubrí una versión de mí que siempre estuvo ahí, esperando un espacio seguro para expresarse. Hoy, cada vez que camino en la pista, llevo conmigo una confianza que me recuerda que puedo ser auténtica en cualquier lugar.
Reflexión
La experiencia de les asistentes a los Balls reconstruye y descoloca, ya que a través de sus categorías se crea un nuevo mundo con su propio idioma, una nueva relación con el cuerpo y las otras corporalidades, una nueva forma de existencia y resistencia a la hegemonía cisheteropatriarcal, enmarcada entre poses, habilidad corporal, sensualidad y moda, en el que en el es válido enorgullecerse de une misme. En pocas palabras, el Ball salva vidas.
Este escrito es un reconocimiento público a mis hermanes les vogueres, quienes sin importar la casa a la que pertenezcan, me han mostrado el verdadero significado de la familia elegida, la resistencia y el arte como un posicionamiento políticamente amoroso ante una sociedad hostil, violenta y cada vez más abrumadora. Su apoyo y ejemplo me han permitido conocer la ternura radical y la subversión que llevo ahora en cada paso. Gracias a elles, el ballroom se ha convertido en un espacio importante en mi vida, recordándome que la autenticidad y el coraje tienen un lugar en el mundo.




