Invitados

La paz en el centro de los choques de la vida

De la nada, sentí un golpe en el auto. Había ido al cine y venía pensando en “Días perfectos” la película de Win Wenders que había detonado preguntas sobre cómo estoy viviendo y lo que realmente alimenta el corazón y nos da sentido. Dos hombres muy jóvenes se bajaron del auto, y aunque yo había saltado en un instante de la paz a la furia y comenzaba a culparlos por el incidente, ellos continuaron muy amablemente preguntándome si estaba bien. La tercera vez que hicieron la pregunta, me ayudaron a centrarme en ello. Sí estaba bien, los autos se habían dañado, pero ellos estaban bien y yo también.

Muy amablemente, aunque también estaban confundidos y asustados, me confirmaron que pagarían por los daños y que se harían responsables. Un rato después en lo que llegaban los seguros, llegó el padre de uno de ellos, se presentó y volvió a asegurarme que se harían cargo. Más tarde un grupo de amigos ya estaba con ellos en la banqueta platicando y compartiendo. Por un momento sentí que era más una reunión en la calle que un siniestro.

Mis queridos compadres también fueron a ver cómo estaba y el ajustador luego de resolver lo administrativo me contó detalles de su vida y sus procesos de aprendizaje. Al concluir con el asunto habíamos alrededor de quince personas en la calle, hablando y resolviendo.

Aunque sigo resolviendo el asunto con el taller y este incidente trajo actividades que hubiera preferido no vivir, sigo dándole vueltas a la experiencia y reflexionando sobre lo que se necesita para que los conflictos y los “choques” de la vida se sientan como una fiesta callejera, como encuentros que pueden arreglarse, de los que podemos responsabilizarnos, en los que contamos con apoyo… vivencias que podemos contar sin dolor, con aprendizaje y hasta con agradecimiento.

Al pensar en el “Día internacional de la convivencia en paz” que se creó para generar conciencia sobre la eliminación de todas las formas de discriminación e intolerancia (resolución 72/130 de la ONU) pienso en las habilidades que necesitamos como seres humanos para efectivamente convivir con respeto, aceptación, conciencia de nuestras diferencias, compasión por nuestros procesos y mantener activa nuestra capacidad de resolver colaborativamente las situaciones que se nos presentan aún en entornos de imperfección, conflicto o desacuerdo abierto.

Analizar los sucesos de aquel sábado, con un lente de paz, me hace valorar los elementos que fueron necesarios para que el conflicto se resolviera sin daños adicionales, con un cuidado adecuado para ambas partes y con un resultado en el que el conflicto se transformara en soluciones. Pienso en las personas que estuvimos involucradas, dos jovencitos atentos a la persona, responsables de sus actos, con capacidad de regularse, con capacidad de dialogar en momentos de tensión, con capacidad disponible para enfocarse en el resultado, con respaldo de su familia y amigos. Por otra parte, una estructura social-empresarial que responde ante el suceso de forma activa y responsable como lo fueron los vecinos y las aseguradoras.

Otro acercamiento para esto son los Objetivos de Desarrollo Interno, propuesta alternativa que generó un grupo de organizaciones civiles y empresariales en 2023, ante la incapacidad que está teniendo el ser humano de llegar a las metas propuestas en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU, la afirmación detrás de esta propuesta es ¿Cómo pretendemos llegar a la igualdad entre hombres y mujeres, a la erradicación del hambre y la pobreza, a la reducción de las desigualdades, y a generar acciones por el clima (como ejemplos), si no queremos cambiar quienes somos y lo que hacemos? Es necesario, continúan afirmando, que trabajemos en cinco dimensiones del interior de la persona:

1) Crecer la relación con uno mismo de tal manera que comprendamos y reflexionemos quienes somos, qué nos motiva y qué nos hace vivir plenamente.

2) Modificar las habilidades de relación que tenemos como empatía, comunicación, compasión, de manera que aumentemos nuestra capacidad para conectar.

3) Acciones enfocadas a la vida. Ser conscientes de lo que creamos, de lo que aportamos, de lo que generamos conjuntamente.

4) La dimensión de saber se refiere a los comos, a las habilidades necesarias para crear el mundo que queremos. Saber cómo transformar los conflictos, saber cómo disminuir las violencias, saber cómo resolver incidentes difíciles, saber cómo crear otros imaginarios de desarrollo.

5) La quinta dimensión tiene que ver con entender la conexión con el entorno, comprender la trascendencia de nuestras acciones, reconocer que lo que hacemos impacta a las demás personas y que lo que nos pasa está inmerso en el entramado de la vida.

Por esto es muy pertinente que en esta séptima edición de la conmemoración del día internacional de la convivencia en paz el tema se centre en “la paz en el corazón de la educación”.

La mayor parte de las infancias, a los 10 años ya vieron películas de alta violencia, ya saben cómo matar a alguien (en video juegos, algunos en la vida real), ya reconocen formas violentas de relacionarse y de usar el poder contra otras personas y tienen una perspectiva del mundo en donde la persona más fuerte es la que controla a los demás; podemos afirmar entonces que han sido educadas para la reproducción de las violencias. Si además, estas personas han sufrido violencias directas y no han tenido la atención socioemocional para abordarlas, entonces son capaces de reproducirlas de forma automática. Esto significa que estamos educando para una ciudadanía violenta y socialmente contamos con un mecanismo para sostenerlo.

La paz en el corazón de la educación implica desarrollar intencionalmente: habilidades para que las personas nos comportemos con acciones que contribuyan a generar ambientes pacíficos, habilidades para que podamos transformar conflictos en eventos propositivos o de desarrollo, habilidades para poder regular las emociones y enfocarlas en vínculos de cuidado, de colaboración, de creación conjunta. De manera que a los 10 años, las infancias sepan cómo cuidar de sí mismas, cómo la sociedad se nutre, cómo se construyen colaboraciones, cómo se cuida la vida, cómo se generar encuentros en las diferencias, cómo se hace para que en un conflicto las partes puedan dialogar. Sabemos que hemos educado para la paz cuando las personas son capaces de reproducir acciones de paz de manera automática y cuando hay una estructura social para mantenerla. Estos jóvenes, transformaron un choque en un espacio de convivencia y a una mujer furiosa en alguien que los respeta. Su familia y su entorno les dotaron con habilidades para afrontarlo de manera que resultara una experiencia de aprendizaje.

Revisa la forma en la que convives, tus conflictos y violencias, mira dónde puedes mejorar tus habilidades y cómo puedes educarte para transformar los vínculos. Toma esta conmemoración como un recordatorio de que puedes vivir con más propósito, más conexión, con un mayor impacto en tu entorno.

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