Opinión

Amor y neoliberalismo

Por Alejandro Portos Rogel

Digamos que te alejas definitivamente 
hacia el pozo de olvido que prefieres, 
pero la mejor parte de tu espacio, 
en realidad la única constante de tu espacio, 
quedará para siempre en mí, doliente, 
persuadida, frustrada, silenciosa, 
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial, 
tu corazón de una promesa única 
en mí que estoy enteramente solo 
sobreviviéndote.

Ausencia de Dios (fragmento) Mario Benedetti


Las relaciones, los encuentros y la manera de ejercer la vida social han cambiado en los últimos años. En nuestro estado se ven aparecer nuevas formas de pensar y ejercer la familia que conviven con el modelo tradicional de la misma. También las formas de encontrarnos son distintas pues ahora aparecen nuevas formas de estar en contacto a través de la virtualidad y las redes sociales, y hay también un marcado énfasis en la violencia como ruptura de las mismas formas de socializar.

Influyen directamente en lo anterior las características de una sociedad industrializada, por ejemplo las largas jornadas laborales, sueldos bajos y la popularización de los medios electrónicos de comunicación en el mercado.

Las relaciones de pareja o si se prefiere, las relaciones amorosas, no quedan exentas de lo anterior y sin ser este un ensayo extenso acerca de las mismas, algunas reflexiones sobre un fenómeno muy particular nos puede dar una idea del papel que las nuevas formas de trabajo ocupan en la vida subjetiva de la actualidad.

El fenómeno que pretendo describir es muy claro y muy poco generalizado; lo he encontrado a mi alrededor últimamente; corresponde a una pequeña población de personas con un trabajo estable y regularmente con estudios a nivel superior. Se trata de la especialización internacional para el trabajo en empresas instaladas en el estado, es decir, el envío de trabajadores al extranjero para capacitarse en un área muy específica de producción.

Es ésta una exigencia de las nuevas empresas instaladas en Querétaro que buscan una internacionalización de sus trabajadores. Tal es el caso de Bombardier.

¿Qué tiene esto que ver con el amor y con las relaciones de pareja? Si este fenómeno me llama la atención es porque sé que la partida de jóvenes a capacitarse a otro país ha generado ruptura de algunos noviazgos y ha generado una vivencia subjetiva bastante particular en personas cercanas a mí.

No se trata de satanizar la entrada de nuevas empresas al estado ni mucho menos de realizar esto mismo con la capacitación profesional, se trata de observar algo que sucede y que mantiene una relación con un sistema económico global, y que, aunque en este caso en especifico esa relación sea endeble, de algo de que hablar.

Sin saber muy bien qué es el amor o qué es el neoliberalismo, puedo escuchar un trago de amargura cuando las personas relatan la partida de su pareja por motivos de trabajo. Jacques Lacan (Seminario 8. La transferencia (1960-1961)) decía “amar es dar lo que no se tiene a quien no es”, y ahora la cosa se complica si pensamos que aquél que no es ya ni siquiera está, y no por que nunca haya estado, sino por que decidió irse. Es una doble imposibilidad; si amar ya era imposible con Lacan, amar en el neoliberalismo suena bastante complicado.

Las particularidades de esta separación están dadas por el hecho de que es una decisión que se toma en el marco de la globalización del mercado laboral, no necesariamente una decisión del deseo de ambos sujetos; la o el que se queda recurre continuamente a la sabiduría popular y recupera enunciados como “amor de lejos es de pendejos” o la eterna interrogante de “es mejor haber amado y haber perdido que nunca haber amado”. Cada uno de los que se quedan lidiará con esta pérdida a su manera, sin embargo sus efectos como una vivencia que puntúa la vida del sujeto son visibles al menos en el plano actual.

La entrada de algunas empresas a Querétaro ha patrocinado la partida de muchos novios y novias de la ciudad, aunque sigan siendo contados los casos. La industrialización en Querétaro parece ser cada vez más especializada e internacional, así que los trabajadores de las empresas salen del país por periodos más o menos largos (de hasta ocho meses, o por periodos intermitentes) según yo conozco, para ir a Canadá o a los Estados Unidos a estudiar y especializarse o ultraespecializarse para trabajar en una empresa de una clase muy particular.

Tal es el caso de Bombardier, empresa canadiense inaugurada en Querétaro en octubre del 2010, que en su página de Internet tiene un apartado dedicado a su planta en Querétaro que dice así “todo aquél que se incorpora a Bombardier, se integra a una compañía joven, con un ambiente internacional y dinámico, donde podrá desarrollar su carrera a nivel nacional e internacional”. (http://www.bombardier.com/en/aerospace/careers/careers-in-mexico–in-spanish-only-/%C2%BFpor-que-bombardier-/%C2%BFque-me-ofrece-bombardier-?docID=0901260d801110cb)

¿Puede lo anterior reconocerse como un efecto del neoliberalismo en la subjetividad? Es difícil poder establecer un nexo unívoco entre una cosa y la otra, sin embargo el fenómeno como tal sucede mientras está ubicado dentro de un orden político, económico y social neoliberal.

Se puede a partir de esto proponer la hipótesis de que el orden neoliberal tiene algo que ver con las formas en que se organiza el trabajo, y que éste a su vez, ocupando alrededor de una tercera parte de la vida de una persona, tiene efectos en las vivencias subjetivas, en las significaciones personales y en las formas de organización social.

Hablando del tema del trabajo y sus efectos subjetivos es importante distinguir otros fenómenos, algunos más generalizados, que quizá hubieran hecho mejor tema para este artículo. Se trata de los temas específicos de la migración por falta de empleo, también como resultado de políticas neoliberales; así como también los horarios de trabajo largos, el sueldo bajo, los descansos intermitentes y la falta de seguridad social.

Sin emitir un juicio sobre el neoliberalismo desde la moralidad, es claro que éste tiene efectos sobre la subjetividad. Cada vez son más las pruebas de que estos efectos son negativos si lo que se pretende es tender hacia lo que se ha dado en llamar calidad de vida.

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