Opinión

Anticorrupción, apuntes

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

PARA DESTACAR: El Sistema Nacional Anticorrupción, en mi opinión, tiene pocas probabilidades de éxito; las dificultades que enfrenta, entre otras, son el tiempo exigente del poder político-electoral, la enorme cantidad de recursos para siquiera tomar rumbo fijo y claro, amén de ataques o  simplemente limitantes.

-Si bien los ciudadanos han hecho propia la agenda anticorrupción, debe precisarse que las resistencias están en otro lado, el mismo lado.

-Terminó el periodo de sesiones en el Senado y la iniciativa ciudadana Ley 3de3, como las otras seis propuestas de ley del primer gran paso anticorrupción, no fueron dictaminadas, ni votadas. Las siete reformas legales son un intento de decisión política a tono con transformaciones de los sistemas políticos del mundo, transformaciones globales que cuyos contenidos forman parte de los estados democráticos desde hace tiempo. Por ello legisladores y partidos quedan muy mal parados dentro y fuera del país.

-La corrupción es un tema que de tan visible se reconoce como un problema de los más graves de la vida pública. Al afectar la credibilidad del gobierno acaba afectando la vida total de la sociedad. La exigencia sociedad civil junto con las ideas emanadas de sus especialistas – la academia incluida-, culminó en una reforma constitucional que creó el mal llamado e incompleto Sistema Nacional Anticorrupción.

-La élite política mexicana “tiene” que entender el riesgo que vive el país, donde la corrupción partido político, nivel de gobierno, institución u organismo social, etc. Hay una desconfianza ciudadana que deslegitima cualquier acción de gobierno y tensa las relaciones cercanas, cara a cara, de grupos pequeños como la familia. El peligro ya no es latente, ahí está en la crónica de las violencias, en el cinismo del poder arrinconado.

-“Debe”, la élite, hacerse cargo de la crisis de legitimidad, reflejar sus afanes en un marco jurídico concreto, (experiencias exitosas las hay en otros países, incluso en la capacidad reglamentaria de nuestros municipios), en donde se note con claridad que el combate a la corrupción avanza firme, sin claudicar con productos a medias porque las prioridades están en otro lugar y juegan en contra. (Las comillas son para indicar la dificultad más profunda).

-La corrupción sistémica significa que el juego social y sus reglas admite como normal el incumplimiento y la evasión de las propias reglas. Debemos entender el juego social como una totalidad que, en la práctica, nada excluye. Lo político, lo económico, lo ciudadano, lo religioso, etc., nada escapa al oleaje corruptor.

-Compras gubernamentales se traducen en altas ganancias privadas (y privado es un político o un empresario); intercambios clientelares entre un partido político y las buenas conciencias del pueblo para asegurar mayor cantidad de votos; trámites, permisos, concesiones opacas; torcido el proceso de la justicia. Terrífica omnipresencia de la corrupción.

-La corrupción es una cosa abstracta que se desagrega en una complejidad diferenciada, con muchos rostros pero con la misma sardónica sonrisa. Esa diversidad permite a los juradores autojustificarse porque siempre, siempre, los corruptos son los otros. Ya en un callejón sin salida, el otro es más corrupto o, el filosófico, “todo es lo mismo”. Cultura subdividida hasta lo intangible individual y grupal.

-El Sistema Nacional Anticorrupción, es mi opinión, tiene pocas probabilidades de éxito; las dificultades que enfrenta son, entre otras, el tiempo exigente del poder político-electoral, la enorme cantidad de recursos para siquiera tomar rumbo fijo y claro, amén de ataques o simplemente las limitantes de la racionalidad humana, una racionalidad falible, acotada. La desilusión y el enojo inocultable de la gente.

-El espacio originario de la ley 3de3 es la sociedad civil organizada, pero el posicionamiento relativo del tema no va más allá de un grupo poblacional reducido. Más reducido aún si descontamos a los que se suman solamente a la alharaca de las redes sociales.

-Mosaico de pequeños mundos en conflicto, el mismo horizonte: mayor carga presupuestal, incremento de la burocracia, incertidumbre de resultados.

 

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