Opinión

Anular o votar

Por: Martagloria Morales Garza

Hoy como en 2009, se ha iniciado una fuerte campaña de promoción para anular el voto y con ello, enviar un mensaje a los partidos y a los políticos. A diferencia del 2009, en esta ocasión el llamado ha tenido menos adeptos y las redes sociales no han sido muy receptivas a esta propuesta.

Quizá los “pobres” resultados del 2009 desalientan a algunos ciudadanos o quizá la aparición de las candidaturas ciudadanas y la creación de nuevos partidos puedan explicar este comportamiento menos entusiasta.

En 2009, el voto nulo alcanzó 5.4% en promedio cuando tradicionalmente y en promedio nacional alcanza 3%. Es decir, se incrementó casi al doble y además alcanzó hasta el 10.86% en algunas entidades federativas como fue el caso del Distrito Federal. Es relevante mencionar que en 2015, Morena juega su principal carta justamente en el distrito Federal, pues es una de las zonas de influencia más importes del perredismo y por lo tanto es esperado que, al menos un sector de la izquierda no promueva el voto nulo en esta ocasión como si lo hizo en 2009.

Las figuras más importantes del voto nulo en este año son Javier Sicilia líder del  movimiento por la Paz con justicia y dignidad,   el Dr. José Antonio Crespo, académico del CIDE y la Dra. Denise Dresser académica del ITAM. Los tres con una influencia muy localizada en la ciudad de México y en ciertos sectores de la izquierda.

Los tres  se pronuncian por la anulación del voto como una forma de castigar a los partidos, por su comportamiento coludido con el gobierno en el tema de la violencia y de las desapariciones sobre todo por el caso de Ayotzinapa.

¿Porque habría que anular? Sicilia argumenta básicamente que hay una simbiosis entre política y crimen, que el PRI no es un partido sino una cultura delincuencial que corroyó el esqueleto moral de todos los partidos y por lo tanto no hay ningún partido que sea una oferta real de cambio.

Y además afirma que los que votan lo hacen por miedo “al vacío, aceptar que no hay nada y que debemos empezar de otra manera, casi desde cero”

El argumento de Crespo y de alguna manera también el de Denise Dresser, es compatible con la parte de que no hay ninguna oferta que realmente signifique el cambio, que la partidocracia ha construido un sistema político hecho a su medida y no en función del interés de la ciudadanía, y que además en los últimos años ha habido un retroceso sustantivo de la democracia sobre todo en lo que se refiere a la corrupción, impunidad y a la rendición de cuentas.

En el otro extremo, se encuentra Octavio Rodríguez Araujo, quien acusa a José Antonio Crespo de olvidar en sus cuentas que el partido en el gobierno siempre gana cuando se incrementa la abstención o el voto nulo. Este argumento de Rodríguez Araujo es cierto, cuando hay abstención o en este caso voto nulo se favorece a los partidos con mayor voto duro, es decir los más grandes.

Comparto con el Dr. Crespo que los partidos dominan el escenario, y que ellos son los responsables de la mediocridad de nuestra democracia. También comparto la idea de que la oferta política es muy limitada.  No estoy tan segura,  como afirma Crespo,  de que la más reciente Reforma Política se haya realizado por la presión que tuvieron los partidos por el voto nulo del 2009, aunque sin duda hubo coincidencia de hechos.

Y sobre todo no comparto su optimismo de que al anular el voto, los partidos se darán por aludidos, porque en realidad sostengo que los partidos no tienen ningún incentivo para escuchar a la ciudadanía. También en el marco de este debate, alguien proponía en redes sociales, que se modificara la fórmula para dotar de financiamiento a los partidos y que se considerara el voto nulo como si fuera un partido, de esta manera sí se afectaría a los partidos y entonces sí estarían muy atentos en escuchar la voz de los ciudadanos.

La propuesta es muy inteligente y habría que formalizarla y llevarla al INE para que la proponga. Pero lo cierto es que en el modelo actual de financiamiento, los partidos se distribuyen entre ellos como si hubieran representado al 100% de los electores.

De esta manera habría dos argumentos de los analistas que valdría la pena considerar; el de Javier Sicilia que afirma que sólo votamos por miedo a reconocer que la democracia que se construyó en México no sirve y que habría que empezar de cero. Es un argumento muy poderoso, y quizá cierto, es difícil reconocer que la lucha de los últimos cuarenta años no sirvió para nada y que hay que volver a empezar. Pero quizá el miedo no es tanto por los años perdidos, sino por lo incierto del rumbo.

Y el argumento de Dresser en el sentido de que votar es avalar un sistema inequitativo, omiso y sin rendición de cuentas. El argumento es absolutamente válido, la única duda es si cualquier opción partidaria seria exactamente igual en términos de estas debilidades del sistema.

Es decir, ¿resulta exactamente igual que partido gane la mayoría de las diputaciones? ¿Es exactamente igual quien gane la presidencia municipal? ¿O la gubernatura del estado? Si la respuesta es sí, entonces el voto nulo es una buena opción.

Yo quiero pensar todavía, quizá soy más optimista que el Dr. Crespo,  que la izquierda, particularmente Morena, debería tener una oportunidad de gobernar o, al menos, de tener presencia en la cámara. Y pienso que votar nulo le puede restar votos a Morena.

La reforma del 2014 abrió el sistema a las candidaturas independientes y a la formación de nuevos partidos, Morena y algunos ciudadanos corridos de los partidos,  se están colando en esta rendija que los partidos a regañadientes abrieron, creo que después de cuarenta años, vale la pena arriesgar y darles la oportunidad, si esto no funciona ya se verá en la elección presidencial del 2018.

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