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4T, una escala de grises

Este gobierno es el reflejo de la siempre contrastante, a veces contradictoria a veces lúcida, a veces nefasta a veces encantadora, personalidad de López Obrador.

Parece que si no hay polarización, la vida pública de México no sabe a nada. El blanco y el negro hacen el gris, pero este tono, por más que ilumine los espacios de la política mexicana, parece ser insoportable para muchos, quizá es porque el gris -en la era de los libros de la superación personal- se le relacionó con la mediocridad. La lectura que se le da a lo que confusamente llamamos la Cuarta Transformación, tiene que tener la negatividad absoluta del negro o la pureza del blanco. Este sector de gente, los apocalípticos y los iluminados, forman parte de un mismo grupo, los que no dan oportunidad a un punto medio en el que los dos colores se mezclen y hagan… un gris.

La 4T es una escala de grises, de pronto AMLO tiene lógicas muy elementales para explicar la corrupción, la inseguridad, el desastre; pero sus acciones de gobierno son torpes y sus medicinas poco efectivas. La 4T era la única receta que quedaba por probar que arrasó en las urnas, pero la 4T no sabe qué hacer al mando. AMLO arenga discursos populacheros, “a los corruptos hay que decirles fuchi, guacala” afirma, pero los corruptos no son los aliados como en el caso de Manuel Velazco en Chiapas y Francisco Domínguez en Querétaro.

La 4T tiene la esencia de cualquier otro gobierno, si bien es claro que no se puede comparar con el abuso de la administración anterior donde la corrupción fue exorbitante, el gobierno ve las cosas con una vista parcial, con las cifras que arrojan sus datos, bajo la óptica de sus propios contratistas, bajo sus criterios de hacia dónde dirigir el presupuesto; este gobierno tiene sus propios objetivos clientelares como cualquier otro. Este gobierno es el reflejo de la siempre contrastante, a veces contradictoria a veces lúcida, a veces nefasta a veces encantadora, personalidad de López Obrador, un tipo gris que ocupa el espacio de poder más grande que hay en el país.

Me puedo considerar un apóstata, soy de los decepcionados más no de los arrepentidos; mi lopezobradorismo se desmorona cada que el peje refuta con tener otros datos, cuando enviste a los conservadores desde su propio conservadurismo, cuando se envuelve en su soberbia para explicar los problemas; obviamente no lo veo como el santo laico con el que los lopezobradoristas lo ven; el pejezombismo se cura y soy de los que prefería al peje siendo opositor, pero también entiendo que lo que vemos en él siendo gobierno es lo único que tiene para ofrecer, y repito, estoy decepcionado más no arrepentido. Este país tenía que cimbrarse con un cambio de modelo, en las muchas contradicciones que tiene esto, desafortunadamente no fue un cambio radical que arrancara, como dice Molotov en ‘Gimme the power’, el problema de raíz, sino un cambio que desafortunadamente opera con sus propios esquemas de simulación.

La 4T no es la apocalipsis en su versión mexicana, ni el paraíso instaurado a través de un redentor, la 4T es un modelo de gobierno, un experimento, fue una salida, fácil si quieren, pero necesaria; nuestro país se seguirá curtiendo contra malos gobiernos, México sigue el camino del despertar eterno y bueno, quizá AMLO sea parte del darnos cuenta de que la solución a nuestro malestar es más profundo para pensar que con solo cambiar de gobierno se va a solucionar. Así pues, estamos ante un episodio más de la historia de Mexico, esperemos que no sea la misma historia de saqueo y por lo menos, lleve a México a buen puerto, al de la paz social que todos deseamos y que este país merece.

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