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Buen fin

Fastidiada del encierro desde que inició el Covid, parece como si se hubiese acostado en su cama y, después, despertara en un gran lago. Fanny no sabe nadar; le invaden la urgencia y la ansiedad por alcanzar la orilla, pero no puede llegar. Lucha desesperada por mantenerse en la superficie, pues no quiere morir.

La pandemia la agarró al entrar a la escuela. Aunque a disgusto, no tiene más remedio que hacerla por zoom o internet. Por suerte, tiene computadora y puede seguir clases en línea. Si no, se quedaría sin prepa, como les pasó a varias amigas. Le dejan mucha tarea, y con frecuencia ni entiende qué le piden. Su tío y una muchacha le ayudan a veces. Hace días, el tío le sugirió que, además, busque actividades complementarias, para distraerse o para fortalecer su formación; le recomendó dos conferencias que se darían en la sala que consiguió el grupo Diametral, de Querétaro: la de la Dra. Von Röhrich y la de Jiménez, director de un albergue para muchachas; el tema es el Buen Fin en Querétaro. Decidida, Fanny invitó a dos amigas. Las tres fueron gustosas a las conferencias.

La Dra. es extranjera, pero habla muy bien el español. Comenzó señalando que el Buen Fin es copia de la madrugada gringa en que la gente va en tropel a buscar en las tiendas artículos para la Navidad. El Buen Fin surgió en México para “reactivar la economía de la población, pero más la de los comerciantes”, dijo, aunque según la promoción es para que el consumidor consiga productos y servicios a precios bajos y con ofertas generalizadas y para que no haya más desempleo (“como si eso les interesara”, dijo con sorna).

Es verdad que, en el Buen Fin, participa el gobierno federal a través de algunas Secretarías de Estado. Pero los más activos e interesados son los del sector privado: Asociación de Bancos de México, Consejo Coordinador Empresarial, Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales, Confederación Patronal de la República Mexicana, Concanaco Servytur, Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos, Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión y Asociación Mexicana de Internet. Participan más de 25 tiendas departamentales, cabeza de las plazas comerciales.

Según la Profeco, lo que más se vende son pantallas, moda, electrónicos y artículos de belleza. Nada de primera necesidad. Para vender hay que hacer que la gente piense que está frente a ofertas, descuentos o rebajas, aunque no sean más baratas que hace dos semanas. Algunos productos −ya caducados, inservibles o pasados de moda− son ganchos para tener precios bajos, aunque es práctica común que, 15 días atrás, se suben precios para ofrecer “con descuento” lo que en realidad está más caro (“un colchón, para dar un ejemplo −sugirió Von Röhrich−, que cuesta $5,000 dos semanas antes; le suben el precio a $8,000, y en el Buen Fin se lo dan a $6,550. ¡Se lo venden más caro!”). Y así siguió la ponente con otros ejemplos de artículos y servicios.

Dijo que cada año, en el Buen Fin, las ganancias comerciales son mayores; en 2020 fueron $239 mil millones, pues en esa época la gente, en su mayoría, recibe aguinaldo, prestaciones y otros recursos. Creen que obtienen descuentos, pero en realidad son presas de la propaganda mercantil.

En complemento, Rodríguez −del albergue para muchachas− habló de los “ganchos” en estas ventas: (1) publicidad intensiva del Buen Fin, desde días atrás, a través de radio, televisión, internet, diarios, grupos en cruces de automóviles, etc.; (2) contrato, por pocos pesos, de jóvenes desempleados, con disfraz de botargas, payasos o malabaristas, danzando en la calle; (3) manipulación de público procaz con jovencitas medio desnudas que lucen bellos cuerpos, o con jóvenes apolíneos que presentan autos o escenarios vacacionales, etc. Con esos ejemplos, concluyó Rodríguez, se nota que el Buen Fin es mercantil (no es por el bienestar público). Sin importar la vida humana, se procura el comercio. “Usted puede morirse −asentó−, pero no importa. El objetivo es ganar dinero o tener poder”. “El cuerpo se usa como maniquí para atizar el deseo e impulsar el mercado”. Fanny y sus amigas salieron de la conferencia, decididas a estudiar para el próximo examen.

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