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Consulta popular, uno de los instrumentos de la democracia representativa

Una cosa que acomuna a México con Rusia y China es el haber tenido un partido único en el poder, o casi único, como en el caso de nuestro país, por siete décadas. 70 años de poder casi único, dentro de los esquemas de la democracia representativa, en la que, en los casos extremos, la participación de los ciudadanos se reduce al “votas y te vas”. Se delega la toma de decisiones a los representantes (presidentes, primeros ministros, gobernadores, senadores, diputados, presidentes municipales, etc.), los que pueden favorecer o no los intereses de sus representados.

En contraposición a la democracia representativa, muchos países han afinado herramientas de la democracia participativa en la que los ciudadanos no sólo eligen a sus representantes, sino que ellos mismos pueden proponer el cambio o la abrogación de leyes, mediante la iniciativa popular, y ellos mismos decidir sobre los temas de las iniciativas populares, mediante la consulta popular o el referéndum (o plebiscito).

Las iniciativas populares, como la que se haya en curso en México en estos momentos, para que sean válidas, deben cumplir con ciertos requisitos legales, que varían de país a país. Por ejemplo, cumplir con un número mínimo de ciudadanos que soliciten la iniciativa o, como en este caso, que el poder ejecutivo envíe una solicitud al senado, que el senado la adopte y que, finalmente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación avale su constitucionalidad. Cubiertos los requisitos, la iniciativa da lugar a una consulta popular o un referéndum.

Por medio de este tipo de consultas, se pueden decidir, por ejemplo, el tipo de gobierno que quiere un pueblo, como el referéndum de 1946 en Italia en el que se decidió que Italia sería una república y no una monarquía. O como la salida del Reino Unido de la Unión Europea, el llamado Brexit, decidido mediante un referéndum, en 2016. O como los referéndum catalanes de 2014 y 2017 para que Cataluña buscara su independencia de España. O como el plebiscito del año pasado con el que los chilenos decidieron que quería una nueva constitución. O como el referéndum colombiano de 2016 en el que se sometieron a consulta popular los acuerdos de paz entre el gobierno y la guerrilla. Y un largo, pero largo, etcétera.

Hay países cuyos habitantes ya están muy acostumbrados a que se les consulte en cosas que ellos consideran relevantes. Por ejemplo, en Italia, desde 1946, se han llevado a cabo 74 referéndum nacionales, en promedio uno por año, durante 74 años. Por ejemplo, el 18 de abril de 1993 se llevaron a cabo ocho referéndum, el 11 de junio de 1995, siete referéndum y el 15 de junio de 1997, siete referéndum más.

Las consultas populares no sólo sirven para decidir grandes temas, como los señalados líneas arriba. En Italia se ha decidido mediante consultas populares, cambios en las leyes electorales, desaparición de ministerios, eliminación del financiamiento público a partidos, la reducción del número de diputados y senadores, cuestiones relativas la televisión, tareas extrajudiciales de los magistrados y muchos otros temas más. En Alemania, en 2017, mediante una consulta popular llevada a cabo en Berlín, se decidió que permaneciera abierto el aeropuerto de Tegel. En Francia, en 2016, mediante consulta popular se decidió la construcción de un nuevo aeropuerto en el sureste de ese país. Y, a los mexicanos nos puede parecer exagerado, pero en Suiza, en 2018, se llevó a cabo un referéndum sobre los cuernos de las vacas.

Así que vale la pena que impulsemos la consolidación de estos instrumentos de la democracia participativa: iniciativa popular, consulta popular y referéndum.

anbapu05@yahoo.com.mx

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