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De la historia y los sujetos fuertes, pequeños y mínimos

Un ‘sujeto fuerte’ es aquél que lucha, como individuo o como pueblo, por su propia emancipación o autodeterminación; alguien que no se amilana ni se somete, ni se alinea a los criterios de quienes sólo buscan satisfacer sus voraces intereses.

Luis González, historiador mexicano, analizó cuatro formas distintas de contar la historia: 1) la ‘microhistoria’, que surge del intercambio popular sobre los acontecimientos, y que corriendo de voz en voz (como chisme), suele convertirse en leyenda; 2) la ‘historia científica’ o ‘académica’, basada en una investigación rigurosa, que sigue criterios objetivos; 3) la ‘historia crítica’, dirigida a cuestionar la versión oficial (esa que cuentan los triunfadores), inquiriendo sobre aquello que se mantiene oculto, y 4) la ‘historia de bronce’, que es la que se enseña en la escuela, que suele exagerar las virtudes de los héroes y los defectos de los tiranos, para promover valores patrios o humanos entre las nuevas generaciones y así fortalecer la identidad de un pueblo.

La forma como suele narrarse la “gloriosa” Batalla de Puebla, del 5 de mayo de 1862, es un ejemplo de historia de bronce, que busca enaltecer a ese pueblo subdesarrollado, (a esa pequeña fuerza de soldados y campesinos mexicanos) que logró vencer “al mejor ejército del mundo”: el francés. Se trata de una historia, como aquellas que refiere Bruno Bettelheim, en su libro ‘Psicoanálisis de los cuentos de hadas’, en las que el bien siempre triunfa sobre el mal, o en las que los pequeños pueden vencer, no por su fuerza, sino por su astucia o por su capacidad de organización y unidad. Estas narraciones contribuyen a mantener la salud mental de quienes las escuchan o leen, pues generan confianza en que todo saldrá bien, a pesar de los tremendos dramas de la vida real.

Sólo que… ¿a quién le interesa hoy, recordar lo que pasó hace 156 años, en estos tiempos globales de prisas, de desprecio por la historia, de exaltación del presente y frenética presión para ganarle al futuro?

Hay que reconocer que los valores que inspiraban a los humanos de aquellos tiempos no son los mismos que motivan a los de hoy.

Desde la historia de bronce, se dice que en el siglo XIX y principios del XX predominaba el ‘sujeto fuerte’, que seguía consignas como amar a la patria, impedir que el enemigo la invadiera y defenderla con bravía, hasta dar la vida por ella. Hoy, tales consignas resultan trasnochadas, en este mundo globalizado, bajo el imperio de las trasnacionales, en el que los Estados nacionales se diluyen, se retiran y se debilitan, “para que sean los individuos, los que se arreglen entre sí”. Sólo que entre esos individuos, lo que parece prevalecer hoy es, más bien, el ‘sujeto mínimo’ (diría Zemelman); es decir, la gente (sobre todo joven) despolitizada, egoísta, pendiente de los cánones del espectáculo, de la moda y de las ‘selfies’; escéptica de que el mundo pueda cambiar, y menos por su participación. Por eso, la nueva consigna no tiene nada que ver con salvar a la patria, sino sólo con sobrevivir, o mejor, con sacarle el mayor provecho a la sociedad de mercado; sin importar lo que esto implique (robar, matar, engañar, sobornar…). Al supuesto debilitamiento del Estado no le importa la tremenda asimetría que separa a esos individuos; ni le importa que se desate la guerra de todos contra todos.

Desde la historia crítica, en contraparte, también se dice, que esos “sujetos fuertes” de antaño, dieron lugar a cruentas guerras, en las que muchas veces el tal “amor a la patria” venía de un discurso manipulador de los poderosos, para engatusar al pueblo y ponerlo a su servicio. Se dice también que es falso que el Estado se haya retirado o debilitado, y que lo que hizo más bien fue ponerse al servicio de los más poderosos, y quitarse las riendas, que en otros tiempos habían logrado imponerle todos esos grupos justicieros y libertarios, que lo ceñían para obligarlo a buscar el bienestar para todos.

Cabe, entonces, la pregunta: cuando hablamos aquí de ‘sujeto fuerte’ ¿a qué nos referimos?

Desde la ‘pedagogía crítica’, un ‘sujeto fuerte’ es aquél que lucha, como individuo o como pueblo, por su propia emancipación o autodeterminación; alguien que no se amilana ni se somete, ni se alinea a los criterios de quienes sólo buscan satisfacer sus voraces intereses, sin importar si ello implica la explotación o la destrucción de los otros, incluida la de la Naturaleza; es aquel que tiene pensamiento propio, es capaz de cuestionar lo “obvio” de la voz dominante, así como de decir su propia palabra.

A pesar de la confusión, la anomia y la frivolidad del mundo contemporáneo, en el inconsciente colectivo siguen presentes las fuerzas que inspiran a la historia de bronce y al sujeto fuerte que anhela su propia emancipación.

Por eso, en México aparecen por doquier miles de movimientos populares de resistencia que intentan detener y hacer retroceder a las poderosas y voraces fuerzas neoliberales, auto forzándose a creer que es posible lograrlo, pues la creencia de que “no es posible”, sólo generará sumisión inmóvil y anodina.

 

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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