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Democracia participativa ¡Ya ! III

Cuando hablamos de democracia-participativa, ¿a qué nos referimos?

La ‘democracia’ a la que estamos acostumbrados es la partidista-representativa, actualmente en grave crisis, al estar secuestrada por el neoliberalismo. Por otro lado, nos hemos acostumbrado al discurso de que ‘a los mexicanos no les interesa la política’ y de que ‘no es bueno politizar’. Mucha gente se autonombra incluso ‘totalmente apolítica’, pues suele entender a esta actividad como ‘sucia’.

Hace poco más de 100 años, Porfirio Díaz afirmaba que:

“Nuestra mayor dificultad la ha constituido el hecho de que el pueblo no se preocupa lo suficiente acerca de los asuntos políticos, como para formar una democracia; (…) en su mayoría es apolítico y analfabeta y (…) está acostumbrado a guiarse por aquellos que poseen autoridad, en vez de pensar por sí mismo”.

(3/03/1908, entrevista con J. Creelman, en El Imparcial).

50 años después, el primer estudio comparado sobre cultura política en cinco países (Almond y Verba, 1963) mostró que E.E.U.U., Gran Bretaña y Alemania tenían altos niveles de interés en asuntos públicos, mientras que el de México era muy bajo (44%). En 2009, la encuesta se replicó y México disminuyó de 44 a 32.7% (Visor ciudadano 58, Senado de la República). El Latinobarómetro de 1995-2013 señaló que ‘predomina la desafección por la política en México’ y que muchos la consideran ‘tan complicada que no se entiende’. Por su parte, la encuesta nacional del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM (2017) concluye que ‘el 63.3% de los mexicanos dijo estar poco o nada interesado en los asuntos públicos’.

Todas estas afirmaciones, sin embargo, se basan en una comprensión muy reducida de la política: la partidista-electoral. Otra definición más completa, la del ‘zoon politikon’ (animal político o animal cívico) de Aristóteles, la concibe como una actividad característicamente humana, que marca la diferencia con el resto de los animales y consiste en la capacidad de ‘compartir conceptos morales como la justicia’, conducir sociedades, organizar ciudades, deliberar en grupo, buscar consensos y tomar decisiones colectivas con un objetivo común (Libro I).

Según esta definición, toda relación humana es inevitablemente política (de pareja, familiar, escolar, lúdica, etc.) y con ella podemos afirmar que el pueblo de México tiene un alto interés en la política por todo lo que hace: dos años después de la entrevista entre Díaz y Creelman, este pueblo contradice a su presidente y estalla en la Revolución Mexicana.

Hoy observamos por doquier múltiples movimientos, exigiendo justicia e igualdad, manifestándose contra la violencia y la discriminación clasista, racista, de género y en defensa de los derechos humanos: estudiantes, feministas, indígenas, ambientalistas, ciclistas, sindicalistas, docentes, migrantes, personas con discapacidad, buscadores de personas desaparecidas, promotores de la 4T, o luchadores contra la privatización de todo lo público (agua, selvas, bosques, playas, áreas naturales protegidas, energía eléctrica, educación, servicio de limpia, transporte colectivo,…). También observamos gran cantidad de asociaciones de colonos, cooperativas o voluntariados para diversas causas.

El Informe país, 2020 (INE), reconoció que el tema de la participación ciudadana es complejo ‘está envuelto en contradicciones’, ya que la ciudadanía valora mucho el régimen democrático, ‘pero es muy crítica con su funcionamiento’. Tendrá poco interés en la política partidista, (porque no se siente representada, por las prácticas corruptas que observa, etc.), ‘pero no sucede lo mismo con la participación cívica comunitaria’, que es bastante alta.

El problema es que la participación de la ciudadanía ‘de a pie’ suele requerir muchos años para recibir atención, pues el poder de decisión sobre lo público es monopolizado por la ‘clase política’, poco dispuesta a compartirlo.

De esa clase difícilmente podemos esperar leyes que faciliten la democracia participativa y aunque éstas ya existen en varios estados, se mantienen atascadas en laberintos que vuelven muy difícil activarlas. Por eso importa fortalecer a #Querétaro-participa para hacer efectiva la nueva Ley de Participación Ciudadana, impulsada por más de 35 organizaciones y que se encuentra en revisión en la Legislatura.

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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