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Distopías y utopías queretanas II

Comentaba en otro artículo las graves contradicciones que vivimos hoy, en que la gente se mueve encerrada en sí misma, siguiendo líneas paralelas que nunca se encuentran.

Kuri, Nava y Sosa se jactan de ser “los únicos”, “los mejores”, de que “nunca nadie había hecho lo que ellos: estar cerca de la gente”.

A eso llaman “comunicación social”, rubro al que destinan millones de pesos, “legalmente justificados” y emplean horribles espectaculares que ocultan el paisaje natural. ¿Quiénes son y cuánto ganan los dueños de esos armatostes?; ¿acaso pagan impuestos?

Por más que estos gobernantes abracen a señoras para “mostrar su cercanía”, la gente de los barrios bajos es lanzada al pozo de los invisibles.

Mientras los primeros se lucen, la segunda vive el abandono de un gobierno que no está haciendo su tarea, e interpreta como afrenta tal desfachatez. Los menos críticos, en cambio, terminan normalizando los insulsos mensajes y hasta envidiando a las elegidas para la foto. Así se impone el ‘síndrome de doña Florinda’ en favor del Gran Poder.

¿Cómo sería una comunicación social distinta?

Charlando con algunos amigos sobre el tema, imaginábamos nuestros espectaculares SIN RETRATOS, diciendo algo así como “Nuestra imagen no interesa; lo que realmente importa es lo que tú vives en tu barrio, así que cuéntanos”. Esto, acompañado con medios de contacto. (No es tema de este artículo cómo lograr que esos medios no se saturen y sean atendidos, no por robots, sino por gente real, amable y bien entrenada para soportar las quejas del público).

Otra cosa que imaginamos para una ‘comunicación social alternativa’ fue invitar a los talentos del pueblo a que compartan lo que hacen por su comunidad. Así, pondríamos a su disposición profesionistas que colaboraran para que sus mensajes fueran efectivos e inspiradores, y mostraran que es posible mejorar los microespacios cuando hay ganas, imaginación y organización. Así brillarían mil iniciativas populares muy valiosas, que pasan desapercibidas, porque esos medios son acaparados por las grandes empresas, o por los políticos, a quienes sólo interesa el mercado.

¿Qué tal si en vez de las caras de Nava, Sosa y Kuri, el pueblo pudiera lucir lo que hace (aunque brevemente, para que todos participen)? ¿Qué tal si pudiéramos ver a la gente del “pueblo bajo” (como la de Carrillo) compartiendo sus creaciones? ¿Qué tal si pudiéramos admirar en esos espectaculares, a la ‘Banda sinfónica infantil Vivache’?, ¿o a Santi y a Lucy enseñando a sus amigos a hacer buenos papalotes y a volarlos?, ¿o a las chicas de ‘Comparte y disfruta’ haciendo su delicioso pan artesanal?, ¿o al ‘Círculo de Narradores de historias’ gozando de su encuentro?, ¿o a las chicas de yoga, disfrutando su relajación, o a las de zumba, gritando su alegría de vivir?

¿Qué tal si pudiéramos reconocer las creaciones de ‘Saltapatrás’, o las del ‘Club de monstruos y alebrijes’ o las del ‘Taller de las flores raras’? ¿Qué tal si todos pudieran admirar los murales de ‘Board Dripper’ o de ‘Mapahechiza’ que generosamente dejaron su huella en el barrio? ¿Qué tal si ‘Micelio Urbano’ contagiara ahí su pasión por los huertos de traspatio? ¿Qué tal si al mostrar el intenso trabajo que desplegaron las y los cuidadores de ‘Amili’, ese espacio verde barrial hubiese perdurado?

¿Qué tal si pudiéramos reconocer la importancia de la lucha de Redavi y de los científicos del ‘Festival Agua que Corre’ para mitigar la grave crisis hídrica que tenemos?

¿Qué tal si el Ayuntamiento, en vez de sólo preguntar a su espejito personal, “quién es el más bonito”, promoviera la educación cívica, nos animara a ser más amables, a cuidarnos unos a otros, a poner la basura en su lugar, o compartiera lo que hacen sus Casas de la Cultura?

Semejante planteamiento resulta ridículo y hasta contradictorio con una postura crítica que repudia semejantes reflectores, pero el ejercicio vale, para visibilizar los talentos populares.

¿Qué tal si así pudiéramos elevar el ánimo y la autoestima de la población?

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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