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Distopías y utopías queretanas

Conviven en Querétaro múltiples realidades paralelas, con sectores sociales encapsulados y tajantemente separados entre sí, imposibilitados para la mutua comprensión. En un extremo, están ‘los que viven en el cielo’; en el otro, ‘los invisibles’ o ‘los desechables’, ésos que no merecen ser tomados en cuenta, según la metáfora del edificio de 10 pisos, usada por Ricardo Rafael en su libro El Mirreynato: la otra desigualdad (Ed. Planeta). En él retoma las investigaciones del economista Gerardo Esquivel (publicadas más tarde como Desigualdad extrema en México por Oxfam).

Nava y Kuri, habitantes del pent-house de ese edificio, reciben elogios y aplausos de sus seguidores por ser, el primero, “el alcalde con mejor desempeño en el país” (según la C&E Research) y, el segundo, “el mejor presidenciable de la oposición, para sustituir a AMLO en el 2024”. Sus rostros sonrientes aparecen en grandes espectaculares, abrazando a gente del pueblo, bajo el lema de ‘Contigo y con todo’.

En el piso inferior, en el ‘Querétaro bajo’ suceden cosas dramáticas, que sólo ven quienes las padecen, por habitar ‘la clase de los invisibles’. No me refiero sólo a lo ya señalado en los medios, relativo a la violencia desatada en diferentes espacios queretanos (la trifulca en el Estadio Corregidora, la agresión al niño indígena, los 10 feminicidios registrados en 2022, la represión de quienes protestaron contra la privatización legalizada del agua, o contra el reemplacamiento, el engaño jurídico del Estado contra la comunidad de Amealco por la muñeca ‘Lele’, y un largo etcétera). Me refiero, sobre todo, a lo que sucede en el día a día de muchos barrios populares de la capital queretana, abandonados a su suerte.

En esos barrios bajos se nota con claridad el entorno de anomia (sin ley) generalizada que se presenta en poblaciones sometidas a estrés agresivo y que conduce a perder el sentido de la vida, la esperanza y la autocontención. La famosa frase: ‘Comamos y bebamos que mañana moriremos’ (Isaías 22:13 y I Corintos 15:32) ilustra muy bien esa condición, refiriéndose a quienes se abandonan al libre fluir de sus instintos, por haber perdido la esperanza en una vida mejor.  

Dicha anomia no inició con la pandemia; sólo se agravó con ella. Viene de décadas atrás. Algunos la remiten a los 500 años del capitalismo, otros a los 40 del neoliberalismo; otros a las mutaciones y grave regresión que ha sufrido la humanidad en la última década, por el dominio de las grandes trasnacionales, con la digitalización global a su servicio. El mundo, México y Querétaro se estructuran desiguales, inestables, excluyentes, dañinos y peligrosos en extremo para la mayoría de la población. Así lo señalan múltiples investigaciones a nivel internacional (sobre la industria farmacéutica, la armamentística, la agroindustria, las telecomunicaciones, la minería, el consumismo, etc.).

Una salida fácil para quienes gobiernan es justificar sus ineficiencias, apelando a esta crisis civilizatoria global. Los partidos que aplauden al PAN en Querétaro (PRI, PQI, MC, PVEM) fueron benevolentes con Kuri y Nava, a pesar de los graves errores de sus gobiernos, “porque con la pandemia estamos enfrentando una situación muy difícil y a cualquiera le hubiera pasado”.

El caso es que, independientemente de lo que suceda en el exterior, cada quién es responsable del microespacio en que actúa. Su responsabilidad crece, según el nivel en que se toman las decisiones. No es la misma, la de quien tiene el compromiso de gobernar un estado, que la de quien está sólo al frente de su casa.

La crisis afecta el corazón de las familias más vulnerables, en especial de las que tienen que mantener su hogar y descuidar a sus menores. Nuestro ambiente se tornó muy inseguro, en un cerrar de ojos sufrimos constantes robos; presenciamos riñas mortales entre vecinos muy cercanos que terminan en destrucción de otros o en suicidios; perdemos inexplicablemente amistades añejas.

Lo bueno es que, en ese piso inferior, se dan también vínculos estupendos que pocos ven, pero que hacen patente la fuerza vital de un pueblo que no se deja avasallar.

Sobre esto último daré cuenta en próximas entregas.

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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