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En la era de la (des) información, algunas notas breves para la reflexión

Para muchos de quienes tenemos como actividad profesional la comunicación tiende a ser lugar común hablar de la era de la información o la sociedad de la información como un tiempo en el cual todo o casi todo se sabe se conoce o circula como autopista al conocimiento. En parte es cierto y ahora, como nunca antes, nuestras posibilidades para hacernos llegar datos de cualquier índole están al alcance de la mano. Sin embargo, en los últimos días hemos sido testigos de acontecimientos que ponen en tela de duda si la llamada era de la información responde o no a ese nombre.

El cuestionamiento me surge, a partir de los acontecimientos de los últimos días, luego del sismo en la Ciudad de México, y no sólo a raíz de la cuestionable cobertura de los noticiarios de Televisa, sino también por el manejo de información y datos que en redes sociales virtuales se ha vertido y que corresponden a la esfera de la ciudadanía.

Lo explico de otra manera. En algunos planteamientos, la sociedad de la información pareciera ese estadío en el cual nosotros, ciudadanos–usuarios seremos capaces de regularnos comunicacionalmente y consumir–producir contenidos informativos que nos involucren en una diversidad amplia de espacios siempre desde el ámbito ciudadano. En un más allá de las empresas mediáticas este habitante de la era de la información haciendo uso de las herramientas tecnológicas generaría contenidos sin censura que permitieran el acercamiento a una realidad sin mediación alguna, visibilizarían lo que otros espacios comprometidos con intereses políticos o económicos ocultan.

De alguna manera esto sucede, basta dar una mirada a Twitter, Facebook, Instagram cualquiera de nosotros usuarios o no de estas plataformas producimos contenidos y visibilizamos lo que consideramos conveniente. Pero. ¿qué ha pasado en los últimos días? En menos de una semana se han llenado nuestros perfiles de redes sociales virtuales con una cantidad impresionante de imágenes, videos, noticias que en un afán de mantenernos “informados” y, concediendo, con buena voluntad han circulado como reales, desde denuncias, búsqueda de donativos, en especie o económicos, reconocimientos, localización de personas, en fin, sería inagotable la lista que pudiera elaborar con los mensajes que he leído en estos días. ¿Qué es exactamente lo que cuestiono de ello? A todas luces esta circulación de información y el acercamiento al “lugar de los hechos” es justo lo que hemos buscado desde que surge el telégrafo o el teléfono, lo cuestionable es la desinformación que existe.

La información que recibimos no siempre está verificada o es de dudosa procedencia y en situaciones como esta lo que más importa es la veracidad de la información, y en ello el papel del comunicador se vuelve indispensable. Todos tenemos la capacidad de comunicar, forma parte de nuestro ser social; sin embargo, la gestión comunicativa en momentos de crisis requiere de responsabilidad, una responsabilidad compartida entre ciudadanos y comunicadores dadas las posibilidades que ofrecen las nuevas herramientas comunicativas.

En ello se enmarca también la crítica a la cobertura informativa de Televisa. Cuestionable a todas luces por el manejo poco responsable de un momento de crisis. Como señalaba en el párrafo anterior, la labor del comunicador mediador, como indica Martín Barbero en su texto los oficios del comunicador, “parte de hacer explícita la relación entre diferencia cultural y desigualdad social, socialmente necesario, pero culturalmente problemático, en un oficio ambiguo y hasta contradictorio: busca la participación de las mayorías en la cultura es acrecentar el número de los productores, más que de los consumidores”.

Uno de los errores de Televisa fue hacernos consumidores y no involucrarnos en la situación, siguen con el modelo vertical de trasladar información de la fuente gubernamental sin cuestionar, sin verificar la veracidad de la misma. El periodismo tiene reglas muy puntuales y básicas, mismas que no cumplió la reportera en su encargo.

Nos queda como lección que aún nos queda mucho por avanzar en la administración comunicativa en tiempos de crisis. La sociedad de la información autogestiva de contenidos comunicacionales requiere de una reflexión profunda, queda claro que solo el avance tecnológico no resuelve el problema si no analizamos la manera en cómo estamos utilizando y apropiándonos de estas herramientas comunicativas. En ello la responsabilidad es compartida tanto de quienes producen los contenidos, como el caso de Televisa, por ejemplo, como de quienes damos difusión y validez a dichos mensajes, considero con esta idea que falta mucho por hacer, por analizar sobre cómo podemos aprovechar de mejor manera nuestra posibilidad de ser usuarios productores de contenidos informativos que permitan visibilizar hechos o noticias más allá de la versión oficial. De otra manera permaneceremos en la sociedad de la (des)información.

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