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Prioridades de cabeza

Esta última semana se reunió la estructura directiva de nuestra Universidad con los legisladores locales que en unas semanas aprobarán el presupuesto del estado para el año 2018. El planteamiento presupuestal descansa sobre dos puntos esenciales: que la educación superior sea enfocada con la alta prioridad que le corresponde y que el tema deje de ser rehén de coyunturas, discrecionalidad o venganzas políticas.

Desde hace un año el Consejo Universitario propuso un mecanismo jurídico a la Legislatura: fijar por ley la asignación de un porcentaje fijo de 3 por ciento del presupuesto general del estado, modalidad que ya se ha venido adoptando en otros puntos del país. Es claro que quienes controlan el órgano legislativo tienen otras prioridades.

En lo que va del siglo, la asignación más alta a la Universidad se le otorgó el año 2000. En ese año se le otorgó el equivalente al 2.44 por ciento del presupuesto del estado. Tras un comportamiento oscilante el siguiente lustro, a partir de 2006 la proporción comenzó un descenso muy sostenido, pues bajó del 2.19 al 1.79 por ciento, que es lo que la actual administración propuso y la legislatura aprobó para este año.

Cualquiera pensaría que es porque se ha deteriorado la situación del país. Pero no. En forma inversa, el presupuesto general del estado muestra un incremento siempre creciente. De los casi 6 mil millones de pesos del año 2000 pasó a los más de 31 mil millones de pesos en 2017. Así que dinero sí hay. Y lo que hay también es una decisión deliberada de no apoyar a la Universidad.

El actual gobernador no sólo ha retirado paulatinamente su respaldo a la Universidad, sino que no ha tenido voluntad de cumplir sus unilaterales compromisos de campaña. A tales compromisos nadie lo obligó; queda claro que los formuló sólo para obtener simpatías, sin que le importe mucho honrar su palabra.

Lo cierto es que el Ejecutivo local tiene sus propias prioridades en materia educativa: mientras a la Universidad Tecnológica le asigna un presupuesto equivalente a 24 mil pesos por alumno, y a la Aeronáutica, 59 mil, a la UAQ le otorga el equivalente a 18 mil pesos por alumno. El dato es suficientemente explícito.

Ya habrá oportunidad de observar otros rubros en los que sí se gasta, y se gasta a placer. En propaganda, por ejemplo.

Sólo echemos ojo a otro concepto que no goza de la simpatía ciudadana. Por supuesto que los partidos y las elecciones son fundamentales para la democracia, pero ahí se les ha pasado la mano. Sólo como ayuda de memoria, recordemos que contrario al trato que en los últimos años ha recibido la educación superior en Querétaro, los partidos políticos sólo han visto incrementar su fortaleza financiera. Considerando sólo el recurso ordinario, esto es sin contar lo que cuestan las campañas, de los 17 millones que el presupuesto estatal destinó a ellos en 2014, al año siguiente casi se cuadruplicó. Pasó de 17 a 66 millones de pesos. Siempre subiendo, para 2017 llegó a casi 71 millones. Claro, sin contar tampoco lo que los partidos reciben a nivel federal. Para eso sí hay dinero. Juzgue usted las prioridades.

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