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Gestión y administración de emociones

La gestión de las emociones permite analizar, comprender y vivir las emociones sanamente, ya que al entender su importancia, origen y fuerzas que las provocan, se pueden modificar y con ello minimizar su impacto.

La felicidad, el amor, el odio, la frustración o el rencor, por solo mencionar algunas, son reacciones emocionales que han acompañado al ser humano desde los albores de su existencia, pues son respuestas evolutivas que le han permitido acoplarse a las cambiantes condiciones de los ambientes donde se ha desarrollado. Las emociones son parte de las fuerzas selectivas que hacen o no aptos a los individuos respecto a su ambiente. Un individuo apto es aquel que sobrevive con una calidad de vida significativamente armónica y puede dejar descendencia fértil, la cual también deberá vivirá una vida de calidad. Por otra parte, la hiperreacción emocional provocan daños que se manifiestan como afecciones leves, graves o crónicas.

La gestión y administración de las emociones es una herramienta metodológica que permite a los individuos y los colectivos humanos analizar, comprender y vivir las emociones sanamente; ya que al entender su importancia, origen y fuerzas que las provocan, se pueden modificar y con ello minimizar su impacto. Esta herramienta metodológica y de vida, lejos está de conceptos como «control de emociones» y otros que derivan del paradigma hegemónico dominante. La gestión implica el entendimiento de las causas y condiciones que generan la hiperreacción emocional y la administración nos ayuda a manejar las emociones adecuadamente, para adecuarnos a las condiciones correspondientes, sin laceraciones.

El ser humano se ve influido por diversas fuerzas estresoras, unas naturales y otras artificiales, sean endógenas y exógenas como lo son la herencia, las particularidades moleculares, los procesos neurofisiológicos, las condiciones psicosociales, económicas y ambientales. Y, ante estas fuerzas, los individuos responden con un determinado comportamiento emocional, el cual puede contribuir a su adecuación y por lo tanto a ser más aptos, o bien de forma exacerbada provoca afecciones que inhabilitan al individuo, es decir, lo vuelven no apto y pueden conducirlo a su desaparición física.

Entre las fuerzas endógenas están la herencia, es decir, las características genéticas y la herencia cultural, reciente o remota. Los procesos neurofisiológicos cambian y tienen qué ver con la edad, la talla, el metabolismo, el peso, la mayor o menor sensibilidad a los parámetros ambientales y a las substancias externas. Las condiciones psicosociales incluyen los saberes, creencias, tabúes y la ubicación de los individuos en un determinado nivel jerárquico.

Las fuerzas económicas que, en una sociedad basada en la explotación económica, generan la extracción de plusvalía a los trabajadores provocándoles desgaste orgánico y emocional. Las fuerzas relacionales son aquellas que se se gestan en la interacción de los individuos con otros de su misma especie (abuelos, padres, pareja, amigos, hijos, etc.). Las fuerzas ambientales son todas aquellas vinculadas a los parámetros climáticos y geográficos como la temperatura, la humedad, los microorganismos, los minerales, entre otros. La magnitud de las fuerzas estresoras afectan las respuestas emocionales. Las dimensión de las respuestas emocionales deben ser conceptualizadas como resultado de la interacción entre las fuerzas estresoras y las emociones, no como un estado en sí mismas, es decir debemos entenderlas como un fenómeno altamente complejo.

La ira, el odio o el coraje son reacciones para la defensa del territorio, el clan y el patrimonio. La tristeza o la melancolía es el resultado de la pérdida de bienes, seres amados o cuando no se logran determinados objetivos. La frustración ocurre cuando se gestan falsas expectativas, por lo que no se logra la meta correspondiente. El rencor sucede cuando no se logra perdonar las ofensas recibidas en tiempos pretéritos o recientes y se mantiene ese odio que carcome. La felicidad es el estado dinámico donde el individuo se siente bien consigo mismo, con sus seres queridos y con su entorno, es decir se encuentra en armonía. El amor representa el sentimiento de plenitud hacia sí mismo, la pareja, los familiares y el entorno.

La pregunta es ¿porque se exacerban las emociones?, como se mencionó esta la influencia de las fuerzas estresoras y sus fenómenos constituyentes: Entre los procesos sociales se encuentran la explotación económica, la humillación y acoso laboral, la traición, el engaño, las falsas expectativas generadas por la enseñanza escolarizada, los sistemas de salud públicos y privados, la mercadotecnia y la publicidad, la violencia social, entre otros. Dentro de los procesos económicos están la escasez de recursos, las deudas, la falta de oportunidades para desarrollarse personal y profesionalmente, la falta de habilidades y conocimientos para lograr «el pan nuestro de cada día». Entre los factores relacionales están  la violencia familiar, el sometimiento, la dependencia, la inequidad, entre otros. Respecto a las ambientales se pueden mencionar la contaminación, el hacinamiento, la deforestación, la escasez de áreas verdes urbanas y otras.

De esta forma se puede entender claramente que las reacciones emocionales son resultado de circunstancias altamente complejas, cuya armonización no depende de la corrección de unos pocos factores, que si bien es cierto que pueden favorecer, pero nunca lograr la adecuada administración de las emociones si no se consideran y trabajan los distintos aspectos endógenos y exógenos, recientes y remotos.

 

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