Articulistas

Guerrilleros mexicanos, más allá de las armas

Los textos, los análisis, las investigaciones y testimonios van emergiendo tras varias décadas de oscuridad, silencio que no los hizo estar callados.

La salud es resultado del trabajo de toda la colectividad

—Ernesto “Che” Guevara

Muchos de los hombres y mujeres mexicanos que durante los años de 1965 a 1977 optaron por la lucha armada para cambiar el modelo de desarrollo económico de México, con sus virtudes y aciertos, errores y fracasos, alegrías y dolores, sueños y desesperaciones, no pueden ser vistos únicamente desde el ámbito de lo bélico, es necesario desentrañar que muchos de los que sobrevivieron y tras el fin de la lucha armada y la ley de amnistía, se dedicaron a diversas actividades en la academia, la cultura, las organizaciones de la sociedad civil, la promoción de la salud, entre otras, es decir continuaron su avatar de transformadores sociales usando otras armas.

Cada uno tendrá que contar su historia y devenir, pero vale la pena darle voz a los que ya no están, muchos sucumbieron en combate, otros en los calabozos del régimen bajo tortura, muchos desaparecieron en fosas comunes o dispersados en alta mar mediante los temibles “vuelos de la muerte” durante los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo, algunos excombatientes prefieren guardar silencio, los recuerdos les causan mucho dolor.

Los textos, los análisis, las investigaciones y testimonios van emergiendo tras varias décadas de oscuridad, silencio que no los hizo estar callados. La actividad post lucha armada de esos guerrilleros se ha visto replicada en los estudiantes graduados en universidades y posgrados, en producciones editoriales, obras de teatro, películas, trabajo comunitario y otras expresiones político-culturales.

Particularmente un personaje poco conocido de la guerrilla socialista mexicana es el Médico Eugenio Martínez Bravo, con dos especialidades en oncología daba atención en el IMSS e ISSSTE, y tras conocer el ideario de Genaro Vázquez Rojas y su Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR) decide incorporarse como colaborador de esa organización, pero tras la captura y posterior asesinato de Genaro Vázquez Rojas a manos del ejercito mexicano, el Médico Eugenio Martínez Bravo es aprehendido, torturado y encarcelado por tres años en la prisión de Chilpancingo, donde por su actividad profesional le encargan se ocupe del consultorio de la penitenciaria y atienda a los reclusos.

Los tres años de encierro fueron aprovechados por el Médico Eugenio Martínez Bravo para teorizar su concepto de “microdosis”, el cual posteriormente pudo desarrollar prácticamente como docente de la Universidad Autónoma de Zacatecas.

De la región de Zacatecas pudo sumar a su propuesta terapéutica el conocimiento de muchos médicos tradicionales. Los resultados de sus observaciones de campo los presentó en un congreso sobre medicina alternativa que por esos años se celebró en Cuernavaca, Morelos, donde la delegación de Cuba los conoció, por lo que lo invitaron a la isla para proseguir su investigación.

Fue en Cuba donde el Médico Eugenio Martínez Bravo pudo definir la vía terapéutica de las microdosis y comenzar su difusión mediante amplias capacitaciones en distintas regiones de México que también desarrollaron sus descendientes.

El conocimiento científico y tradicional no es monolítico ni estático, ni coto de poder, por ello, retomando el modelo terapéutico desarrollado por el Médico Eugenio Martínez Bravo y de diversos médicos tradicionales, más la información científica obtenida en la academia y estudios autogestivos de metamedicina se desarrolló el proyecto “El Ahuehuete, herbolaria” en el cual se atiende de forma gratuita a las personas considerando sus aspectos emocionales y sus condiciones de vida, y se elaboran microdosis para mejorar la calidad de vida de personas con dolencias y afecciones.

El fomento de la salud comunitaria, bajo otros paradigmas, es una de las consecuencias positivas del pensamiento de hombres y mujeres que en su momento consideraron necesaria la lucha armada, y que, aún bajo la clandestinidad incubaron propuestas para el bienestar social. Reconocer esos méritos es hacer justicia histórica.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba