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Maternar entre Rejas

Aunque se han percibido avances para los derechos de las reclusas en México, aún hay rezagos en los programas de tratamiento y reinserción.

Distintas formas de opresión y de privilegios se entrecruzan en las vidas de las mujeres. Entre los colectivos especialmente vulnerables destacan las mujeres reclusas, quienes viven condiciones de precarización por la privación de su libertad y enfrentan además los juicios sociales, familiares y morales. Es importante subrayar que en la reclusión continúa una tendencia a criminalizar la pobreza, pues la mayoría de quienes están en prisión pertenece a un nivel socioeconómico bajo.

Aunque se han percibido avances para los derechos de las reclusas en México, aún hay rezagos en los programas de tratamiento y reinserción. Las cifras más actuales del Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria (DNSP) de 2019, que realiza la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), muestran que la población de mujeres reclusas en México es de 10 mil 19 aproximadamente; lo que equivale al 5 por ciento de la población total en reclusión.

Estas están distribuidas en 100 centros mixtos que albergan a 5 mil 230 internas (52.80 por ciento) y en 21 centros femeniles que albergan a 4,789 internas (47.20 por ciento). Según el ya citado DNSP, el 88 por ciento de las reclusas son madres y tienen entre uno y siete hijas e hijos y un 60 por ciento son menores de edad. En promedio ingresan a prisión a los 20 años, con sentencias de 1 a 5 años. Las que son sentenciadas por delitos graves permanecen hasta los 40 años o más, que abarca toda su etapa reproductiva.

Descendencia

La mayoría están separadas de sus hijas e hijos. Si hay posibilidad, son criados por algún familiar; si no, se les alberga en el DIF hasta que ellas recuperen la custodia o ellos cumplan la mayoría de edad. En otros casos son abandonadas por sus familias y no vuelven a tener contacto con sus hijas e hijos. Cuando sus hijas e hijos son adultos es más común que las hijas continúen visitando y apoyando a sus madres, pero en el caso de los hijos varones no suelen visitarlas ni brindarles apoyo.

Solo 352 reclusas viven con sus 362 hijas e hijos en prisión, según el citado DNSP; ya sea porque estaban embarazadas antes o durante el internamiento y en otros casos porque sus hijos estaban recién nacidos o de pocos meses de edad, y se autoriza que permanezcan con sus madres hasta los 5 o 6 años de edad.

Estas maternidades coartadas por las visitas, la distancia o el abandono repercuten en la salud psicológica y emocional tanto de las mujeres como de sus hijas e hijos. La reclusión de las mujeres impacta gravemente a sus familias, pues genera desintegración, desprotección y empobrecimiento.

Se requieren políticas públicas que incidan directamente en aspectos relativos a la maternidad que son vitales para la reinserción social de las mujeres y que posibiliten recuperar el tejido social tan vulnerado de México. Entre las iniciativas que brindan apoyo integral a las mujeres reclusas, destacan el proyecto Mujeres en Espiral de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) o la fundación Reintegra, que además abogan por erradicar los prejuicios sociales que marginan a las mujeres tanto en prisión como al alcanzar su libertad.

*Feminista, integrante de Género UAQ, docente e investigadora de la Facultad de Psicología, UAQ. Doctora en Psicología Clínica y de la salud (USAL).

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